1844: Punto de Encuentro de Dos Alternativas

Creación vs. Evolución

Por: Hermes Tavera B.

¿Hemos oído hablar de Joshef? Me imagino que no. Nadie lo conoce. En realidad, yo tampoco se nada de él. Quizás este fue uno de los miles –tal vez millones– de hombres que durante la Segunda Guerra Mundial fueron asesinados en masas procesando sus cuerpos para hacer jabón. El rastro de Joshef sobre la tierra se extinguió junto con la espuma arrastrada por el agua de un cuarto de baño de cualquier destacamento alemán.

¿Por qué existimos? ¿A quién le interesa nuestra vida? ¿Por qué estamos aquí? Una posible respuesta es la siguiente: “Si estamos en la Tierra ello es consecuencias de una serie de fenómenos históricos; la vida ha caído sobre un planeta, se ha desarrollado hasta el hombre, llegará más lejos, hubiera podido suceder que no hubiera llegado más que hasta el dinosaurio o que no hubiera vida en absoluto. Existimos, pero nuestro existir, no es el resultado de una finalidad premeditada. Y ninguna protección sobrenatural nos garantiza la perennidad de nuestra especie”.1

Estas palabras – que personalmente creo devastadoras – pertenecen a Laurent Schwartz profesor de la Facultad de  Ciencias de París. Su respuesta está condicionada por una visión de la vida, los orígenes y el destino de hombres de ciencias y que muchos ven un absurdo contradecir: el evolucionismo. ¿De dónde pudo surgir una concepción tal? ¿A qué tiempo se remonta esta propuesta al problema del origen y destino del hombre? Después de todo, ¿Es la única alternativa que existe?

El evolucionismo tiene una larga historia. Los más antiguos pensadores griegos –Anaximandro,2 Heródoto3– tenían  algunas concepciones evolucionistas sin embargo, Aristóteles, que era creacionista, con su concepción del mundo dio un giro a la cosmovisión de su época. La biología de Aristóteles tiene dos rasgos esenciales, la idea de la uniformidad de los fenómenos de la vida y el papel de la finalidad.4 Además “la voluntad Aristotélica de anteponer los datos de la observación a cualquier interpretación teórica había llevado a excluir la existencia de una transformación que conduzca desde una especie a otra diferente”,5 pues es imposible –en caso de que existan– observar dicha transformación.

La visión uniformista Aristotélica dominó el pensamiento científico occidental durante toda la Edad Media, lo que explica la escasez de teorías de tipo evolucionista durante mucho tiempo. No fue hasta el Siglo XVIII cuando el evolucionismo fue resucitado por científicos como Bufón y Linneo.6 Pero su mayor impulso lo debe el evolucionismo a Juan Bautista Lamarck (1744-1829) con su hipótesis sobre la herencia de los caracteres adquiridos, que lo convirtió en el pionero del moderno evolucionismo.

Lamarck remarcaba  la variabilidad de los seres vivos. Planteó el aforismo, “la función hace el órgano”. Para Lamarck la variación se efectúa así: el cambio de las circunstancias conduce a un cambio de las costumbres, este a un cambio de actos, que a su vez culminan en un cambio de órganos.7 Lamarck se adelanta a asegurar que los caracteres adquiridos  pueden ser heredados por los descendientes, cerrando así su cuadro explicativo de la variedad de las especies.8

A pesar de algunos intentos de apoyar las hipótesis lamarkinas, estas son generalmente rechazadas por la ciencia moderna. En realidad los investigadores que siguieron a la publicación de estas hipótesis,9 comprobaron sus inconsistencias.10 E. M. Burns comenta que “los sucesores de Lamarck hallaron pocas pruebas que confirmaran esa hipótesis, la cual dominó, no obstante, en la ciencia biológica durante más de cincuenta años. Aunque todavía no está totalmente desacreditada, solo se le otorga una validez parcial.11

