Ni Rapto ni Secreto

Por: Armando Juárez

Clasifíquese: Escatología

Introducción

John Palmer, capitán de la aerolínea Inter-Air, que hace un vuelo directo de Dallas a Frankfurt, recibe una llamada de alarma de parte de la jefa de azafatas que le dice con voz angustiada: “¡Capitán, han desaparecido en pleno vuelo 50 pasajeros, no sabemos adónde se fueron! ¡Solo encontramos suspertenencias, pero ellos han desaparecido!” En ese momento, el capitán recibe una llamada de la torre de control que le informa que en Dallas, y en muchas otras ciudades del país, hay un caos provocado por accidentes de todo tipo. ¿La causa? Miles de personas han desaparecido de sus hogares, trabajos y de las carreteras. ¿Qué está sucediendo? El rapto secreto ha llegado, Cristo ha venido en secreto y se ha llevado al cielo a todos sus fieles seguidores.

Lo que usted acaba de leer es el modo en que muchos interpretan la segunda venida de Cristo, denominada el rapto secreto. Esta es la creencia que muchas denominaciones cristianas tienen acerca de cómo el Señor Jesucristo va a venir por segunda vez.

¿Qué es el rapto secreto?

¿Qué es exactamente la enseñanza del rapto secreto? Es la teoría religiosa que afirma que la iglesia cristiana será removida del mundo secretamente, y que los no creyentes que sean dejados quedarán en la tierra para sufrir siete años de tribulación. Esta tribulación se iniciará con el anticristo quien, poco después que el rapto se haya efectuado, se manifestará como un poder tiránico que controlará el mundo. Las profecías de los siete sellos, las siete trompetas y las siete copas del libro de Apocalipsis serán cumplidas durante esta gran tribulación.

Tim La Haye y Jerry B. Jenkins son los autores de Dejados atrás,1 y de cuatro libros más de una serie que delinean esta teoría en forma de ficción popular. Tan popular es la serie, que se han vendido cuarto millones y medio de libros y casetes en audio. Tiene su propio sitio en Internet, una serie separada, Dejados atrás para niños, y una película basada en los dos primeros libros: Dejados atrásLa fuerza de la tribulación.

¿Qué enseñanza es ésta que hace doscientos años no se conocía en los círculos teológicos, y que ahora ha tomado tanta fuerza que casi todos los grupos protestantes la tengan como una de sus doctrinas fundamentales? Para poder entender este fenómeno es necesario que hagamos un poco de historia acerca de las diferentes escuelas de interpretación profética, y su relación con esta doctrina.

Trasfondo histórico

A lo largo de todo el período del Antiguo y Nuevo Testamento, así como durante los primeros 1.500 años de la iglesia cristiana, la interpretación profética había usado consistentemente el método historicista. Este método consiste en hacer un análisis de la profecía dentro de su contexto histórico y gramatical. Afirma que las profecías de Daniel y Apocalipsis abarcan a toda la historia de la iglesia cristiana, desde sus inicios hasta el establecimiento del reino universal de Cristo, después de su segunda venida.

En el siglo XVI, Martín Lutero afirmó la enseñanza bíblica de la salvación por fe, no por obras, y la autoridad única de las Sagradas Escrituras, rechazando la tradición y denunciando la corrupción moral, teológica y política de la Iglesia cristiana de su tiempo.

En este período, conocido como la Reforma Protestante, dos sistemas teológicos se vieron confrontados. Los católicos romanos creían en la autoridad de la Iglesia; los protestantes, en la de la Biblia. Los unos se confesaban con un sacerdote; los otros solo con Dios. Los católicos creían en el Papa como el representante visible de Cristo en la tierra; los protestantes, en cambio, miraban al Papa como el anticristo. La mayoría de los protestantes estaban de acuerdo en aplicar las profecías del anticristo al papado, aunque algunos le aplicaban algunos símbolos al islamismo. Esta contradicción en la interpretación profética fue la que los llevó a protestar contra Roma. Las siete colinas de Roma, la ropa escarlata de los cardenales y los abusos del papado, hacían más fácil la aplicación de Apocalipsis 17 a la Iglesia Católica como la ramera y el anticristo.

La profecía bíblica parecía favorecer a los protestantes, que usaban el método historicista, por otra parte usado tanto por Cristo y los apóstoles como por los padres de la Iglesia desde el principio de la Iglesia Cristiana. La reacción católica fue buscar un sistema de interpretación profética que les quitara la carga de la profecía.

La Iglesia Católica atacó la posición profética historicista. Debían desviar la aplicación del anticristo al papado, puesto que no había manera de negar la existencia de tal profecía. Los símbolos debían ser empujados fuera del período medieval y de la historia contemporánea.

La respuesta romana fue organizar la orden de los jesuitas para enfrentar la reforma protestante. Los jesuitas confrontaron la interpretación protestante de dos maneras. La primera, a través del jesuita Francisco de Ribera de Salamanca, España, y del cardenal Roberto Belarmino, de Roma, quienes pusieron en acción la interpretación futurista. La segunda, a través de Luís de Alcázar, jesuita español de Sevilla, quien avanzó casi simultáneamente con la interpretación preterista, que por motivos de espacio no consideraremos en este artículo. Estas dos posiciones, aunque contrarias, tenían el mismo objetivo: ubicar la profecía del anticristo en el pasado o bien en el futuro. Los dos métodos son empleados en la actualidad, pero el futurismo es el más aceptado en los círculos protestantes dispensacionalistas, quienes sostienen la teoría del rapto secreto.2

Con su nueva interpretación futurista, Ribera negó la aplicación protestante del anticristo a la Iglesia Romana; él insistía en una interpretación literal del tiempo profético. Discutía que el anticristo era una persona, no un sistema o dinastía. Por lo tanto, la profecía tenía que ver con los primeros siglos de la era cristiana. Durante algún tiempo, el futurismo estuvo confinado a los católicos, y era refutado por algunos protestantes.

