Apuntes de Clase: Observaciones Sobre la Autoría de la Carta a los Hebreos

Por Héctor A. Delgado

Quisiera hacer algunas observaciones sobre la paternidad literaria de la carta a los Hebreos.

Algunos eruditos han dicho que no hay  “nada en hebreos” que nos recuerde “el estilo, dirección, terminología ni contenido de las cartas de Pablo. El lenguaje de Hebreos sencillamente no es de Pablo.

“Las doctrinas expresadas en hebreos no encuentran eco en ninguna de las epístolas de Pablo”.1 Por su lado, F. F. Bruce puede reconocer que “lo que tienen en común Pablo y el autor de Hebreos es la enseñanza apostólica básica; pero cuando llegamos a los rasgos distintivos podemos decir con certeza que el pensamiento de la epístola no es el de Pablo, el lenguaje no es el de Pablo, y la técnica de citar el Antiguo Testamento no es la de Pablo”.2 Calvino por su lado fue categórico al decir: “No puedo aducir ninguna razón que demuestre que Pablo fue su autor”.3

Sin embargo, quiero atreverme a disentir en algunos aspectos de estos reconocidos autores.

Thomas D. Lea, en su obra El Nuevo Testamento, su trasfondo y su mensaje, p. 520, nos dice que sí existen “varias semejanzas doctrinales entre Hebreos y las epístolas paulinas”.4 A continuación menciona:

a) La obra de Cristo en la creación (Heb. 1:2; Col. 1:16).

b) La humillación de Cristo en la encarnación y muerte sacrificial (Heb. 2:14-17; Fil. 2:5-8).

c) El lugar del nuevo pacto (Heb. 8:6; 2 Cor. 3:4-11). Pablo aborda también el nuevo pacto en contrastare con al antiguo en Gál. 4:21-31.

d) La obra del Espíritu santo en la distribución de los dones (Heb. 2:4; 1 Cor. 12:11).

e) El mal ejemplo de Israel en el desierto (Heb. 3:7-11; 4:6-11; 1 Cor. 10:1-11).

f) Finalmente, “la conclusión de la epístola contiene varios elementos sugiriendo la autoría paulina”.5

A esta lista podemos sumar, g) el tema de la confianza y el libre acceso a Dios por medio de Cristo (cf. Heb. 4:16, Efe. 3:12). h) El ideal de “seguir la paz” (fraseología muy similar a la usada en la carta a los Romanos (Heb. 12:14; Rom. 14:19). i) La referencia a la Nueva Jerusalén en una forma representativa (Heb. 12:22, 23; Gál. 4:26). Personalmente creo que Hebreos 11 viene a ser la prueba escrituraria e histórica que vindica el concepto de la Justificación por la Fe expuesto por el Apóstol, ya que nos presenta una realidad que no resulta muy clara y explícita en el AT: los santos de Dios fueron salvados por la fe. Así mismo existen otras referencias temáticas que cuando son analizadas detenidamente arrojan luz sobre algunas partes de otras epístolas paulinas.

¿Qué decir de los argumentos en contra? 1) Que no podemos esperar el consenso general de los eruditos para decidir a favor o en contra de un tema en particular. 2) Tampoco podemos esperar la reconfirmación de una verdad por citas de los padres de la iglesia. La autoridad final lo constituye la Biblia misma. Por otro lado, existen algunos elementos adicionales que al ser considerados, pueden arrojar luz sobre la autoría paulina de Hebreos. Es sabido que después del siglo IV d.C. cesó “la discusión sobre la paternidad literaria de Hebreos, y la mayoría de los cristianos la aceptó como obra de Pablo, opinión que fue apoyada en forma general hasta los tiempos modernos; entonces se agitó de nuevo la polémica, debatida especialmente por los eruditos”.6

Se sabe que “las evidencias en contra del punto de vista de que Pablo escribió la Epístola a los Hebreos han sido extraídas mayormente de consideraciones en cuanto al estilo literario y el contenido del libro”.7 Pero es bueno saber que “es posible que el vocabulario de un autor y su estilo varíen según el tema de que trate, pero esas variaciones serán principalmente en los términos técnicos, característicos de los diversos temas acerca de los cuales se escriba. Su vocabulario general y especialmente las palabras que escoja casi inconscientemente para expresarse – preposiciones, adverbios y especialmente los nexos conjuntivos –, son considerados por la mayoría de los eruditos como indicaciones mucho mejores de su estilo que su terminología técnica”.8

