Apuntes de Clase: La Edad de la Tierra y los Días de Creación de Génesis 1

Por: Héctor A. Delgado

1. ¿Qué opina usted de la edad de la tierra? ¿Cree que tiene unos pocos miles de años, o cree que tiene millones de años? ¿Cómo armonizaría usted la supuesta edad de la tierra con el relato bíblico de la creación? (¿Fueron seis días literales, períodos largos de tiempo, o es un relato simbólico?)

Respuesta: Nuestro material de texto(1) no nos dice nada concluyente. Sólo leemos que “parece más fácil entender que la Biblia sugiere (pero no exige) el concepto de una tierra joven, aunque los hechos observables de la creación parecen favorecer cada vez más el concepto de una tierra joven” (p. 138). También leemos: “[…] con la información que ahora tenemos, no es del todo fácil decidir este asunto con certeza […] Ambos conceptos (de una tierra vieja y una tierra joven) son posibles, pero ninguno me parece enteramente cierto por ahora” (Ibíd.).

Debemos reconocer que semejante cavilación puede ser el producto de una sincera confesión, pero también de la falta de investigación o de la exigencia de una cantidad de información (o “pruebas”) que posiblemente la Biblia nunca proveerá, o por lo menos por ahora. Tal vez la luz vendrá cuando dejemos de estar ahogados en cuestiones sencillas que se han puesto a un lado por razones que solo Dios conoce (como también quien lo hace). Digo esto para no emitir juicios sobre la posición de ningún escritor.

Si bien es cierto que son muchos los argumentos que entran en juego a la hora de analizar la edad de la tierra, debemos mantener presente que muchas ideas que trabajan los eruditos cristianos están matizas por presuposiciones que no tienen nada que ver con el registro bíblico. El mismo profesor Grudem ha refutado con éxito algunos conceptos que atentan contra el relato bíblico de la creación(2), sin embargo, desde mi punto de vista, a la hora de analizar el tema de la edad de la tierra muestra cierta ambivalencia. Me parece que la claridad con la que aborda otras cuestiones pudiera ayudarlo a trabajar mejor esto último.

Personalmente creo que habría sido de utilidad si el profesor Grudem hubiese analizado la duración de los días de la creación. Pero es evidente que la ciencia moderna con su postulado evolucionista ha puesto en aprieto a los teólogos. No basta decir que creemos en la Biblia y que esta o aquella doctrina es errónea o veradera, existen mentes amplias que no han sido persuadidas aun por razonamientos sólidamente bíblicos, lógicos y coherentes. Los creyentes en la Biblia sabemos que cuando somos verdaderos buscadores de la verdad y la encontramos, este hallazgo queda reconfirmado por el testimonio interno del Espíritu Santo quien nos dice: “Este es el camino, andad por él” (Isa. 30: 21). Por otro lado, solo Dios sabe qué tipo de información necesitan algunos eruditos para inclinarse por alguna idea desconocida o ignorada hasta el momento; con todo, la experiencia demuestra que muchos no terminan aceptando aún los mejores argumentos. De manera que, aún las mayores evidencias resultan insuficiente.

Con estas palabras estoy listo para dar respuestas a las preguntas formuladas más arriba.

1)  ¿Una tierra joven o vieja, miles o millones de añor? R. Creo que la tierra es joven desde el punto de vista bíblico, y esto no tiene que avergonzarnos ya que la misma ciencia enfrenta terribles dificultades para sostener sus propios postulados. Desde los primeros cronólogos judíos helenistas y durante largo tiempo, se ha sostenido la idea de una tierra joven.(3) La crónica completa más antigua de los judíos, Seder Olam Rabbah o Libro del Orden del Mundo, (que contiene el esquema cronológico aceptado incluso hoy por ellos) postula un creación reciente. Esta crónica registra los eventos que tuvieron lugar junto a sus fechas A.M. desde la creación hasta la rebelión de Bar Kokhba contra los romanos (alrededor del año 31 d.C.). Algo interesante es que existe una fecha secular que se relaciona con las fechas judías A.M. y es la segunda destrucción del templo en el año 69-70 d.C. que equivale a la fecha judía de 3.830 A.M., lo que sugiere que el templo fue destruido 3.830 desde la creación de acuerdo a los cáculos de dicha fuente. Al restar los 69 años a 3.830 obtenemos una fecha a.C. para la creación: 3.761.