En 1826, Samuel L. Maitland, William Burgh y J. H. Todd, escritores protestantes, empezaron a aceptar las ideas del futurismo. Pero éste tomó fuerza entre los protestantes fundamentalistas a causa de un incidente que puso en tela de juicio el método historicista.

Guillermo Miller, líder del movimiento adventista, siguiendo el método historicista, llegó junto con sus colaboradores a la conclusión de que la segunda venida de Cristo sería en 1844, basados en la interpretación de la profecía de los 2.300 días de Daniel 8. Cuando este evento no sucedió, los otros teólogos protestantes, al ver el fracaso de la interpretación historicista, empezaron a buscar otro método que fuera más confiable. No tomaron en cuenta que el error no estaba en el método sino en la interpretación del evento de la purificación del Santuario celestial, que de acuerdo con las Escrituras se realizaría en el cielo y no en la tierra.3

En la actualidad, el futurismo se encuentra arraigado entre los protestantes dispensacionalistas (que creen en el rapto secreto). La Iglesia Católica no usa más este método de interpretación.

Pero, ¿qué enseñan en realidad las Escrituras acerca de la segunda venida de Cristo?

Lo que enseñan las Santas Escrituras

Cuando Cristo habló de las señales de su segunda venida, con el fin de que lo creyentes distinguieran entre el acontecimiento genuino y las falsas manifestaciones, dio señales claras de cómo sería su venida. Veamos algunas de ellas.

Su venida será personal y literal. Cuando Cristo ascendió al cielo, dos ángeles les dijeron a los discípulos: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11). Así como su ascensión fue visible y física, de la misma manera será su segunda venida. Los dispensacionalistas buscan explicar esto diciendo que la segunda venida está dividida en dos partes: la venida de Cristo por sus santos (el rapto secreto), y la venida de Cristo con sus santos (la revelación), y que es solamente en esa revelación donde él aparecerá visiblemente. Pero esto en realidad postula dos venidas en lugar de una, como lo enseña la Biblia.

Un retorno visible. La Sagrada Escritura establece con claridad que su segunda venida será visible tanto para los justos como para los impíos: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén” (Apocalipsis 1:7). Simplemente no hay ningún indicio de un rapto secreto en la Escritura.

Un retorno estruendoso. La venida de Cristo es descrita consistentemente no solo como un evento visible, sino también estruendoso, que será además acompañado por la resurrección de los muertos. Se nos dice que “él Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16; ver 1 Corintios 15:51-52). En su sermón profético, el Señor señaló que su venida será “como el relámpago” (S. Mateo 24:27), que “lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará a sus ángeles con gran voz de trompeta….” (vers. 30, 31). Como se puede notar, esto no deja lugar para secretos.

Además de la descripción de este evento como ruidoso y claramente visible por todos los habitantes de la tierra, este pasaje nos advierte en contra de la creencia en una venida de Cristo en secreto: “Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis” (S. Mateo 24:23); y, “así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis” (vers. 26).

Además, en contra de esta teoría, Pablo enseña que dos eventos han de ocurrir antes de la venida de Cristo: primero “la apostasía”, y luego la revelación del “hombre de pecado”. Después de esto, viene la segunda venida del Señor (2 Tesalonicenses 2:1-10). Como se puede ver, esta revelación del anticristo será antes de la venida de Cristo, no después, como afirman los que creen en el rapto secreto.

Un retorno repentino e inesperado. La Escritura enseña que la venida de Cristo será repentina e inesperada, especialmente para los incrédulos. Esta es la enseñanza de Pablo: “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón (1 Tesalonicenses 5:2-4). Lo que Pablo destaca no es que la venida de Cristo será secreta, sino que para los mundanos será tan inesperada como la de un ladrón. No se trata de Jesús, sino del día que viene, como ladrón. Que será repentina e inesperada no significa que será secreta. Él vendrá rápidamente como un ladrón, inesperadamente, pero en glorioso esplendor como el relámpago en triunfante gloria (ver S. Mateo 24:42-44; 1 Tesalonicenses 5:1-5; S. Mateo 24:27).

Luego de lo dicho, debemos concluir que la venida de Cristo, tal como la revela la profecía bíblica, es literal, visible, audible, catastrófica, repentina e inesperada, y afectará a toda la raza humana, no en forma secreta ni solo para los creyentes.

Por eso es importante que escuchemos la advertencia del Señor: “Ya os lo he dicho antes. Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre” (S. Mateo 24:25-27).

Referencias bibliográficas:

1Tim La Haye y Jerry Jenkins, Dejados atras (Miami: Editorial Unilit, 1995).
2Para un análisis mas amplio de las creencias del futurismo y del preterismo ver: L. E Froom, The Prophetic Faith of our Fathers, tomo II (Washington, DC,: Review and Herald, 1948), pp. 485-532.
3Para una discusión mas abarcante de este tópico, ver: Asociación Ministerial de la Asociación General de ASD, Creencias de los Adventistas del Séptimo Día (Nampa, ID: Pacific Press Publishing Assn., 1988), pp. 360-382.

Cortesía de: El Centinela

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