Con todo, Lamarck fue el precursor del hombre que más se identifica hoy con la idea de la evolución, Charles Darwin, quien reconoció en su libro que las ideas de Lamarck le habían provocado “gran interés”.12

Darwin nació en Inglaterra en 1809. En su juventud tuvo intereses religiosos, pero luego se dedicó a tareas científicas. En 1831 se embarcó en el buque de guerra inglés Beagle. Fue entonces –según cuenta él mismo– “cuando me llamaron mucho la atención ciertos hechos que observé en la distribución de los seres orgánicos que habitaban la América del sur, y en las relación geológicas de los antiguos”.13 Le llamó la atención el archipiélago volcánico de las islas Galápagos al oeste del Ecuador. La gran cantidad y variedad de especies, la naturaleza de las distintas manifestaciones de vida y la desigualdad de las capas terrestres que observó sugirieron en Darwin algunas ideas que “parecían arrojar luz –afirmó él– sobre el origen de las especies, ese misterio de los misterios”.14

Darwin regresó de  su viaje en 1836. “Devuelta en mi país, se me ocurrió, en 1837, que algo podría lograrse en este sentido acumulando pacientemente toda clase de hechos que pudieran tener alguna relación con ello, y meditándolos. Después de cinco años de trabajo, me permití especular sobre el asunto, y tomé algunas notas breves”.15

Es así como llegamos a 1844, año en que Darwin decide hacer un bosquejo de sus conclusiones. Este fue el primer intento de Darwin de sistematizar sus teorías y presentarlas al mundo. Pero no fue hasta 1859 cuando por fin se decidió publicar su libro “El Origen de las Especies por Medio de la Selección Natural”, libro que –afirma Burns– posiblemente ha ejercido más influencia en el pensamiento moderno que cualquier otro libro”.16 Debido a que este libro era un “extracto” “necesariamente imperfecto”17 publicó años más tarde, en 1871, otro, titulado “La Descendencia del Hombre y Selección en Relación al Sexo”, conocido con el nombre de “El Origen del Hombre”. Las ideas expuestas en ambos libros es que se conoce hoy con el nombre de Teoría de la Evolución.

Esta teoría puede explicarse de la siguiente manera: Las especies pueden variar en forma definida o indefinida. Esta variación se produce por la acción del medio y el sexo, pero principalmente por el azar. Las variaciones son hereditarias. Si las variaciones son útiles perfeccionarán la especie, sin son perjudiciales se constituyen en desventajas para la especie en su “lucha por la supervivencia”. Solo sobreviven “los más aptos” y los más fuertes. De este modo, todos los seres pasan por el cedazo de la selección natural (sexual) que va, por el azar, perfeccionando la especie.18 Como el mismo Darwin expresa: “La selección natural obra solamente mediante la preservación de variaciones que en cierto sentido son ventajosas y por consiguiente se mantienen”.19 Y agrega: “De estas diversas consideraciones se sigue inevitablemente que como en el curso del tiempo se forman nuevas especies por la selección natural, otras se volverán más y más raras y finalmente se extinguirán. Las formas que se hallan en competencia más estrecha con las que sufren modificaciones y mejoramiento serán naturalmente las más perjudicadas”.20

La evolución biológica es, pues, una forma de progreso que conduce a las formas de vidas menos idóneas a las más idóneas para la supervivencia.21 Según esta teoría todas las cosas animadas están relacionadas. “Al principio hubo una célula viviente y de ella se han sucedido desarrollos cada vez con mayores variaciones hasta tanto se tuvo el mundo de la naturaleza tal cual ahora se aprecia”.22 ¿Qué decir del hombre? “Se considera al hombre como producto, posiblemente el producto final, de este sistema. En lo que respecta a sus antepasados, no hay unanimidad de opinión. La idea es que se traza su descendencia de un mono antropoide más elevado; también se admite que el hombre y el mono tienen un antepasado común. El punto de clave es la presuposición que establece esta teoría respecto a que el hombre no fue creado por separado, sino que es un producto de la vida animal”.23