2)  Tenemos también el testimonio de algunos de los padres de la iglesia quienes sostuvieron la idea de una creación reciente (alrededor de 5,500 a.C.). Por otro lado, los eruditos de la Edad Media fecharon el nacimiento de Cristo en el año 4.000 después de la creación. Como se puede apreciar, las fechas varían, pero apunta hacia una creación reciente.

Hay que admitir, sin embargo (y es la opinión de buenos eruditos), que al analizar los datos cronológicos provistos por la Biblia, resulta imposible establecer con exactitud la fecha de la creación. Aunque muchas mentes capaces han luchado con estos esquemas cronológicos no se ha podido plantear una solución definitiva. El distinguido erudito adventista Gerhard Hasel, concluyó: “No se conoce actualmente ninguna solución sencilla” con relación al “problema de prioridad sobre las diferentes cifras en estas recensiones”. Es bueno saber a manera de ilustración, que en el año 1738, Des Vignolles (de la Real Sociedad de Berlín), dijo conocer por lo menos unas 200 cronologías bíblicas diferentes de las cuales dos no eran iguales; pero todas apuntaban a un creación reciente (entre 6.000 a 10.000 años). Con todo, una cosa es completamente clara, la tierra es joven. Y esta verdad surge independientemente el modelo cronológico bíblico que adoptemos.(4) Los siguientes puntos refuerzan esta idea.

3)  No podemos abandonar alegremente el concepto de una creación reciente motivado por el empuje creciente de los descubrimientos científicos modernos, y más aún, cuando abordamos este tema hacemos bien en no olvidar que al leer la Biblia estamos ante la Palabra de Dios. “Toda la Escritura es dada por inspiración de Dios, aunque la Escritura no pretende tener el registro de toda la historia. Cada vez que se dispone de pruebas fidedignas, es animador ver cómo el registro de las Escrituras resulta vindicado como historia exacta”.(5) Es bueno recordar (para refrescar la memoria) que la investigación cuidadosa ha demostrado una y otra vez que muchos de los rasgos cronológicos de la Biblia han demostrado ser sorprendentemente confiables y exactos. El siguiente ejemplo es iluminador.(6) Todo estudioso de las Escritura sabe que durante largo tiempo los datos cronológicos de los libros de Reyes y Crónicas no se consideraron confiables para realizar reconstrucciones históricas, sin embargo esa problemática actualmente no existe. ¿Cómo quedó resulta? La obra fue de Dios por medio de uno de sus siervos, el erudito adventista Edwin R. Thiele. Perplejo por las discrepancias aparentes, se dispuso a descubrir el misterio.

“No se puede hacer – le dijo su profesor W. A. Irwin – Si para empezar las cifras hubieran sido correctas, podría haber sido posibles desenmarañar la cronología hebrea, pero el total de los años que reinaron los reyes no fueron registrados correctamente al comienzo, así que no nada que podamos hacer con eso hoy”. W. A. Irwin era el decano del departamento de Antiguo Testamento en el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago. Cabe decir que Irwin rechazó la solicitud de Thiele para hacer de la cronología de los reyes hebreos su tema de tesis de maestría. Pero Thiele no se dio por vencido, y cada vez que recordaba la voz de su profesor señalando las constantes contradicciones y errores de las fechas de los reinados, un fuego interior lo movía a investigar más detenidamente el tema. Por alguna razón Thiele eligió otro tema, pero al terminar su maestría y casi comenzar su doctorado, volvió de nuevo donde su profesor Irwin para solicitarle que el tema de su tesis doctoral fuera el tema de los reyes hebreos, pero nuevamente el profesor Irwin rehusó, diciendo que era completamente imposible resolver ese problema. Entonces Thiele habló con otro de sus profesores, George Cameron, profesor de cuneiforme, pero también Cameron era de la misma opinión que Irwin. Pero esta vez Thiele estaba más que decidido, así que decidió hablar con el profesor A. T. Olmtead, renombrado asiriólogo y erudito hebreo. Oldtead le dijo a Thiele que por más de 2.000 años los eruditos bíblicos habían estado luchando por resolver ese problema, pero que hasta ahora habían sido incapaces de hacerlo. Y dijo mas, si ellos no han podido hacer nada, tampoco usted, Thiele, podrá hacerlo. El mismo Cameron dijo que había estado tratando con el tema de la cronología de los reyes hebreos durante toda su vida, y sin éxito, de manera que si Thiele lo iba a intentar – dijo Cameron – fracasaría en el intento también. ¿Se rendiría Thiele ante las devastadoras opiniones de los eruditos? He aquí sus propias palabras:

“Pero no podía resignarme a creer que los datos bíblicos de los reinados de los reyes hebreos eran una masa de errores. Creía que la dificultad era que los que habían estado trabajando sobre el problema no entendían los métodos cronológicos originales empleados por los antiguos encargados de llevar los archivos. Si estos métodos podían sacarse a la luz, el orden reemplazaría al caos aparente. El tema me fascinaba, así que le dediqué mucha intención. Andando el tiempo (Ah, ¡el tiempo! Ahí está el secreto de todo) se resolvieron las dificultades principales. Encontré que las declaraciones bíblicas comenzaban a armonizar”.

