Breves Reflexiones en Torno a la Belleza Femenina

Por: Félix Cortés A.

La belleza es muy importante para la mujer.  En general, es una de las cosas que más obsesionan, sobre todo, a la mujer joven.  Aunque la belleza y la mujer bella parecen estar de moda hoy más que nunca, se afirma que en el mundo femenino impera la confusión en cuanto a la belleza.  Causa la impresión que las reinas de belleza del pasado han sido destronadas, y muchas mujeres hermosas de hoy están descontentas con sus cuerpos y se sienten feas.  ¿Qué está ocurriendo?

La mujer bella en la pasarela de la historia

La razón es que el concepto, la norma cultural de belleza, cambia con el tiempo.  La belleza es un concepto que se aprende, y lo primero que aprendemos es que la belleza no es algo inmutable.  Cambia con las culturas o las épocas.  Nuestra cultura es la maestra de belleza.  Por ejemplo, a principios del siglo 20 Lillian Russell era la sex simbol de la moda y la belleza y pesaba 90 kilos.  Hoy Marilyn Monroe sería considerada gorda.

Desde la más lejana antigüedad, en el antiguo Egipto, ya existían cánones de belleza femenina, no tan distintos a los que predominan hoy.  El mundo clásico de Grecia y Roma, tuvo otras normas para definir la belleza; allí se buscaba la armonía y la proporción del cuerpo femenino.  En la edad media el concepto de belleza corporal cambió una vez más, y en el renacimiento la humanidad volvió sus ojos al pasado en busca de las normas de la belleza clásica de Grecia y Roma.  En el barroco, un siglo después del renacimiento, hubo una verdadera revolución del concepto de belleza de la mujer: (¿??) llenas de vitalidad, voluptuosas.  El mejor ejemplo lo tenemos en las mujeres pintadas por Rubens, especialmente en el cuadro Las tres gracias, que pintó en 1639; pero también en los cuadros, La Diana, de Renoir; y El baño turco, de Ingres.

¿Dónde está usted?

En nuestra época, gracias al desarrollo y triunfo de los medios de comunicación, especialmente el cine, la televisión y la prensa (con las revistas femeninas), el concepto de belleza ha cambiado con más frecuencia.

La mujer “bella” de la década de los sesentas sobresalía por tener cintura mínima, ancha de caderas, con piernas cinceladas y gruesos muslos, cuyo paradigma fue Marilyn Monroe.  Después de esta década, las nociones de belleza femenina se fueron transformando al influjo de una muñeca.  Usted ha adivinado: “Barbie”.  Barbie es una muñeca de largo talle, cadera esbelta, piernas largas y un busto bien formado.  Para saber por qué esta muñeca ha influido tanto en la noción de belleza femenina quizá convenga recordar un poco la sacra de Barbie.

Barbie ha ganado el derecho de ser llamada la muñeca más imitada y más coleccionada de la historia.  En 1993 entró al famoso Museo de Cera de París, y en Palo Alto, California, existe un museo llamado “El Salón de la Fama de Barbie”, dedicado enteramente a ella.  Es tan popular y amada, que cada segundo se venden dos muñecas Barbie en alguna parte del mundo; es decir, sesenta millones cada año.  Barbie se ha convertido en un emblema adaptable y estable de la adolescencia.  Aunque ahora tiene 43 años, Barbie se ha convertido en el ideal, el modelo del cuerpo de la mujer eternamente joven.  Hay quienes dicen que ha dejado de ser una muñeca para convertirse en una adolescente viviente que las jovencitas quisieran imitar.

Por supuesto, esto no ocurre conscientemente.  Hay quienes creen que Barbie ha penetrado en el inconsciente femenino de la época y dado origen al moderno mito de la delgadez.  La tendencia actual de la moda y la idea de belleza derivan hacia la delgadez casi famélica y de apariencia demacrada de la mujer.  Las “heroínas” de la moda están poniendo en serio peligro su salud por el deseo de alcanzar el ideal de Barbie.  Las supermodelos Claudio Schiffer, Cindy Crawford y Christy Turlington son ejemplo de este ideal, pero hay quienes dicen que es a un elevado costo.

Si el estilo moderno de la delgadez fuera sólo un capricho de la cosmética femenina, no sería motivo de preocupación.  Pero se está convirtiendo en un problema de salud.  En primer lugar, está basado en un ideal imposible.  El cuerpo de Barbie no tiene ninguna semejanza con el cuerpo de la mujer común y corriente.

Los diseñadores de moda han creado sus diseños pensando en las famélicas modelos que se exhiben en las revistas de modas y en las mejores tiendas de ropa.  Desafortunadamente, el 95 por ciento de las mujeres no las pueden usar, porque no alcanzan el ideal imposible de Barbie.  Como resultado, un elevado porcentaje de mujeres, al verse muy lejos de ese objetivo, van cayendo en una especie de obsesión por verse y mantenerse delgadas, para lo cual siguen dietas interminables que nunca funcionan, y que las obligan, prácticamente, a dejar de alimentarse.