La idea específica de que el hombre desciende del mono no es de Darwin, sino de Ernst Heinrich Haeckel.24 Con todo perdía el hombre así su privilegiada situación, aparecía ya no como creado inmediatamente por Dios, sino “como un producto de la descendencia general biológica y se convertía así en una especie de animal más”.25

EL MUNDO DE DARWIN

Darwin reconoció que había  sido influenciado por Malthus en la formación de su teoría de la selección natural. Tomás R. Malthus (1766-1834) en su libro “Ensayo Sobre la Población”, expresó que a causa del desenfreno del apetito sexual, la población tiende naturalmente a aumentar con más rapidez que los medios de subsistencia.26 Es decir, que en el mundo de la naturaleza nacen muchos más individuos que los que pueden sobrevivir y, por lo tanto, los más débiles mueren en la lucha por la existencia. Darwin reconoció que su teoría sobre la selección natural “es la doctrina de Malthus aplicada a todo reino animal y vegetal”.27

Darwin no solo fue influenciado por Malthus. En realidad, Darwin fue el producto de una época marcada por un excesivo naturalismo de talla materialista y hasta mecanicista. “Ya el espíritu general del tiempo sugería el materialismo”28 comenta el Dr. Hirschberger.

Ya en el siglo XVII se notaban ciertas ideas materialistas promovidas por el desarrollo de las ciencias físicas y la Ilustración. Al principio fueron rechazadas por la corriente del idealismo alemán y la filosofía de Kant. Hicieron frente al materialismo sosteniendo que el espíritu, o la idea, predominaba y precedía a la materia y a la vez la creaba. Pero en la primera mitad del siglo XIX el materialismo tomó impulso con la obra de hombres tales como Feurback, Karl Vogt, Jacob Moleschott, Luis Buchner, Enríquez Czolbe entre otros, quienes antepusieron al espíritu, la materia, considerándola eterna, no creada y por lo tanto el constituyente esencial de la vida misma.

De este ambiente, donde se rechazaba lo sobrenatural por lo natural, donde se colocaba lo material sobre lo espiritual y se mantenían ideas de progreso, es razonable que surja una concepción de la vida –el evolucionismo– que con la promesa del futuro progreso, remontara nuestros orígenes y nuestra esencia a la materia dominante y transformada, no por Dios, sino por la casualidad.

Esta corriente materialista, no solo propició el nacimiento del evolucionismo en el mundo biológico, sino también de una especie de evolucionismo social.

En 1844, el mismo año en que Darwin bosquejaba sus ideas en Inglaterra, otro hombre, Carl Marx, en Francia componía sus famosos “manuscritos” que en germen contenían los principios fundamentales del comunismo socialista y marxista.

Marx, quien se confesaba abiertamente materialista, concibió el mundo social, la historia, regida por causas materiales, para él económicas, en las que Dios no tenía que ver nada. Afirmó la identidad del hombre con la naturaleza. Para él, en razón de su origen el hombre es un ser que brota del seno de la naturaleza, es un eslabón del proceso natural.29

Marx escribió a su colega F. Hengel que “los descubrimientos de este señor, Darwin, sobre el proceso de cambio en el mundo biológico, vienen a ratificar científicamente nuestras ideas sobre la naturaleza y transformación del hombre, y la sociedad”.30