Y así, el estudio dedicado y laborioso del erudito Thiele resolvió el problema de la cronología de los reyes hebreos. La tesis terminó convirtiéndose en el libro The Mysteroius Numbers of the Hebrew Kings que fue publicado la editorial de la Universidad de Chicago. Y es más, el mismo profesor Irwin (quien le rechazó la solicitud un par de veces) proporcionó un testimonio apropiado a la firmeza de la actitud del creyente en la Biblia hacia las dificultades de la Biblia en su introducción a la obra del Dr. Thiele.

En este contexto, el tiempo, la pasión, la entrega, el compromiso, la sinceridad y la humildad, son las cosas que Dios espera ver en sus siervos; no importa la denominación religiosa a la que pertenezcan, Él quiere ayudarlos a entender las cosas que son para nuestro bien, no los misterios que Dios ha reservado en su sola potestad (cf. Deut. 29: 29). De manera que la paciencia dará sus seguros frutos a su tiempo y a través del tiempo.

De manera que es probable que muchos cosas que no entendemos bien actualmente en el registro bíblico (como otras tantas en el pasado), al seguir analizándolas con humildad, fe y oración, llegarán a ser más comprensible en el futuro. Debemos recordar que muchas críticas que se le hicieron en el pasado a las narraciones bíblicas hoy han sido respondidas y verificadas satisfactoriamente. Todo era asunto de tiempo, así que los eruditos bíblicos deben ser pacientes y perseverantes.

4)  Rechazar el concepto del tiempo corto (creación reciente) por el hecho de que no resulta completamente satisfactorio desde el punto de vista científico, es incoherente por parte de los eruditos cristianos, pues se sabe (y es algo que reconocen aun los hombres de ciencia responsables) que el tiempo largo (creación antigua) también es insatisfactorio. A estas alturas resulta iluminador saber que el factor tiempo en discusión entre los creacionistas y evolucionistas (y aun entre los creacionistas conservadores y liberales) es un elemento determinante. Estoy completamente de acuerdo con la opinión del erudito adventista Ben Clausen (hombre de fe y ciencia) de que “la intervención sobrenatural afecta la percepción del tiempo”. Luego nos da un ejemplo que personalmente me abrió la mente para entender la juventud de la tierra mientras que trambién transmite el hecho de ser vieja. “Cuando Jesús transformó el agua en vino, aceleró inmediatamente el proceso natural mediante el cual el agua era absorbida por la vid e incorporada a las uvas que luego eran exprimidas por los seres humanos para obtener el jugo. Si un bioquímico hubiese analizado el vino en  Caná, ¿habría re conocido que la conversión del agua en vino había tomado segundos en vez de meses, a juzgar por el producto?”.(7) Lo mismo podemos decir de la tierra al terminar de ser creada y de Adán y Eva al término de su creación el sexto día. Las investigaciones científicas analizan elementos materiales que son el producto de la creación sobrenatural de Dios y es probable que muchas de sus conclusiones sean correctas, pero por el hecho de que rechazan el elemento sobrenatural no pueden llegar a resultados concluyentes. Siempre le hará falta el eslabón que une ambos mundos, el natural y el sobrenatural. Desde mi punto de vista, este constituye el verdadero “eslabón perdido”. Como el vino de Caná, la materia que hoy es medida por la datación radiométrica proyecta una edad larga, pero realmente se ignora cómo el elemento sobrenatural alteró o dejó huellas de tiempo largo en la materia al ser traída a la existencia. Es decir, no sabemos cómo el poder o energía creadora de Dios impregna de ciertas cualidades la materia que trae a la existencia con su poderosa palabra (cf. Heb. 1: 3), de manera que siendo jóven proyecte una edad vieja. Aquí está, para mí, la posible solución a la armonía que debe existir entre el modelo de la creación reciente provisto por los datos bíblicos pero que los científicos, al analizar, les parece de edad muy extensa.