Hay quienes aseguran que el ideal de Barbie es un “ideal torturado de belleza”, responsable, en parte, por el problema de desorden alimentario que padecen millones de mujeres adolescentes.  También de los implantes de senos y las cirugías plásticas a las que se están sometiendo millones de mujeres maduras en todo el mundo.  “Es notable que una muñeca anatómicamente improbable”, dice un autor, “sea capaz de tanto”.

En efecto, hay quienes creen que si Barbie fuera una mujer real, sus proporciones harían que tuviera una estatura de 2,13 mts., un busto de más de un metro, la cintura de 60 cms, y pesaría 49 kilos 89 gramos.  Es decir, que si Barbie fuera una mujer normal, no podría caminar por sus proporciones.[1] En realidad podría decirse que la cultura actual que da prioridad al aspecto social, al imponer una imagen física que va en contra de la salud, es una cultura de la enfermedad.  El ideal de belleza femenina de la post modernidad es brutalmente delgado, impuesto desde la más tierna infancia por la muñeca más vendida del mundo que ha traicionado a sus fans.  Las indujo a buscar modelos imposibles de belleza.

¿Qué es la belleza, entonces?

Como decíamos, la belleza sigue siendo una preocupación para las mujeres.  Pero, ¿qué es lo realmente bello?  ¿En qué nos basamos cuando decimos que algo es bello?  ¿Qué vemos cuando decimos que una mujer es bella?  ¿En qué consiste esa prestigiosa cualidad llamada belleza?

Digamos que la estimación de lo que es bello es algo psicológico que ocurre en la mente de la persona que observa.  La belleza es un valor subjetivo, es decir, no depende tanto de las cualidades o características del objeto que se observa, sino de la mentalidad de quien lo observa.  Por tanto, es difícil dar una definición de belleza conveniente, aceptable y que satisfaga a todos.  Es probable que haya tantos criterios de belleza como personas que los emiten.

Pero si bien la belleza no está en las cosas, sino en la persona que las admira, tampoco es un mero subjetivismo, y mucho menos una arbitrariedad.  Existen bases comunes que – en cada etapa de la historia – retienen el sentido de lo bello.  O sea, bello es aquello que nos agrada, que nos complace, en el marco de la cultura en que vivimos.

La belleza, ese “rocío en las alas del alma” como la llamaba Platón, no es algo que se inventa, sino algo que se percibe en lo más íntimo del alma o de la conciencia.  Creo que todos estamos de acuerdo en que hay un rasgo universal que nos puede poner a todos de acuerdo con respecto a la belleza.  La belleza es aquello que posee una proporción adecuada y un color atractivo.  Bello es lo que resulta agradable a la vista.  Es la impresión beneficiosa para nuestros sentidos que emana de cualquier objeto que es bello.

Pero la belleza no está sólo en la forma y en lo que se ve.  Está mucho más allá.  Por eso Aristóteles defina la belleza como “aquello que, además de bueno, es agradable”.  La belleza, entonces, sale del ámbito de las formas del cuerpo, para abarcar las cualidades del alma.

¿Quién es una mejer bella?

Cuando vemos a una mujer por lo que realmente es, libre de adornos o cosméticos, surge verdaderamente a la vida en toda su naturalidad y en toda su verdadera e indestructible belleza.  La mujer tiene la tendencia a caer en la trampa que la induce a querer encajar en el molde de “belleza” según los parámetros establecidos por las tendencias sociales.

Pero muchas veces el propósito de la interminable búsqueda de la belleza femenina se olvida.  Aquí caben algunas preguntas para las mujeres: ¿Para quién quiere ser bonita?  ¿Para usted misma?  ¿Para que se sienta bien cuando se vea en el espejo?  Si es así, está destinada a marchitarse.  Porque una mujer bella encerrada en sí misma no es bella.  La belleza es un valor que pasa rápidamente hacia los desvanes de la historia o hacia el cofre de los recuerdos.  El cuerpo se marchita, la belleza del rostro es un espejismo de la juventud.  Si la belleza no entra y sale del alma, es tan pasajera como el día de ayer que pasó y no volverá.  “Sólo la belleza interior agrada siempre”.

La televisión y las revistas femeninas de moda han vendido a la humanidad una imagen de mujer donde se valora la apariencia, pero se olvida a “ella”, a la mujer misma como persona.  Muchas adolescentes, a fuerza de ver modelos esbeltas, sin ningún defecto externo, con medidas imposibles, se olvidan que la mujer no es fotografía ni imagen, sino el ser más bello creado por Dios.  La búsqueda irracional de belleza lleva a la mujer a valorarse a sí misma por su aspecto y no por su intelecto y su alma donde reside su verdadero valor.  Conviene decir que hay una alienación en el hecho de conformarse a una norma de belleza retocada.  Las mismas modelos no son como se las conoce en las fotografías.  Con razón decía Pauline Terminiere que la mujer de hoy vive bajo “la dictadura de la belleza”.