EL EVOLUCIONISMO HOY

Las ideas de Darwin, a pesar de algunas oposiciones iniciales, tuvieron la aceptación de los hombres de ciencia por mucho tiempo, lo que creó la opinión popular, de que era una “ley científica” imposible de rebatir y axiomática. Esta opinión –o algunas parecidas– permanece en muchos círculos hoy. La explicación está en que algunos de los llamados científicos entran en el terreno de la experimentación con una aptitud antifilosófica. Esta aptitud los “lleva a mirar la parte por el todo, el dato sensible que momentánea y periféricamente la observación les da, por la esencia total y de fondo”.31 Otra tendencia es realizar la experimentación por medio de los cánones evolucionistas que apriori adopta el investigador, forzando muchas veces los hechos para que puedan armonizar con ideas ya aceptadas. En muchos casos cuando un dato no armoniza con la teoría preconcebida, se le soslaya y se le rotula de irrelevante, sin importar que este mismo hecho pueda concordar con otras visiones e interpretaciones de los hechos al margen del evolucionismo. El aceptar una teoría antes de observar los hechos, luego medir los hechos con los criterios de la teoría para luego concluir que los hechos sostienen la teoría, ¿no constituye una metodología circular y viciada?. De esta manera es que se ha sostenido el evolucionismo.

Sin embargo, una visión del estado actual de la cuestión revela que hay división entre los hombres de ciencia en relación a la validez de las hipótesis de Darwin.

“Es con frecuencia asunto de consternación para los estudiantes de esta rama del saber –dice Jauncey de los biólogos– que después de cien años de investigaciones biológicas, la evolución es todavía una teoría y no una ley. Parecería que para estas fechas el asunto debería haberse probado de una u otra manera”.32 El evolucionista Francis Hitching expresó: “Después de centuria y cuarto el Darwinismo a pesar de la aceptación de que es objeto en el mundo científico como el gran principio unificador de la biología, afronta una sorprendente multitud de dificultades”.33

Otro gran científico contemporáneo –Bruno Vollmert– escribe: “Mientras más estricta es mi argumentación en el marco de las ciencias exactas, al tratar la evolución biológica en el sentido neodarwinista como una proceso por bioabilidad, es decir, como una copolicondensación, menos temo concebir el mundo como una creación de un Creador todo poderoso como una alternativa al Darwinismo”.34

Podría agruparse centenares de citas de numerosos  investigadores imparciales y hasta evolucionista que muestran el estado de decadencia en que se encuentra, relativamente, el Darwinismo hoy. Sin embargo, cabe mencionar la obra de Michael Denton, notable investigador y científico, cuyo mismo nombre ya es bastante sugerente, Evolution: a Teory in Crisis (La Evolución: Una teoría en Crisis, 1986). La siguiente cita  revela –no solo la opinión de Denton– sino también la de otros científicos: “La complejidad de tipo más simple de célula conocida es tan grande que es imposible aceptar que semejante objeto pudo haber sido reunido por algún tipo de evento caprichoso muy improbable. Semejante acontecimiento sería indistinguible de una milagro”.35

En 1991, creó época la obra de otro tratadista, Phillip E. Johnson, Darwin on Trial (Darwin a prueba). Jonson expresó que la teoría de Darwin “no está apoyada por una evidencia empírica imparcial evaluada”. Y pregunta: “¿Por qué no considerar la posibilidad de que la vida es lo que tan evidentemente parece ser, el producto de una inteligencia creativa?”.36

El documento moderno sobre la teoría de la evolución ha llevado a muchas disidencias y luchas internas entre los proponentes de la teoría. Uno de los problemas mayores que ha enfrentado el Darwinismo es que no consigue evidencia observable de cambios relevantes referidos a la llamada macroevolución. Se responde por lo general, que dichos cambios son tan lentos y graduales que se necesitarían millones de años para la observación, lo que hace a esta imposible. Como la observación es la base de la experimentación científica, el evolucionismo al no estar basado en observaciones se corre al terreno filosófico y especulativo, más que al científico. Muchos evolucionistas han reaccionado enmendando muchos aspectos de las teorías de Darwin. La más reciente corriente en el evolucionismo la representa S. J. Gould quien sostiene que la evolución ha pasado por momentos de “éxtasis” y recensión y que la aparición de nuevas especies se ha llevado a cabo de manera repentina. Esto ha motivado que algunos se pregunten si el Equilibrio Puntuado no es más que otra forma de decir que las especies fueron creadas repentinamente.37

