La Justificación por la Fe -I

Por: Héctor A. Delgado

Clasifíquese: Soteriologia

Si no fuera porque el término “justificación” no dice mucho para el lector moderno, resultaría más fácil comprender el significado de esta doctrina. Aunque confesamos que para nosotros nunca importó el término tanto como que nos impidiera comprender esta doctrina. Sencillamente fuimos atraídos por el tema y comenzamos a estudiarlo. Es interesante notar que la Biblia no habla solamente de la Justificación por la Fe usando términos técnicos, lo hace bajo diferentes metáforas que nos permiten tener una idea más clara del tema. De hecho, el mayor exponente de esta doctrina fue Cristo, y según se sabe usó el término “justificado” una sola vez en el contexto de la reconciliación entre el pecador y Dios (Luc. 18:14). La otra ocasión en la que Cristo usó el vocablo “justificado” fue en el contexto del día del juicio (Mat. 12:36-37).

Avanzaremos el estudio de la doctrina de la Justificación por la Fe con una parábola de Cristo. Según el Dr. Waggoner (uno de los “mensajeros de la justicia” de Cristo como le llamara el Espíritu de Profecía) la parábola del Fariseo y el Publicano fue escrita “para mostrar cómo no debemos y cómo sí debemos, alcanzar la justicia”.1 Leamos el relato:

“A unos que confiaban en sí mismos como justos y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al Templo a orar: uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres: Ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, diezmo de todo lo que gano. Pero el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro, porque cualquiera que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido” (Reina Valera 1995).

En esta narración hay algunos detalles interesantes. 1- El Fariseo se consideraba un hombre justo delante de Dios por sus propios méritos (“no soy… como los otros hombres… injustos”). 2- Creía estar en completa armonía con la Ley (“no soy… adultero… ladrón”). 3- Para el Fariseo la justicia era sinónimo de la obediencia a ciertas reglas, algo que entendía poseer a cabalidad (“ayuno dos veces a la semana, diezmo de todo lo que gano”). Pero estaba ciego, pues su modelo de justicia no era Cristo, sino su propio yo pecaminoso. En el colmo de su extravío se comparaba con los hombres pecadores (“no soy como los demás hombres”) y aun con sus “hermanos” en la fe (“No soy… ni aun como este Publicano”). No se puede dudar que este Fariseo al igual  que la nación hebrea (a quien personificaba en esta parábola) corría tras “la justicia”, pero no la alcanzó, pues no iba “tras ella mediante la fe, sino por las obras” (Rom. 9:30-32). Esta exasperada carrera era la que transitaba el apóstol Pablo en su vida de fariseo. Él creía que en cuanto a la “justicia que la Ley exige” era “irreprensible” (Fil. 3:6, NVI). Pero cuando se encontró con Cristo y su Justicia, entendió que todo a lo que se aferraba como “ganancia” era realmente “pérdida”, “estiércol”  (Fil. 3:7-8). Entonces optó por “ganar a Cristo” y ser “hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que es por la Ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios por la fe” (vers. 8-9). Esta fue la experiencia de Pablo y posiblemente la de todo judío que se convirtió al cristianismo en los tiempos apostólicos.

En el pasaje del Fariseo y el Publicano encontramos la gran verdad de que “justificación y perdón son una misma cosa”. El Publicano, al reconocer su pecaminosidad clamó por el perdón divino (Luc. 18:13) y fue perdonado. ‘Este – dijo Cristo – descendió a su casa justificado’ (vers. 14). Quizás, el Publicano no supo que cuando fue perdonado fue Justificado por la Fe, pero lo estaba. En esta narración hay dos verdades fundamentales de la Justificación por la Fe: 1- El perdón es parte integral de la justificación, y 2- Ser justificado por la Fe, no sólo es ser declarado perdonado, es ser transformado por la gracia divina, es toda una experiencia; es quedar abatido en el polvo y dejar allí la gloria y orgullo humano para recibir la justicia de Cristo.2

En cuanto a que la justificación y el perdón son “una y la misma cosa” hay abundante evidencia en las Escrituras. En Romanos 4 el apóstol Pablo habla de la fe que es “contada por justicia”, tomando como base la experiencia del patriarca Abrahán y el rey David. Hablando específicamente de David, dice:

“David habla también de la dicha del hombre a quien Dios atribuye justicia aparte de las obras. Dice: ‘Dichoso aquel a quien Dios perdona sus maldades, y cubre sus pecados’. ‘Dichoso el hombre a quien el Señor no cuenta sus pecados contra él’” (Rom. 4:6-8).

