La Persona y la Divinidad del Espíritu Santo

Pastor Héctor A. Delgado

Clasifíquese: Pneumatología

Cuando se habla de la personalidad del Espíritu, lo que se procura expresar es que Él “posee o contiene en sí mismo los elementos de la existencia personal en contraste con la existencia impersonal”.1 Si existen sentimientos y emociones, inteligencia y voluntad (poder de elección o de decisión), autodeterminación y conciencia del yo combinados en un individuo en particular, se puede decir sin temor a equivocarse que existe personalidad. Todo esto lo posee el Espíritu Santo. Para nosotros, que tenemos una mente limitada, nos resulta sumamente “difícil comprender el concepto de personalidad separado de las formas tangibles y corporales de la humanidad: seres provistos de cuerpos físicos y limitados”.2 Pero Dios no es humano, por lo tanto, “personalidad y realidad corpórea han de distinguirse claramente aunque a veces se confundan. La idea de personalidad no está circunscrita a las limitaciones de la humanidad”.3 Los ángeles no son seres humanos, pero poseen personalidad. Así mismo, podemos determinar la personalidad del Espíritu Santo.

La aseveración de que el Espíritu es una fuerza impersonal o “energía divina personificada” (un concepto complicado por cierto), radica en los siguientes puntos: 1) La personalidad de Dios el Padre y el Hijo es más familiar que la del Espíritu Santo (ya explicaremos en esta sección por qué). Esta última resulta más misteriosa, porque sus acciones, gracia y dones son más secretos. 2) Para describir sus acciones se usan una serie de símbolos que sugieren una influencia más que una persona (vea nuestro estudio en la primera sección). 3) El Espíritu no siempre aparece asociado al Hijo y al Padre en las salutaciones del Nuevo Testamento. 4) La Palabra “Espíritu” en el idioma original es de género neutro (un argumento que pasa por alto un detalle importante).

Pero los textos bíblicos que se usan para sostener estos argumentos no presentan necesariamente “al Espíritu Santo en términos de energía o poder divinos pertenecientes propiamente a la persona del Padre”, más bien lo que hacen es que “dejan abierta la posibilidad  de que se considere al Espíritu Santo como una energía divina no personal. Se necesita evidencia explícita adicional para decir que el Espíritu Santo es o no un ser personal”.4

Fuerza activa y energía de Dios

No creemos que existe algún inconveniente en las expresiones “fuerza activa” y “energía de Dios” aplicadas al Espíritu Santo, si se asocian con Él en la forma correcta. Por ejemplo, nos parece incorrecto definir al Espíritu como “una fuerza activa”, pero sí decir que Él actúa como una fuerza poderosa en procura de salvar a los seres humanos. Él desarrolla un ministerio incesante. También nos parece completamente adecuado decir que el Espíritu de Dios actúa como un gran poder en la habilitación de los creyentes para darle la victoria sobre el pecado. Cuando Pablo habló del “poder que actúa en nosotros, los creyentes” (Efe. 3:20), estaba refiriéndose precisamente a la acción enérgica del Espíritu Santo en la vida de los cristianos. De hecho, cuando dijo a los Colosenses que ellos fueron “resucitados con Él (Cristo) mediante la fe en el poder de Dios”, dijo también que ese mismo poder “levantó de los muertos” a Cristo (Col. 2:12).

Según la carta a los Romanos, fue el Espíritu Santo quien resucitó a Cristo de los muertos (Rom. 8:11). Por lo tanto, el poder está ligado al Espíritu, pero Él no es el poder, sino un Ser todopoderoso. Y si aún encontráramos un pasaje que dijera “el Espíritu es el poder” no implicaría nada, pues leemos que “Dios es el poder” (Sal. 62:11), y  por eso no convertimos a Dios en una influencia impersonal. En 1 Cor. 1:24 leemos también que Jesús es el “poder de Dios”, pero eso no implica que el Hijo carece de personalidad.