Muchos evolucionistas arguyen, ante estas divergencias, que estas no giran sobre la cuestión de sí la evolución existió o no, sino en cuanto a cómo se realizó la evolución, porque –afirman ellos– la evolución es un hecho. Sin embargo, debido a que lo que la evolución trata de explicar es cómo los fenómenos (en este caso, las especies), han llegado a ser como son, las divergencias en la respuesta a este cómo ponen en entredicho la validez de la evolución misma. La evolución es, tan solo, una explicación de los hechos.38

Con todo, los principios evolucionistas se han propagado en todas las ramas del saber moderno y predominan en las comunidades científicas hoy, más, no porque sea una hipótesis comprobada, sino porque no existe otra para sustituirla. ¿Es cierto?

Jean Flori y Henry Rosolofomasoandro después de un cuidadoso análisis de los supuestos evolucionistas afirman: “Estimamos que hay que dejar de afirmar que la evolución es un hecho. Es preciso, por el contrario, reconocer honradamente que la evolución no es más que una interpretación posible de esos hechos; incluso a veces roza lo imposible. ¿Es la única? No lo creemos”.39 Personalmente me alegro de que la evolución no sea la única alternativa que tenemos a escoger.

* * * * *

HAS ESCUCHADO hablar de José, ¿no? ¡Pues yo sí! José Bates fue un veterano capitán de barco cuyas aventuras en el mar muestran como Dios puede guiar y cuidar un hombre con quien se propone lograr un gran propósito. Sin embargo, José bates es conocido no por alguna emocionante aventura marítima sino por su entrega en la defensa de una creencia a la que se aferró profundamente y en cuya propagación invirtió no solo su dinero y talento sino también su propia vida.40

“¿Qué novedad tiene, capitán Bates? –le preguntó cierto día un antiguo amigo– la novedad es –le respondió Bates– que el séptimo día es el día de reposo del señor”.41

Bates –según el historiador Everestt Diek– publicó el primer folleto sobre el tema del sábado que publicaron los Adventistas y “vino a ser el verdadero padre del sábado entre el núcleo que había de dar origen a la denominación de Adventistas del Séptimo Día”.42

La historia se remonta también a 1844. Un elocuente predicador –Guillermo Miller– se unió a un movimiento que conmovió al mundo con la verdad de que Cristo regresaría muy pronto a la tierra. Miller erró al fijar la fecha de 1844 como el tiempo cuando este evento ocurriría. Al producirse “el gran chasco” embargó a los creyentes una gran desilusión que llevó a muchos a desertar. Pero un pequeño grupo, en el cual estaba José Bates, se dedicó a buscar respuestas a sus perplejidades en la Biblia. De este grupo surgió la hoy conocida Iglesia Adventista del 7mo. Día.43

Pero ¿Por qué los adventistas guardan el sábado? Ellos presentan la razón que aparece en las Sagradas Escrituras para tal observancia: “Porque en seis días hizo Jehovah el cielo, la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay y reposó en el séptimo día, por eso Jehovah bendijo el día de reposo y lo santificó” (Ex. 20:11).

Los adventistas se consideran llamados a proclamar el mensaje del primer ángel de Apocalipsis 14. “Temed a Dios y dadle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio y adorad a Aquel que hizo el cielo, la tierra, el mar y las fuentes de la aguas” (vers. 7).

Dios es el Creador y hay que adorarlo. Para esto Él ha requerido la observancia del sábado (Ex. 20:8-11). Por el hecho de que el séptimo día Dios completó su obra creadora (Gén. 2:1-3), el sábado queda como testimonio de una creación perfecta en sus orígenes y de un Creador que todo nos lo ha provisto. “Por eso Jehovah bendijo el día de reposo y lo santificó” (Ex. 20:11).