En este tenor nos dice el Espíritu de Profecía:

“Cuando el pecador cree que Cristo es su Salvador personal, entonces, de acuerdo con sus infalibles promesas, Dios le perdona su pecado y lo justifica gratuitamente”.3

“La justificación es un perdón pleno y completo del pecado. Un pecador es perdonado en el mismo momento en que acepta a Cristo por la fe. Se le atribuye la justicia de Cristo, y no debe dudar más de la gracia perdonadora de Dios”.4

En relación con el segundo aspecto, el que señala que ser Justificado por la fe “es ser transformado por la gracia divina, […] es ser abatido en el polvo y dejar allí la gloria y orgullo humano para recibir la justicia de Cristo”, la inspiración también nos dice:

“Nadie sino Dios puede subyugar el orgullo del corazón humano. No podemos salvarnos a nosotros mismos. No podemos regeneramos a nosotros mismos. En los atrios del cielo no se cantará ningún cántico que diga: ‘A mí que me he amado, que me he lavado, que me he redimido a mí mismo, a mí sea tributada la gloria, y el honor y la bendición y la alabanza’. Sin embargo, ésta es la nota tónica del cántico que muchos entonan aquí en este mundo, Ellos no saben lo que significa ser manso y humilde de corazón; y no se proponen saberlo, si pueden evitarlo. Todo el Evangelio está comprendido en que aprendamos de Cristo su humildad y mansedumbre. ¿Qué es la justificación por la fe? Es la obra de Dios que abate en el polvo la gloria del hombre, y hace por el hombre lo que él no tiene la capacidad de hacer por sí mismo”.5

La parte final de esta declaración de Elena de White nos recuerda algunos pasajes de las Escrituras tales como Gén. 18:27 (“soy polvo y ceniza”) y Job 42:6 (“me arrepiento en polvo y ceniza”). Es probable que esta cita sea una referencia indirecta a la parábola del Fariseo y el Publicano. Este último no pudo recibir los beneficios de la justificación porque se exaltó a sí mismo y presentó ante Dios sus propios méritos. Ignoró que su justicia delante de Dios no era más que un “trapo de inmundicia” (Isa. 64:6).

Las Escrituras nos advierten sobre la tendencia siempre presente en el corazón humano de presentar ante Dios méritos propios e ignorar la “justicia que viene de Dios”, la que es por la fe en Cristo. Nada resulta más humillante para el egoísta corazón humano que reconocer su debilidad e impotencia de justificarse ante Dios. Quedar abatido en el polvo para poder obtener la justicia de Cristo, es un precio muy alto a pagar para algunos. Pero sólo los que estén dispuestos a pagarlo recibirán la bendición de la Justificación por la Fe.

Es nuestro privilegio comprender el significado neotestamentario de la fe que “actúa mediante el amor y purifica el alma” o siempre seremos objeto de la incertidumbre y la egocéntrica actitud del Fariseo de la parábola. Saber que Dios nos justifica en virtud de su gracia y por medio de la fe es alentador y trae paz al corazón. También es alentador saber que la Justificación por la Fe establece la justicia de Dios en nosotros transformándonos en personas totalmente cristocéntricas. Es nuestro privilegio comprender cómo nos reconcilia Dios con su divino amor.

Notas:

1 Waggoner, Cristo y su Justicia, pp. 53,54, las cursivas son nuestras.

2 Véase las pp.  96,98-110.

3 Elena White, Review and Herald, 4-11-1890.

4 ————, Sing of the Times, 19-5-1898.

5 ———–, Testimonios para los Ministros, p. 465.

4 comentarios en “La Justificación por la Fe -I

    1. Gracias por escribirnos.

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      Héctor A. Delgado

      Que tengas un lindo día

  1. Cuando Dios consideró justo a Abraham, no fue por el perdón, sino por haber confiado. No obstante, la justificación tiene su fuente en el perdón. Creo que se está confundiendo los efectos de la fe justificante con el concepto de la justificación. La justicia por la cual somos salvos es imputada y la justicia por la cual somos santificados es infundida por medio del Espiritu y que transforma nuestras vidas. Que el Señor te bendiga.

    1. Hola Jairo. Este articulo no analiza la justificación por la fe en el contexto de la experiencia de Abrahán, sino de otros detalles bíblicos.

      La segunda parte de este material completa el análisis. De todas formas, dejo aquí algunas observaciones sobre su comentario:

      1) La justificación es por la fe (y esto implica el perdón de nuestros pecados, cf. Rom. 4:6-8), no por la confianza en Dios. Con todo, la verdadera fe lleva implícita la confianza en la Palabra de Dios. Los escritores del NT diferenciaron entre fe (pisteuo) y confianza (2 palabras: peitho y elpizo) y nunca la presentan como sinónimas. Cuando hablaron de justificación por fe, usaron la palabra correcta (pisteuo = fe, creencia). En Jn. 3:16 se traduce “cree”.

      2) Me parece más correcto decir que la justificación tiene “su fuente” en la gracia de Dios, y no en el perdón. No puede haber dos fuentes para esta experiencia. La justificación comporta el perdón de los pecados, es cierto, pero no termina ahí, como revela la segunda parte de este documento: La Justificación por la Fe -II

      Recomiendo un estudio más reciente preparado para la universidad donde estoy estudiando sobre este tema: El Significado de Justificación.

      Que el Señor les bendiga

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