Jesús y el Espíritu Santo

(La Humanidad de Cristo)

Por: Arnold Wallenkampf

Clasifíquese: Cristologia

Unas Palabras al lector: Publicamos con mucha satisfacción esta sección del capítulo 3 del libro “Renovados por el Espíritu”, pp. 35-44, del extinto erudito adventista Arnold Wallenkampf. Es un material que llega en un momento oportuno cargado de buenas nuevas de gran gozo. Desde hace muchos años los artículos sobre cristologia publicados en nuestras revistas y libros tienden a rechazar la idea de que cuando Cristo se encarnó tomó la naturaleza humana caída del hombre. Mientras que por un lado leemos que la iglesia ha tomado una posición “tangencial” en este punto, permitiendo así el debate en forma abierta, por otro lado ha estado siendo promovida una posición definida sobre este tema.

Algunos teólogos y escritores (hasta donde hemos podido rastrear el tema) creen que Jesús asumió una naturaleza humana “única”.  Esta nueva posición está teniendo más fácil acceso a los miembros de la iglesia, pues en algunas revistas, una dirigida a los ministros y otra dirigida a los miembros de la iglesia, se está enfatizando la posición que sostiene que Jesús no era ni igual a nosotros, pero tampoco igual a Adán antes de la caída*. Estamos hablando entonces, no sólo de una Persona única (esto de hecho es correcto), sino de una Persona con una naturaleza humana “única” dentro de todo lo que se considera “humanidad”. Esta nueva posición puede tener algún crédito, pero a mi entender (después de haberla estudiado) no responde aún algunas preguntas claves sobre el tema. Además, usa ciertas citas del Espíritu de Profecía que estudiada en su contexto, parecería no brindarle su apoyo. Por otro lado, pienso que constituye una posición un tanto más difícil de entender que cualquiera de las otras dos (la no caída o la caída).

Para ser justos en esto y sostener con mayor credibilidad e imparcialidad la posición “tangencial”, deberíamos encontrar publicados también algunos artículos que sostienen la otra posición: la caída.

Cuando este libro del Wallenkampf llegó a nuestras manos fue motivo de gran alegría. Poder leer un material reciente que sostiene en forma abierta y bien estructurada el tema de Cristo en la naturaleza humana caída fue motivador. “Si estos argumentos – me dijo mi esposa al ayudarme a digitar este documento – no persuade a alguien, no sé cuál lo hará”. Le dije que estaba de acuerdo, pero también le expresé que ninguna escrito, fuera de los inspirados, tiene la última palabra sobre este tema. Y es que al tratar cualquier aspecto sobre la Persona y la Obra del Hijo Eterno, nos enfrentamos al mayor misterio jamás conocido por los mortales. Por eso, presentamos este material sólo a manera de reflexión, pues pensamos que refleja muy bien lo que la Biblia y el Espíritu de Profecía sostienen sobre la naturaleza humana de Cristo.

Algo más, y diremos esto porque hay cosas relacionadas con este tema que nos causa algunos desconciertos. Cuando los comentarios de la Escuela Sabática sobre el Espíritu Santo fueron publicados en la Internet, también fueron publicados los capítulos del Libro de Wallenkampf, pero curiosamente el capítulo 3 nunca fue publicado. De igual manera, el folleto no abordó el tema en forma directa. Por eso, siempre quisimos digitar este capítulo (o parte de él) y ponerlo a disposición de los lectores de Reflexiones Teológicas, que como nosotros, y muchos otros en todo el mundo, luchan por tomar la mejor decisión sobre este tema, y sentir que al tomarla, lo hacemos basados en la santa e inmutable Palabra de Dios, y NO sobre las opiniones de hombres falibles y mortales.

Sea, pues, de estímulo y reflexión la lectura de este valiosísimo material. Que Dios le guíe y le dirija en el estudio del mismo. Hector A. Delgado


Por medio de la encarnación, Dios se hizo hombre en Jesús. Para la mente humana, la encarnación es un misterio escondido en la divinidad. No podemos explicarla; meramente la aceptamos.

El apóstol pablo dice que Dios envió a “su hijo en semejanza de carne de pecado” (Rom.8:3), “hecho semejante a los hombres” (Fil.2:7), y “en todo semejante a sus hermanos” (Heb. 2:17). Por esta razón “Jesús tomo sobre si mismo la naturaleza humana, no la de los ángeles” (Heb. 2:16, Biblia Plenitud).

El apóstol se esfuerza por mostrar que Jesús era ciertamente un hombre, porque solo como hombre podía efectuar su labor sumo sacerdotal.