¿Pero no tiene peso el argumento del estilo? Sí, hay que reconocer que el estilo de Pablo en sus epístolas “tiene la marca inconfundible de vívidos y fervientes pasajes que revelan el torrente impetuoso de los pensamientos del autor, quien no se preocupa por un estilo literario pulido. Pero Hebreos presenta un tema completamente organizado y mantiene un nivel retórico más elevado que el de cualquier otro libro del NT”.9 Pero, ¿Y entonces? El argumento no es infalible. Y el que sigue a continuación tiene mucho peso también:

“Por medio del descubrimiento de los papiros bíblicos de Chester Beatty, del siglo III […], se puso de manifiesto alguna probable evidencia en favor de la paternidad literaria paulina de la Epístola a los Hebreos. En el códice que contiene las epístolas paulinas, Hebreos se halla entre Romanos y 1 Corintios. Aunque este hecho no demuestra la paternidad literaria paulina de Hebreos, es un significativo indicio de que desde muy antiguo en la historia de la iglesia había quienes creían que Hebreos debía ser incluida como parte de los escritos de Pablo.

“Una gran parte de la diferencia de tono y estilo de Hebreos, en comparación con las epístolas paulinas conocidas, puede ser explicada razonablemente por el hecho de que esas otras epístolas fueron dirigidas a grupos de iglesias o a individuos para hacer frente a problemas particulares. Aunque se reconoce que hay ciertas diferencias de estilo literario que no pueden ser explicadas con ese argumento, esas diferencias pueden ser razonablemente explicadas suponiendo que Pablo predicó ciertos sermones sobre el tema del ministerio sacerdotal de Cristo, los cuales fueron escritos.10 Como sucede a veces cuando se utiliza un sistema tal, la forma literaria final del ejemplar transcrito puede tener una marcada influencia del que hizo la transcripción. Es fácil comprender que Pablo no podría haber tenido la oportunidad de redactar esos sermones, pues viajaba incesantemente, y no pasó mucho tiempo antes que sus viajes terminaran con el martirio.

“Se acepta generalmente que Hebreos fue escrito antes de la caída de Jerusalén.  El número de dirigentes de la iglesia era muy reducido en los años anteriores al año 70 d. C. ¿Cuál de esos dirigentes podría haber expuesto un tema tan profundo como el que se presenta en el libro de Hebreos? La persona más posible es, sin duda alguna, Pablo. Decir que el autor fue un cristiano desconocido de ese temprano período, sólo levanta un nuevo problema: ¿Cómo es posible que un cristiano que poseyera el discernimiento teológico necesario y la capacidad lógica suficiente para producir una obra como Hebreos, pudiera haber quedado en el anonimato en un tiempo cuando los dirigentes cristianos eran tan pocos, pero tan completo el registro que se tenía de los mismos?”.11

Sin dejar de reconocer los “sólidos argumentos” que se han presentado contra la autoría paulina de Hebreos (véase las obras ya citadas en este documento), me parece que los pruebas que he recogido en esta breve nota, tienen suficiente peso también como para inclinar la balanza hacia el lado de Pablo, como candidato a la autoría de Hebreoss, sobre todo el argumento del último párrafo.

Observaciones adicionales: Después de haber terminado de escribir esta nota, releí nuevamente las ideas que descalifican al apóstol Pablo como el autor de Hebreos. Mis conclusiones se exponen en los siguientes párrafos:

Heb. 2:3. Sobre este pasaje se nos dice que constituye una prueba contundente de que Pablo no pudo haber sido el autor de Hebreos. Pero este argumento no es concluyente. ¿Usted ha leído 1 Tes. 1:17? De seguro que sí. Entonces, habrá notado que Pablo se incluye entre aquellos que serán “arrebatados” en ocasión de la segunda venida de Cristo. En aquél día, los “muertos en Cristo resucitará primero. Luego […]” los que no murieron serán arrebatados “juntamente con ellos en las nubes para salir al encuentro del Señor en el aíre, y así estaremos para siempre con el Señor” (1 Tes. 1:17, 18, VRV 1977). En la palabras “nosotros”, “hayamos” y “estaremos” Pablo claramente se incluye en el grupo de los redimidos en el día final. Pero obviamente él sabía que no estaría físicamente allí (cf. 2 Tes. 2:3). Hablando estrictamente, el gran apóstol Pablo estará dentro del grupo de los “resucitados”, no de los “glorificados” que no experimentaron la muerte (cf. 2 Tim. 4:8; 1 Cor. 15:49-58).