Así los adventistas, al sostener la observancia del sábado, desde sus mismos orígenes han tenido que hacerle frente al evolucionismo y al materialismo en todas sus formas. Con la explosión científica del siglo pasado, los grupos religiosos reaccionaron echando la Biblia a un lado y aceptando los supuestos evolucionistas. Otros crearon extrañas interpretaciones del Texto Sagrado para hacerlo concordar con la nueva teoría. Más aún, para ahondar más profundamente el abismo entre la ciencia y la religión, muchos se atrincheraron en su fe y mantuvieron una aptitud recelosa hacia la ciencia, aptitud que rallaba en la fe ciega e irracional. Esto amplió el  abismo entre la ciencia y la religión. En una de estas aptitudes  se  engloba toda la cristiandad hoy.

CIENCIA Y RELIGIÓN

Sin embargo, la Iglesia Adventista decidió atacar el evolucionismo en su propio pretendido terreno, la ciencia. De su seno surgió  el primer intento de confrontación cristiana con el evolucionismo en el ámbito científico. En tempranos años como 1902, George McRaeady Price comenzó una cruzada en pro del creacionismo científico que influyó en toda una generación de hombres de ciencia. Por su inspiración, más tarde Frank Lewis Mars creó el Geoscience Research Institute, la más antigua institución del mundo dedicada al estudio científico del creacionismo. Otros siguieron su influencia.44 Hoy día, existen numerosas instituciones diseminadas en todo el mundo, cuyas publicaciones científicas promuevan el creacionismo. En este terreno, la Iglesia Adventista ha realizado una tarea de vanguardia.45

Los adventistas se apegan rigurosamente a los hechos científicos y sostienen que la evolución es tan solo una posible interpretación de esos hechos, pero no la única, ni la más razonable. El que rechaza a Dios en sus presuposiciones, no encontrará a Dios en los hechos que interpreta. Para el que lo acepta, encontrará en los hechos un testimonio de la obra creativa de Dios. Lo que Darwin observó en la isla Galápagos, puede llevar a otras conclusiones, diferentes de las que él tomó, si es observado por otros ojos, también científicos, pero con otros criterios.46

“Se enfrentan dos puntos de vistas: con o sin Dios, según se escoja uno u otro, los hechos tendrán un significado muy distinto. Sin Dios, no nos queda más que ser evolucionistas para explicar nuestra propia existencia. Los hechos no siempre confirmarán la teoría, las leyes biológicas a veces se opondrán a ella, pero sería la única. Con Dios, el Dios Creador, pensamos que pueden hallarse una explicación a veces difícil también, pero que al menos tiene el mérito de  hacer comprensibles unas realidades sin vaciar de contenido la fe. Para el problema de los orígenes la Biblia propone una solución que los hechos científicos no contradicen: ‘En el principio creo Dios los cielos y la tierra’ (Gén. 1:1). Ahí está la alternativa”.47

Guardar el sábado es aceptar esa alternativa; Dios es el Creador. “El sábado trae cada semana seguridad y esperanza. Nos recuerda que nuestro origen y destino nos une a dios. Renueva nuestro sentido de continuidad con el pasado jalonando nuestra vida con su luz, iluminando nuestros valores presentes y nuestras expectativas futuras. El sábado nos invita a descansar en Dios en medio del inquieto intermedio de nuestra vida, mientras esperamos el descanso final y la paz perfecta de Dios para lo que fuimos creados. Este es el mensaje del sábado, la gozosa celebración de nuestro origen”.48

El séptimo día nos recuerda que aunque somos polvo (materia), esa materia la creó y la moldeó Dios para darnos un origen con el espíritu de vida (Gén. 2:7). Sí, tenemos también una dimensión espiritual. “Nuestra esencia humana viene del polvo de la tierra, pero también del pecho de Dios”.49 El sábado podemos oír la voz de Dios que proclama: “Yo hice la tierra, y crié sobre ella al hombre” (Isa. 45:12). “Te traigo desde el vientre, te sostengo desde la matriz. Hasta la vejez, hasta las canas, yo mismo te sostendré. Te hice, te llevaré, te soportaré, te guardaré” (Isa. 46:3,4).