5)  Sin embargo, hay que reconocer que aún aquellos que aceptan el elemento sobrenatural (científicos creyentes) enfrentan serias dificultades para explicar muchos fenómenos de la naturaleza. Y es que la misma naturaleza, como el carácter de su divino autor está cargada de misterios insondables (sin que lleguemos a la conclusión de que la naturaleza es tan misteriosa como Dios lo es, porque entonces estaríamos de alguna manera igualándola con Dios mismo). Por otro lado, es pretensioso procurar desentrañar misterios en unas cuantas décadas de estudios útiles (pues vivimos tan poco) que fueron dispuestos por Dios para ser un libro de texto en la vida inmortal (Algo que perdimos por la entrada del pecado). Más aún, el mismo pecado afecta la naturaleza así como al ser humano, lo que dificulta el alcance de una visión completa y unificada de los elementos naturales que nos rodean. Nos guste o no tendremos que esperar hasta la vida inmortal que nos traerá la consumación final del Plan de Dios y entonces sí, las maravillas de la vasta creación serán abiertas al estudio en un dimensión mucho más abarcante y planamente satisfactorias. Aún allí, los misterios que saturen nuestras mentes inmortales, serán explicados por el Maestros de los maestros, nuestro glorioso Creador. En aquella vida gloriosa, aun las mentes más brillantes de la tierra veverán de la sabiduría omniabarcante de nuestro Dios.

Sin embargo, debo reconocer que el ejemplo del vino en la Boda de Caná viene a plantear una solución lógica y coherente para mí (que soy un hombre de fe y un completo creyente en la Biblia), pero, ¿qué ocurrirá con la mente científica, ya sea teísta o atea? Los primeros podrán aceptar algunas presuposiciones bíblicas y podrían superar el inconveniente de la actividad sobrenatural en la creación (así como en el diluvio), pero la mentalidad científica atea (en su mayoría, para ser optimista), de seguro que rechazará de tajo el argumento. Pues bien, hasta ahí llegan entocnes nuestros mejores esfuerzos, porque no podemos forzar la fe en las mentes de otros. Creo, que después de haber presentado lo mejor posible nuestros argumentos, nos resta orar por los que creemos extraviados y para que el Señor nos provea mayor luz y nuevas formas de expresar nuestras ideas así como para encontrar mayores evidencias naturales que respalden nuestro modelo creacionista.

El mismo Benjamin Clausen reconoce como científico que “cualquier modelo bíblico incluiría alguna actividad sobrenatural, lo que inmediatamente lo haría incompatible con las ciencias naturales. ¿Será posible que en nuestros intentos por explicar el diluvio científicamente estemos dejando a Dios fuera del cuadro? [Para Clausen, tanto la creación como el diluvio incluyen elementos sobrenaturales evidentes e innegables desde la perspectiva bíblica]. Si encontramos un modelo científico que explicara el diluvio, no será que quienes se negaran a aceptarlo argumentarían entonces que nuestro modelo demuestra que la intervención divina nunca fue necesaria?

“No deberíamos basar una creencia en las Escrituras sobre la evidencia científica. Si lo hiciéramos pondríamos a la ciencia por encima de la Biblia y la razón y la percepción sensorial por encima de la revelación, lo cual nos tentaría a descartar las Escrituras cuando las evidencias científicas fueran incompatible con nuestra percepción de la Palabra de Dios”.(8) Aquí debe primar (como en todo analisis) la primacía de las Escrituras.

Creo que para un buen entendedor estas últimas palabras son suficientes. Por eso creo que no existe razón válida para afirmar que la Biblia “sugiere (pero no exige) el concepto de una tierra joven”, sino que apunta en esa dirección sin ambigüedad. Tampoco creo que deberíamos encontrar difícil “decidir este asunto con certeza” con “la información que ahora tenemos” y seguir creyendo que “ambos conceptos (de una tierra vieja y una tierra joven) son posibles, pero ninguno me parece enteramente cierto por ahora”. Como creyente en la autoridad normativa de la Biblia, debemos rechazar semejantes razonamientos cargados de ambigüedad.

Recién ahora, estamos listos para responder la siguiente pregunta.