¿Pero qué con 1 Tes. 1:17? Este texto revela que cuando un escritor bíblico está expresando una idea y se incluyen dentro de un grupo de personas en particular, no por eso él es parte física o directa de dicho grupo; sencillamente se está identificando con esa comunidad de creyentes. Heb. 2:3 sí excluye a los 12 apóstoles de la lista de posibles autores de la carta a los Hebreos, pero no a cualquiera que viniera al evangelio después de ellos. Qué hacer entonces, con el argumento que sostiene, basados en Heb. 2:3, que “el autor y probablemente sus lectores (note el ‘probablemente’ que hace más dilatado el significado de la palabra “nos”) llegaron a conocer el evangelio a través de gente que había escuchado personalmente la enseñanza de Jesús […]”.12

Thomas D. Lea nos dirá categóricamente, basado en Gál. 1:1, 11, 12, que “Pablo insistía en que no había recibido el Evangelio de otros”.13 Pero este argumento, como ya dije más arriba (y es la opinión de muchos otros académicos) “no es concluyente”.14 Y es que en el “nos” de Heb. 2:3 el autor “podría estarse incluyendo en forma general con sus lectores”.  El hecho de que Pablo recibió el Evangelio por “revelación” directa de Cristo no niega el hecho de que “sin duda hubo muchas cosas que le fueron confirmadas a Pablo por los testigos oculares de Jesús” (léase 1 Cor. 15:3, donde el apóstol dice claramente “os he enseñado lo que asimismo recibí”, cf. Gál. 2:2).15 Bien se ha reconocido que “el problema de la paternidad literaria debe resolverse con otros argumentos”.

Notas y Referencias:

1- Revisé varias obras, algunas ya citadas en la nota de pie de página no. 2. Aquí dejo algunas más como referencia: F. F. Bruce, La Espítola a los Hebreos (Libros Desafíos, 2002), pp. xxxvii – xlii; Simon J. Kistemaker, Hebreos, Comentario al Nuevo Testamento (Libros Desafíos, 1999), pp. 16-19. Biblia de Jerusalén, 1975, Introducción de las Epístolas de San Pablo, p. 1608. En la versión Nacar-Colunga, leemos: “Que el autor de la Ep. a los Hebreos sea Pablo, no admite duda; es, con todo, cierto que a las órdenes del Apóstol, bajo su dirección y responsabilidad, colaboró un redactor cuyo nombre no ha llegado hasta nosotros” (año 196 1, Epístola a los Hebreos, p. 1432).  “Quedamos, pues, en que la epístola tiene 402 por autor a Pablo, pero a otro, que no sabemos quien sea, por redactor” (año 1974, Epístola a los Hebreos, p. 1427).

2- Kistemaker, Ibíd. p. 17-18.

3- Ibíd., pp. xli – xlii.

4- Citado en F. F. Bruce, Ibíd. p. xlii.

5- Cabe destacar que este autor se suma a la larga lista de los académicos que desconocen la autoría de Hebreos.

6- Thomas D. Lea, Ibíd.

7- Comentario Bíblico Adventista, tomo 7, p. 401. Para leer la nota de introducción completa de este Comentario on line, visite: http://inspiradapordios.wordpress.com/2010/10/15/la-epistola-del-apostol-san-pablo-a-los-hebreos/

8- Ibíd. Para corroborar esto, véase las obras de F.F. Bruce y Kistemaker citadas en la nota 15.

9- Ibíd.

10- Ibíd.

11- Este argumento tiene cierto fundamento, pues otros eruditos ya lo han considerado, pero no necesariamente como prueba de la paternidad paulina. El mismo Thomas D. Lea nos dirá sobre la forma literaria de Hebreos “que el estilo de oratoria y comentarios como: ‘¿Qué más diré? Me faltaría el tiempo […]’ (11:32), sugieren un sermón o un discurso general. La declaración en 13:22: ‘[…] porque os escrito brevemente, sugiere una carta en el estilo de un sermón […] el autor puede haber usado porciones de sermones o discursos para completar el escrito” (Ibíd., p. 526, los dos primeros corchetes han sido añadidos).

12- Ibíd. pp. 403-404.

13- Bruce, Ibíd., p. Xliii.

14- Lea, Ibíd., p. 521.

15- Estoy consciente de que esta declaración entra en conflicto directo con la siguiente aseveración: “En la actualidad, prácticamente ningún académico del NT apoya la paternidad literaria de Pablo” (Thomas D. Lea, Ibíd.). Pero, ¿Qué quiere insinuar D. Lea con la expresión “prácticamente ningún académico”? ¿Es que sólo existen académicos en ciertas universidades protestantes? Esta cita revela que muchos académicos necesitan ampliar su abanico de investigación. Esto ayudará a que cuando tomemos varias obras como la que ya he citado en este estudio, no encontremos las mismas ideas recicladas de diferentes maneras.

16- Thomas D. Lea nos dice que esta declaración paulina “alude a la tradición oral” (p. 115). Bien se ha reconocido que “Pablo nunca pretendió ser el autor del Evangelio que predicaba”.

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