DOS ALTERNATIVAS

El filósofo J. Burckardt expresó que “el mundo se ha hecho más ordinario a partir de 1830”.50 Es evidente que el materialismo que para ese tiempo gastaba sus ofensivas, contaminó a la raza humana.

En 1844, el año en que Darwin hacía su “bosquejo” y Marx sus “manuscritos”, el año  en que Satanás planeó dañar nuestra identidad humana sembrando dudas sobre nuestra esencia y origen, Dios inició un movimiento con la sagrada misión de restaurar la verdad del sábado y con ello establecer claramente que nuestro origen se remonta a Dios y nuestro fin está en Él. “Oh Señor –diría el famoso sabio– tu nos ha creado para ti, y nuestra vida no estará tranquila hasta que no descanse en ti”.51

Laurent Schwartz, el ateo citado al inicio de nuestro trabajo reconoció que “para un creyente hay una razón de ser en el mundo, en la tierra, en la vida de los hombres sobre la tierra”.52

El Dios que nos dio origen, tiene para los que aceptan su Plan, un maravilloso futuro.53

“Yo sé lo que pienso sobre ti – dice Jehová – pensamiento de paz y no de mal, para darte un porvenir de esperanza” (Jeremías 29:11).

Un día, si Joshef aceptó el Plan de su Dios para él, se reunirá de nuevo con su Creador. Entonces, confundidos en un fuerte abrazo se oirá: “Yo soy tu Dios, tu Creador, mío eres tú. A mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable para mí, y yo te amé” (Isaías 43:1-4). ¿Te animas a aceptar su Plan?

________________________

Hermes Tavera B. Al escribir este artículo el Pr. Hermes era director del Instituto de Investigación Bíblica de la Asociación Central Dominicana de los Adventista del 7mo. Día. Actualmente desempeña su ministerio pastoral en Orlando, EEUU.


Notas Referencias:

1- Schwartz, L. Conferencia en la Cumbre de Intelectuales Franceses, publicada en, Dios hoy, Ed. Kairós, Barcelona, 1968, p. 24.

2- Hirshberger, J; Historia de la Filosofía, tomo I, Ed. Herder, Barcelona 1994, p. 48.

3- Severino, E; La Filosofía Contemporánea, Ed. Ariel, Barcelona, 1987, p. 98; Shankiln, E; Darwin Religions conflit. En Science Digest, april 1982, p. 66.

4- ] Ribaud, A; Historia de la Filosofía, tomo I, Ed. Capeluz, Buenos Aires 1962, p. 24.

5- Severino, p. 98.

6- Burs, E. M; Civilizaciones de Occidente, tomo II , Ed. Siglo veinte, Buenos Aires 1983, p. 750.

7- Flori, J; ¿Evolución o Creación?, Ed. Siglo Veinte, Buenos Aires 1983, p. 152; Sahakian, W. S. History of Philosophy, Baines & Nobles, inc. New York 1970, pp. 224-225.

8- Alva, A. J; Ciencia y Religión, Bilogía, Montemorelos, México 1970, p. 87.

9- Lamarck publicó sus teorías en su libro “Filosofía Zoológica”, 1809.

10- Flori, pp. 154-155. Es a Lamarck que se debe la famosa explicación del alargamiento del cuello de la girafa.

11- Burns, p. 750.

12- Darwin, Ch; El Origen de las Especies, Ed. Diana, México, p. 8.

13- Id., p. 19.

14- Ibíd.

15- Ibíd.

16- Burns, p. 751.