¿Cómo armonizaría usted la supuesta edad de la tierra con el relato bíblico de la creación? (¿Fueron seis días literales, períodos largos de tiempo, o es un relato simbólico?) R. Aquí mis respuestas serán más breves. Sólo puntualizaré algunas ideas que creo claves para entender el elemento tiempo de los “días” de la creación. Y creo que aquí estamos ante una de las tantas ironías de la vida: Un asunto sencillo dejando de ser percibido aun por mentes brillantes. Explicaré.(9)

1)  El lenguaje de la formula bíblica (“Y fue la tarde y la mañana el día primero… segundo… tercero… cuarto… etc.) no permite creer que estos días constituyan largas eras por medio de las cuales Dios trajo todo a la existencia. Primero encontramos el verbo “ser” que aparece dos veces seguido de la porción del día como relacionada a la oscuridad y a la luz: tarde y mañana.

2)  Debemos notar que se le da un número al día y también existe una palabra para el día “en sí mismo”. Por eso, en  esta fórmula compleja se declara que ocurrieron los elementos de tiempo, que constituyeron un día y que se numeró cada día. Esta idea queda justificada bíblicamente al notar que cada vez que los escritores inspirados del AT usaron este tipo de fórmula (cf. Gén. 33: 13; Éxo. 12: 18; Neh. 5: 18), no existe duda de que ellos estaban hablando de un periodo de veintecuatro horas de luz y oscuridad que constituía un día completo.

3)  La expresión “fue la tarde y  la mañana un día”, literalmente dice: “Tarde fue, mañana fue, día uno”. Se ha observado que la declaración literal “tarde fue [con las horas siguientes de la noche], y mañana fue [con las horas sucesivas del día], día uno” es claramente la descripción de un día astronómico, esto es, un día de 24 horas de duración. Así, el pueblo hebreo, que nunca puso en tela de juicio el significado de esta expresión, comenzaban el día con la puesta del sol y lo terminaban con la siguiente puesta del sol (Lev. 23: 32; Deut. 16: 6).

4)  El lenguaje del cuarto mandamiento de la Ley de Dios refuerza claramente lo que hemos dicho en el párrafo anterior: “Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día” (Éxo. 20: 11). Esto puede ser llamado con seguridad una “sana interpretación escriturística”.

5)  Recientemente publiqué un artículo en nuestro Blog Reflexiones Teológicas del extinto erudito Gerhard Hasel sobre los días de creación en Génesis 1. Desde mi punto de vista, esté amplio y erudito artículo zanja el tema cuestión. Recomiendo encarecidamente su lectura.(10) Los aspectos abarcados por el estudio de Hasel son los siguientes: “1) Proveer observaciones metodológicas con una breve historia de interpretación; 2) citar opiniones representativas en publicaciones recientes que sugieren que los ‘días’ de la creación son largas épocas y no días literales de 24 horas; 3) presentar la relación de Génesis 1 con los otros usos del término en el Antiguo Testamento; 4) aplicar a los datos de Génesis 1 los requisitos de la lingüística estándar y las investigaciones semánticas de sana erudición basada en el conocimiento más adelantado actual”.

Otro artículo valioso que publicamos en nuestro Blog sobre cómo Interpretar Génesis 1, es el del erudito Richard M. Davidson.(11) Pero aquí aportaré solamente algunas ideas contenidas en la investigación de Hasel que considero oportunas.

6)  Desde el punto de vista “puramente comparativo de estructuras literarias, de patrones de lenguaje, de sintaxis, de fenómenos lingüísticos, de terminología, de la secuencia en la presentación de los eventos de la creación, Génesis 1 no difiere del resto del libro de Génesis ni del Pentateuco”. Por consiguiente no hay razón para atribuirle a la palabra ‘día’ de Génesis 1 un significado diferente. Sin embargo, hay ocasiones en que en el mismo libro de Génesis la palabra “día” tiene un sentido más dilatado (cf. Gén. 2: 4), pero eso es claramente discernibles.

7)  En este mismo tenor, “el termino hebreo yôm, en su variedad de formas, puede significar, además de un ‘día’ literal, un tiempo, un período de tiempo (Juec. 14: 4) y en un sentido más general ‘un mes de tiempo’ (Gén. 29: 14), ‘dos años de tiempo’ (2 Sam. 13: 23; 14: 28; Jer. 28: 3, 11), ‘tres semanas de tiempo’ (Dan. 11: 2, 3). En la forma plural puede significar ‘año’ (1 Sam. 27: 7), ‘una vida entera’ (Gén. 47: 8)”.

8)  Y más aún: “Cuando la palabra yôm, ‘día’, es empleada junto con un numeral, que se repite 150 veces en el Antiguo Testamento, se refiere invariablemente a un día de 24 horas. Esta regla es persistente en el Antiguo Testamento. La única excepción en los números de uno a mil se encuentra en un texto escatológico en Zacarías 14”.