En cambio, si el propósito de la mujer al buscar la belleza es lucir atractiva para los demás, debe dedicar tiempo y energía a pulir y cultivar su ser interior, su carácter.  La verdadera belleza de una mujer no está en su apariencia sino en lo profundo de su corazón.  Una mujer que hace grandes esfuerzos y se dedica con todo su corazón a su campo de acción es hermosa y brilla de verdad.  Luce aguda, decidida y segura de sí misma.  Este tipo de esplendor siempre sobrepasará a la belleza externa de los adornos que lleve puestos cualquier otra mujer.  De hecho, las mujeres que están conscientes de su belleza interior, no necesitan pedir prestada una limosna de belleza a los adornos externos.

Por otra parte, quienes sólo se preocupan por su apariencia física, muchas veces están empobrecidas espiritualmente, y la ropa de moda y los adornos que usan son eficaces disfraces de la pobreza interior.  Una mujer muy hermosa, pero vanidosa, orgullosa, egoísta, carente de bondad, generosidad y altruismo, corre un riesgo muy grande.  Los hombres la buscarán por su apariencia y la desearán, no a ella, sino a su cuerpo.  La desearán; no la amarán.  El que se apodere de su cuerpo se cansará pronto, porque los hombres no se enamoran de un cuerpo, sino de una persona.  Un hombre no se enamora de los ojos, sino de la mirada.  El antiguo adagio popular: “La suerte de la fea, la bonita la desea”, se ha comprobado muchas veces como ciertísimo.

La mujer debe asegurarse de que es bella, no sólo por su aspecto físico, sino por la clase de persona que es, por lo que hay en su interior, por la belleza de su corazón y de su personalidad.  Por muy bonita que sea una mujer, si lo que la hace atractiva está sólo en su apariencia física, el interés por ella, lejos de mantenerse por mucho tiempo, se desvanecerá poco a poco, incluso mientras todavía está bonita, no digamos cuando todo se termine.  La atracción duradera y verdadera que ejerce una persona sobre otra proviene de la belleza interior y la seguridad con que esa persona brilla desde adentro.  La historia nos ¿¿¿??? Una dolorosa lección: es posible que en el mundo un hombre abandone a una mujer bonita, pero vacía interiormente, por una menos atractiva que tiene el seductor brillo de una rica vida interior.  Rodin identificaba la fuente que ilumina esa belleza como “la llama de la vida interior”.  La llama de un corazón puro, la llama de la compasión, la llama de la esperanza, la llama del valor y la determinación, son las fuentes de luz que le permiten a la mujer irradiar la belleza.

De hecho, se dice que “lo más hermoso de una mujer brilla con la edad”.  Y esto no es sabiduría rancia.  Es cierto que en general en nuestro tiempo la gente relaciona la belleza con la juventud.  Una mujer joven, en su adolescencia, es en verdad hermosa; pero hay una clase diferente de belleza que se encuentra en la mujer madura.  Cuando buscamos la belleza dentro de un persona nos percatamos de que una mujer verdaderamente hermosa es aquella cuya belleza interior “sigue siendo profunda y sigue siendo cultivada a lo largo del tiempo”.  Por eso una mujer verdaderamente hermosa es fiel a sí misma.

Hoy en día vivimos en una época cuando el comercialismo determina lo que es bello.  Pero recuerde que no podrá encontrar la verdadera belleza en las tendencias de la moda, que la belleza no se compra con dinero, y que toda mujer puede ser hermosa.  Todo comienza con que ella crea en su propia belleza.

Las mujeres debieran recordar estas sabias palabras:

  • Para tener labios atractivos, hable palabras de bondad y sabiduría.
  • Para tener una figura delgada, comparta su alimento con el hambriento.
  • Para tener ojos de amor, busque lo bueno en las personas.
  • Para tener un cabello hermoso, deje que un niño deslice sus dedos a través de su pelo una vez al día.
  • Para tener una vida equilibrada, camine en la gracia de Dios.
  • La belleza de una mujer no se encuentra en la ropa que viste, la figura que posee o la manera en que se peina.
  • La belleza de una mujer debe verse en el interior de sus ojos, porque allí está la puerta hacia su corazón, el lugar donde reside el amor.
  • La belleza de una mujer no está en su apariencia, sino en su alma.
  • Y sobre todo, recuerde esto: “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Dios, esa será alabada” (Prov. 31:30).

*Ministerio Adventista, Año 61 No. 2


[1] Puede hallar una comparación de las proporciones de Barbie con una mujer normal en: www.ambientejoven.org/bodyimage_feature.cfm

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