Apuntes de Clase: Reflexión Sobre Nehemías 1:3-7

Por: Héctor A. Delgado

Nota: Estos breves comentarios constituyen mis reflexiones sobre algunos aspectos teológicos que considero de interes en mis lecturas de los materiales de textos asignados por la universidad donde curso mi lecenciatura en teología.

“Ellos me dijeron: El resto, los que se salvaron de la cautividad, allí en la provincia, están en una situación muy difícil y vergonzosa. El muro de Jerusalén está en ruinas y sus puertas destruidas por el fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, hice duelo por algunos días, ayuné y oré delante del Dios de los cielos. Y le dije: Te ruego, Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guardas el pacto y tienes misericordia de los que te aman y observan tus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti, día y noche, por los hijos de Israel, tus siervos. Confieso los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés, tu siervo” (Neh. 1:3-7, VRV 1995).

Nuestra imaginación corre a alta velocidad hacia el Cercano Medio Oriente procurando captar las escenas que se describe aquí. Nos parece mirar aquellos viejos muros y puertas destruidos y con muestras palpables aun del fuego que una vez lo consumiera (cf. Jer. 17:27). A esto hace referencia la declaración “sus puertas destruidas por el fuego”. Todo aquello era la evidencia innegable de los juicios divinos sobre una nación rebelde y pecadora. Estas ruinas invitaban a reescribir la historia de una manera diferente y responsable.

Nuestra imaginación sigue en movimiento y dando un salto de en medio de aquellas ruinas se detiene en una figura lejana. Es un hombre solitario que se mueve con pesar y profunda preocupación. Parece que recibe una noticia desalentadora: “El resto, los que se salvaron de la cautividad, allí en la provincia, están en una situación muy difícil y vergonzosa. El muro de Jerusalén está en ruinas y sus puertas destruidas por el fuego”. Entonces, sus fuerzas no lo sostienen más: “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, hice duelo por algunos días, ayuné y oré delante del Dios de los cielos”. Este hombre es completamente humano. Su fragilidad, sufrimiento y dolor así lo revela. Pero es un hombre de fe, es Nehemías, el siervo del Dios Altísimo. Entonces entra en audiencia con el Soberano Creador: “Te ruego, Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guardas el pacto y tienes misericordia de los que te aman y observan tus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti, día y noche, por los hijos de Israel, tus siervos”.

Pero hay más acerca de Nehemías. No es un hombre que confía en su propia justicia, como algo que lo recomiende delante de Dios. Se acerca a Dios en oración no para ordenarle (sobre la base de su fidelidad, cosa que era probada), que haga algo por su pueblo. ¡No! El comienza como todo hombre humilde y que entiende que es parte y conjunto de un todo (de una comunidad). Más aun no busca a los justos de esa comunidad para identificarse con ellos como para adoptar la actitud de “yo soy más santo que tu”. ¡Tampoco! Su oración es clara. Está del lado de los pecadores: “Confieso los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés, tu siervo”. Y con esta oración pone el dedo sobre la llaga. El pertenece a un pueblo que ha dejado a su Dios, que ha pecado con “mano alzada” contra Él. Le ha robado su gloria, su honor, y ni siquiera da señales de entenderlo, aun después de 70 largos años de cautiverio.

Pero allí está uno de los hombres que hace la diferencia (porque existían otros como él “que no doblaron sus rodillas antes Baal”). Nehemías era la clase de líder que la iglesia siempre necesitó y siempre necesitará. Y sus acciones, junto con la de otros como él (comprometidos con la verdad, el honor y la gloria de Dios), hicieron la obra del Señor “en una situación muy difícil y vergonzosa”. Esto hace que su ministerio sea aun más glorioso. “En la crisis – se nos ha dicho – es cuando se prueba el carácter”.

Cabe destacar el conocimiento que tenía Nehemías del carácter de Dios: “Fuerte, grande y temible, que guardas el pacto y tienes misericordia de los que te aman y observan tus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo”. Nehemías destaca aquí la fidelidad de Dios (“guardas el pacto”) su amor invariable (“tiene misericordia”), su tierna disposición para escuchar a su pueblo (“esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír”). Y apelando a la buena voluntad divina, se lanza al vacío para ser amparado y sostenido por los brazos todopoderosos de Dios. ¡Esto es fe en acción!

Es bueno notar que a Nehemías no le tocó vivir bajo los beneficios del cristianismo institucionalizado de hoy, donde todo parece estar a su favor, donde las riquezas abundan y los templos relucen por su belleza y esplendor. Vivió en un tiempo donde debió comenzar con el “polvo y la ceniza”, donde el espectáculo de unas puertas, murallas y templo destruidos, constituía la única motivación (aparte de la fe). ¡Ese es un siervo de Dios!

Estos versos del libro de Nehemías constituyen una verdadera joya inspirada para meditar en nuestra propia actitud en relación con la obra de Dios. Es probable que no veamos templos, puertas y murallas físicas destruidas delante de nuestros ojos, pero acaso no vemos vidas desechas, hogares destruidos, una sociedad que perece en el olvido de Dios, una iglesia cristiana cada vez comprometida con los asuntos políticos que espirituales, y con métodos evangelísticos que traicionan la verdad del Evangelio. Si. Vemos todo esto y más.

Si podemos ver esto, debemos reconocer que tenemos una obra de proporciones gigantesca esperando por nosotros. La profecía está dada: “Tu pueblo reconstruirá las ruinas antiguas y levantará los cimientos de antaño; serás llamado ‘reparador de muros derruidos’, ‘restaurador de calles transitables’” (Isa. 58:12, NVI).

¿Cómo empezar a hacer esta gran obra de reforma? Lo que hemos estudiado sobre la actitud de Nehemías nos da la respuesta: Reconocer, orar, arrepentirnos, confesar, pedir poder de lo alto y obra en consecuencia.

 

3 comentarios en “Apuntes de Clase: Reflexión Sobre Nehemías 1:3-7

  1. Bendiciones. Por favor, voy a dar un devocional sobre Nehemias, pero me gustaría dar un ejemplo de reconstrucion en nuestras vidas.

    Me ayudas?

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