9)  “Basado en su relación con el resto de Génesis y la Biblia en conjunto, el relato de la creación (Gén. 1: 1-2: 3), puede ser correctamente clasificado en su forma literaria. El relato de la creación en Génesis es un registro histórico en prosa, escrito en estilo rítmico, informando factual y correctamente ‘qué’ sucedió en la creación de ‘los cielos y la tierra,’ indicando el tiempo ‘cuándo’ aconteció, describiendo el proceso de ‘cómo’ fue hecho, e identificando el Ser divino que es ‘quién’ la realizó”.

10)  Es bueno destacar (y esto no puede ser considerado de poca importancia) que “los más reconocidos lexicones y diccionarios del hebreo publicados en el siglo 20 afirman que el término ‘día’ en Génesis 1 lleva el propósito de comunicar un día de 24 horas, a sea, un día solar […] Los lexicógrafos del hebreo se cuentan entre los más ilustrados y calificados de los eruditos en hebreo. Se espera que pongan gran cuidado en sus definiciones y además en general agregan las alternativas si el término las tiene o se justifican. Ninguno de los lexicógrafos se ha apartado del significado de ‘día’ en Génesis 1 fuera de su uso regular de día de 24 horas”.

Ahora, tomando en cuenta nuestra conclusión en el apartado anterior y las evidencias del elemento tiempo de los días de creación en Génesis 1 que hemos presentado en esta sección, creemos estar en terreno sólido al sostener la idea de días literales de 24 horas y una tierra joven. Es más, me parece la única conclusión posible.

Y sobre la ambigüedad de algunos eruditos en entender el elemento tiempo de los días de creación, me parece que deben ampliar más su abanico de investigación y no permitir (en caso de que esté ocurriendo) que el orgullo denominacional interfiera en su carrera. Las videncias que se han presentado son bastante amplias y bien documentadas como para dejarla a un lado descuidadamente.

Notas y Referencias:

1 Wayne Grudem, Doctrina Bíblica, enseñanzas esenciales de la fe cristiana (Miami: Editorial Vida, 2005), pp. 124-143.

2 Ibíd., pp. 131 – 137

3 Para un análisis detallado de los cálculos judíos de la creación, véase a Randall W. Younker, La Creación de Dios, explorando el relato del Génesis (Miami: Asociación Publicadora Interamericana, 1999), pp. 43-47.

4 Los modelos cronológicos disponibles para estudio son los siguientes: 1) Los números que nos provee el texto hebreo (también llamado masorético). 2) Los números de la traducción de la LXX (versión griega de las Escrituras del AT). 3) Los números del pentateuco Samaritano. Se sabe que estas tres traducciones provee números diferentes de las genealogías de los caps. 5 – 11 de Génesis, aunque regularmente la mayoría de los eruditos han concordado en que el texto hebreo es el más confiable, por eso lo han usado como la base principal para hacer traducciones. Pero aún esto plantea sus problemas, pues algunos de los traductores del NT (tales como el apóstol Pablo) usaron la versión griega del AT (la LXX). Esperamos que estudios futuros puedan aportarnos mejores resultados.

5 Comentario Bíblico Adventista (California: Publicaciones Interamericanas, Pacific Press Publishing Association, 1978), tomo I, p. 206.

6 En esta historia sigo de cerca las palabras del erudito Samuel Koranteng-Pipim, en su obra Recibiendo la Palabra (Argentina: Asociación Casa Editoria Sudamericana, 1996), pp. 358-361.

7 Ben Clausen, Génesis, Historia de los Orígenes (Miami: Asociación Publicadora Interamericana, 2006), pp. 82-83.

8 Ibíd., pp. 83 – 84.

9 Mi ideas siguen de cerca la del erudito William Shea expresada en la obra Teología, Fundamentos Bíblicos de Nuestra Fe (Miami: Asociación Publicadora Interamericana, 2005), pp. 183, 184.

10 Los Días de Creación en Génesis 1, ¿Son “Días” Literales o “Períodos Figurados” de Tiempo?:

https://reflexionesteologicas.wordpress.com/2010/09/10/los-dias-de-creacion-en-genesis-1/

11 En el Principio: Cómo Interpretar Génesis 1  https://reflexionesteologicas.wordpress.com/2011/05/04/en-el-principio-como-interpretar-genesis-1/

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