A veces encontramos en algunos textos al Espíritu relacionado con el poder de Dios, pero sólo porque Él es el agente comunicador de ese poder. La Biblia hace una clara diferenciación entre el Espíritu Santo y el poder de Dios (1 Sam. 11:6; 16:13; Isa. 11:2; Luc. 1:35; Hech. 1:8; 10:38; Rom. 15:13; 1 Cor. 2:4). Se habla de Jesús como ungido “con el Espíritu Santo y con poder” (Hech. 10:38). Leemos en Miqueas: “Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu de Jehovah, y de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado” (Miq. 3:8). Note que no se confunden el poder de Dios y el Espíritu Santo como si fueran una misma cosa. Por eso  se puede hablar del “poder del Espíritu Santo” y “el poder del Espíritu de Dios” (Rom. 15:13,19).

Además, los proponentes de que el Espíritu Santo es una “energía activa” idéntica al poder de Dios, pasan por alto un hecho importante. Si el Espíritu es una fuerza procedente del Padre, entonces, no puede ser resistida en su operación. Sin embargo, la Biblia nos dice que la obra del Espíritu Santo puede ser resistida y con resultados obvios. Esteban dijo a los judíos: “¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo. Como vuestros padres, así también vosotros” (Hech. 7:51). De igual forma, el hecho de que el Espíritu puede ser entristecido (Efe. 4:30),  afrentado (literalmente “insultado”, “ultrajado”) (Heb. 10:29), y que algunos hasta se aventuraron a mentirle (Hech. 5:3,4), constituye una prueba irrefutable de que estamos ante un ser personal y no una influencia. Si fuera una energía (¡la energía de Dios!) nadie habría podido intentar siquiera hacer lo que los textos anteriores demuestran qué hicieron (¡y continúan haciendo!) algunos individuos contra su persona y su obra.

Aun así se insiste en que el Espíritu Santo es una influencia impersonal. Pero, ¿por qué si Dios es un misterio insondable y nadie lo ha podido ver, es considerado un ser personal? Naturalmente por las descripciones que nos dan las Escrituras. Además, tenemos el innegable ejemplo del Hijo eterno, quien vino a dar testimonio acerca de Él y a revelar su carácter a la humanidad (Juan 3:33,34; 5:36,37; 10:30; 18:37). El mismo Padre da testimonio referente al Hijo (Mat. 3:17; Juan 5:37,39; 8:17,18), y atrae los hombres hacia el Hijo (Juan 6:44). En la economía funcional de la Deidad, tanto el Padre como el Hijo no actúan como guiadores de los seres humanos hacia el Espíritu, sino que el Espíritu atrae la mente de los hombres hacia Cristo. “Cuando venga el Ayudador…, Él testificará de mí”, “Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oiga” (Juan 15:26; 16:13). Si el Espíritu “testifica”, entonces es un ser personal. Testificar y guiar son acciones  que pueden ser realizadas exclusivamente por un ser personal (vea a Apoc. 3:14; Juan 8:12-17).

La función del Espíritu no es atraer a los seres humanos hacia Sí mismo, hacia su persona o ministerio, sino conducirlas hacia Cristo, quien es el Redentor del mundo y el único mediador entre Dios y ellas (Juan 16:8-11; 2 Tim. 2:5).

Subordinación

En el desarrollo del Plan de la Salvación, Cristo desempeña un papel subordinado al Padre, es su enviado a este mundo (Juan 14:28; Heb. 2:9). Así mismo, el Espíritu Santo…

Este artículo completo puede ser leído en el libro: El Espíritu Santo, su persona, su divinidad

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4 thoughts on “La Persona y la Divinidad del Espíritu Santo

  1. He estado trabajando como maestro de Biblia durante los últimos 20 años en la Academia Adventista de Mayaguez, P. R. Me encuentro enseñando este tema en estos momentos y este articulo me será de mucha ayuda. Dios los bendiga.

    Luis Matrínez
    Maestro de Biblia niveles Intermedio y Superior Bilingue
    Academia Adventista de Mayaguez, P. R.

  2. Padre buenas tardes, quisiera que me orientara en donde consigo información sobre el motivo, cuando, como y donde declaró nuestra Iglesia la divinidad del Espíritu Santo? gracias por su apoyo y ayuda

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