El Unigénito del Padre

Por: Héctor A. Delgado

Clasifíquese: Apologética, Cristología

PREGUNTA: Juan 1:18 dice que Cristo es el “Unigénito del Padre”. ¿No enseña este pasaje que Jesús es un ser creado y por lo tanto, inferior a Dios el Padre?

RESPUESTA: Algunos personas creen encontrar aquí una prueba de la creación del Hijo de Dios por parte de su Padre. Es la única forma en que pueden enteder el término “Unigénito”. Curiosamente, en el Códice Alejandrino se traduce este pasaje de la siguiente manera: “El único Dios engendrado”. Por esta razón, más el hecho de que este término se le aplica a Cristo cinco veces en todo el Nuevo Testamento, concluyen que Cristo tuvo un origen en un pasado remoto de la eternidad. Sin embargo, ¿Constituye esta idea la única e inevitable conclusión? ¿Podría la palabra Unigénito significar algo diferente cuando es aplicada a Cristo? Esto lo veremos de inmediato.

Aunque el Códice Alejandrino pueda traducir “el único Dios engendrado”, resulta más interesante  aún saber (y esto es de mayor fuerza) que algunos manuscritos dicen: “El Unigénito Dios”. Esta es la razón por lo que algunas versiones de la Biblia traducen este pasaje de la siguiente manera: “El Hijo único, que es Dios” (Nueva Reina Valera 1990, 2000, Nueva Versión Internacional). Juan 1:18 dice literalmente: “Dios unigénito” (Así lo traduce la Biblia de las Americas).

El término “unigénito” (griego, monogenés) está compuesto de dos palabras. La primera, significa “único”, y la segunda, “clase”; por lo que se traduciría correctamente como “único en su genero” o simplemente “único”. Monogenés resalta la singularidad de Cristo como persona y no su origen como si fuera un ser creado. Por consiguiente, las expresiones: “único engendrado” y “único hijo” nacido de Dios, no se ajustan al significado original del vocablo “unigénito”.

Si insistimos en el significado de “único engendrado”, debemos tomar en cuenta el uso de esta palabra en la carta a los Hebreos, capítulo 11:17. En este texto, Isaac es  llamado el hijo “unigénito” de Abrahán. Y todos sabemos que Isaac no fue el “único” hijo de Abrahán (Gén. 25:1-2). Pero sí fue el hijo “singular”, “especial”, el hijo de la promesa. Entonces, ¿por qué no aceptar este significado cuando el término es aplicado a Cristo? ¿Pudo ser Isaac más especial para Abrahán que el mismo Cristo para su Padre? Otras evidencias bíblicas del uso de la palabra monogenés con sentido de singularidad se encuentra en el evangelio de Lucas 7:12 y 8:42. Allí monogenés se traduce como “único” y “única”.

Por otro lado, el término monogenés se entiende mejor cuando descubrimos la verdad acerca de la obra de Cristo a favor de la raza caída.

Por causa del pecado, la raza humana estaba separada de Dios, nacida bajo un veredicto de condenación (Isa. 59:2; Rom. 5:12; 6:23; 1 Cor. 15:21). Pero gracias a la encarnación, fue posible que Dios “estuviera en Cristo, reconciliando al mundo consigo mismo, sin imputarle sus pecados” (2 Cor. 5:18-19; cf. Isa. 53:5,6,10; Rom. 8:3; 5:15-19). Como el pecado había malogrado la relación de Dios con el hombre, sus hijos eran esclavos del pecado y estaban sujetos a servidumbre eterna. Pero el Redentor apareció en el tiempo señalado por el reloj profético (Gál. 4:4). Cristo mismo señaló la naturaleza de su obra al decir: “El Espíritu del Señor está sobre mí, […] me envió para pregonar a los cautivos libertad, y […] dar libertad a los oprimidos” (Luc.4:16). Esta realiad estaba profetizada acerca del Mesías: “Para que digas a los presos: ¡salid!, y a los que están en tinieblas ¡manifestaos!”. “Para que […] saques de la cárcel a los presos y de prisión a los que están en tinieblas” (Isa. 49:9; 42:7).

La idea es esta: Por causa de su rebelión, los seres humanos habían asumido el status de hijos descarriados (“hijos pródigos”), pero hubo Uno que decidió ejecutar la obra de rescate. El Amado de Dios, su Hijo único, “el unigénito Dios”, quien es uno con el Padre “en propósitos y naturaelza”, vino a este mundo. Y por medio del milagro de la encarnación, llegó a ser lo que nosotros somos y se unió para siempre con la raza redimida. Ahora, gracias a la obra de la redención, Dios ha restaurado toda la humanidad a su favor. Todos han llegado a ser “hijos” de Dios en una forma muy especial. Gracias a la muerte de Cristo, los seres humanos han llegado ha ser “hijos” de Dios no solo por creación, sino por redención (1 Jn. 1:1-3). Y ya en el contexto de la comunidad de creyentes, la Iglesia (los hijos reconciliados con Dios que han aceptado el don de su Hijo), Dios tiene uno que es el “primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:29). El Redentor ocupa un lugar de honor entre ellos. Esta es la razón por la que el término “unigénito” se aplica a Cristo únicamente antes de su muerte en la cruz. Pero después, a Él se le llama “primogénito”, el primero y más exaltado entre todos los hijos de Dios. Es en virtud de lo que Cristo es por naturaleza (“único en su clase”) y por lo que ha hecho por medio de su muerte expiatoria, que los términos “unigénito” y “primogénito” se le aplican en un sentido especial. Esta es la distinción que su muerte ha logrado.

Asi, junto con el gran apóstol Pablo podemos decir: “Gracias a Dios que nos ha hecho un regalo tan grande que no tenemos palabras para expresarlo” (2 Cor. 9:15, DHH).

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