17- Darwin, p. 20.

18- Flori, p. 158.

19- Darwin, p. 115.

20- Id., p. 116.

21- Severino, p. 99.

22- Jauncey, J; La Ciencia  Retorna a Dios, Ed. Mundo Hispano, USA 1978, p. 52.

23- Ib., 53.

24- Haeckel, E. H. The History of Creation, Edición de 1873.

25- Hirschberger; p. 319.

26- Burns, pp. 688-689, 751.

27- Darwin, p. 22.

28- Hirschberger, p. 303.

29- Rodriguez de Y. G; El Marxismo, Exposición y Crítica, Ed. BAC, Madrid 1976, p. 16.

30- Citado en Bonjuor, M; Evolución y Marxismo, Ediciones Casvilla, España 1984, p. 52.

31- Hirschberger; p. 317.

32- Jauncey, p.  51

33- Hitching, F; The Neck of the Ginaffe, Ticknor & Fieldsi New York 1982, p. 12.

34- Vollmert, B; en Man and World, 25 (1992), p. 406.

35- Denton, M; Evolution: a Teory in Crisis, Bethesda, Adler & Adler 1986, p. 406.

36- Johnson, Ph, E; Darwin on Trial, Dauners Grove, Internarsity Press, USA 1991, p. 110.

37- Wise, K. P;  Equlibrio Puntuado a Manera de Creación, Ciencias de los Orígenes, enero-abril 1992, No. 31, p. 1-7.

38- Debate: Sherner – Gish. Asociación Humanista Americana de los Ángeles. Ciencias de los Orígenes, Mayo- Diciembre, 1992. No. 31, pp. 1-7.

39- Flori; p. 224.

40- Para una historia de la vida de José Bates remitimos al lector a su autobigrafía: Bates, J; Autobiografy, fascimil reproduction by Southen Publishing Asociation, 1990.

41- Maxwell, C. M; Dilo al Mundo; Asociación Publicadora Ineramericana, EE.UU. 1990, p. 72.

42- Dick, E; Fundadores del Mensaje,  Colección de Oro, Gospel Reproduction, Texas USA, p. 90.

43- La historia completa puede ser leída en cualquier libro de la iglesia Adventista. Recomendamos a Maxwell, op. cit; Dick, op. y Oliveira, E; La Mano de Dios al Timón, Asociación Casa Editora Sudamericana, Argentina,  1986.

44- Para un vistazo de la obra de G. M. Price y su influencia en el mundo científico, véase Wade, L. T; La Evolución una Teoría en Crisis. Ciencias de los Orígenes, enero – abril, 1997. No. 46.

45- Para una amplia bibliografía de escritos científicos anti-evolucionistas en las áreas de paleontología, geología, biología y otras pertinentes; al igual que las dirección de más de 50 institutos científicos creacionistas en todo el mundo, adjunto de una lista de publicaciones (revistas) dedicados a la propagación del creacionismo científico y de hombres de ciencias que son creacionistas, ten la amabilidad de escribirnos a nuestra dirección.

46- A Ciencist Visit a Gálapagos, Review and Herald Publishing, 1982.

47- Flori, p. 339.

48- Bacchiocchi, S; Reposo Divino para la Inquietud Humana, estudio teológico sobre la actualidad del mensaje del sábado. Biblical Perspectives, Michigan USA. 1988, p. 58. si deseas saber más sobre el interesante tema del sádado escríbenos.

49- Guardini, R; Meditaciones Teológicas, Libros de Monogramas, Ed. Cristiandad. Madrid 1965, p. 41.

50- Citado en Hirschberger, p. 304.

51- San Agustín, Obras Completas, Biblioteca de Autores Cristianos; Madrid 1952.

52- Schwartz, p. 24.

53- Si quieres saber más sobre el Plan de Dios para tu vida, escríbenos a nuestra dirección a: hadlibros@gmail.com

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