“Cristo no tomo la naturaleza humana en forma aparente. La tomo de verdad. En realidad, poseyó la naturaleza humana”.(1) “Cristo llevo los pecados y las debilidades de la raza tal como existían cuando vino a la tierra para ayudar al hombre. Con las debilidades del hombre caído sobre El, a favor de la raza humana había de soportar las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los que pudiera ser atacado el hombre”.(2) “Como cualquier hijo de Adán, acepto los efectos de la gran ley de la herencia”.(3)

“Jesús llevó un cuerpo físico, formado según el cuerpo humano afectado por el pecado. Sin embargo, no tenía conexión con el pecado, porque el pecado que se aferraba al cuerpo humano que asumió, no afecto su carácter ni tuvo poder sobre El. Jesús tomó la semejanza en la forma y la apariencia del hombre, pero hubo una distinción definida en esencia”.(4)

Pero aunque nuestro salvador tomo una naturaleza humana y vivió entre los hombres “en semejanza de carne de pecado” (Rom.8:3). No debemos tener dudas en cuanto a la perfección impecable de la naturaleza humana de Cristo”.(5) Jesús no se manchó con el pecado a pesar de la naturaleza humana que asumió. “En su  naturaleza humana El mantuvo la pureza de su carácter divino”.(6) “El era perfecto, y sin la mancilla del pecado”.(7)

Hebreos 2:17 dice que “debía ser en todo semejante a sus hermanos”. “La palabra que se traduce ‘debía ser’ se refiere a algo ‘impuesto por necesidad’, ya sea por la ley o el deber, o por la razón, o por los tiempos, o por la naturaleza del asunto bajo consideración (Thayer). En este caso fue la naturaleza del asunto lo que impuso la obligación”.(8)

Si Dios le hubiese dado a Jesús una naturaleza humana diferente de la que poseemos- aparte del conocimiento experimental del pecado-no podría haber sido nuestro salvador. Además, Satanás inmediatamente lo habría acusado a El y al Padre de fraude, de que no era un hombre verdadero, y que aunque El podía vivir sin pecar, por tener una naturaleza diferente a la nuestra no podía esperarse que el hombre hiciese lo mismo, porque le es imposible.

“No necesitamos colocar la obediencia de Cristo en una categoría especial, como si fuera algo a lo cual el estuviera peculiarmente adaptado por su naturaleza divina particular […] si Cristo hubiera tenido poder especial que el hombre no tiene el privilegio de poseer, Satanás se hubiera valido de este argumento. La obra de Cristo refutaría las afirmaciones de Satanás de que El dominaba al hombre, y el señor podía hacer esto solamente de la manera en que lo hizo: como hombre, tentado como hombre, prestando la obediencia de un hombre”.(9)

Pablo afirma que cuando Cristo vino al mundo, vivió en las mismas condiciones que nosotros. Pablo esta convencido de que – de alguna manera – Jesús vivió bajo el poder del pecado, aunque este no pudo encontrar respuesta ni lugar en Cristo. Por ser “carne”  tuvo las mismas tentaciones que nosotros. Su cuerpo ansiaba alimentos cuando Satanás se lo ofreció.

Y se le ocurrió que podía obtenerlos convirtiendo las piedras en pan. Pero tan pronto como tal pensamiento se registro en su conciencia, lo rechazo resueltamente,  al igual que rechazo la sutil tentación que le llego por medio de pedro, cuando este sugirió que Jesús no debía permitir que lo mataran en Jerusalén. A esa tentación, Jesús Instantáneamente repuso: “Quítate de delante de mi, Satanás” (Mat.16:23).

En esta y en todas las tentaciones, Jesús dominó la tentación y el pecado. Cuando asumió la forma de carne de pecado, Cristo venció el pecado en su propio ambiente. “A lo largo de la historia, la iglesia ha confesado que Cristo tomó sobre sí la naturaleza humana real de la virgen Maria, no como fue antes de la caída, sino tal como había llegado a ser por causa de la caída y después de esta.

“Esto se lo expresa claramente en Hebreos 2:14, 15 […] Basados en la autoridad de la Palabra divina, no podemos dudar entonces que el Hijo de Dios se hizo hombre en nuestra naturaleza caída”.(10)

Con un cuerpo enmarcado en la semejanza de carne de pecado, Cristo, intrínsecamente sin pecado, llego a ser el representante de la humanidad pecaminosa. En el propio reino del pecado era que el Hijo traería el pecado a juicio, lo vencería y le arrebataría su poder.(11)

“Si Cristo no hubiera tenido la naturaleza del hombre, no podría ser nuestro ejemplo. Sino participo de nuestra naturaleza, no podría haber sido tentado como lo ha sido el hombre. Si no hubiera sido posible que se rindiera a la tentación, no podría ser nuestro ayudador”.(12) “Si no hubiese sino plenamente humano, Cristo no podría haber sido nuestro sustituto”.(13)

“cuando le damos a su naturaleza humana un poder que no es posible que tenga el hombre en sus conflictos con Satanás, destruimos la integridad de su humanidad”.(14)

No obstante, durante la encarnación, Cristo no se separó de su divinidad. “al deponer su manto real y su corona principesca… veló su divinidad con el manto de la humanidad, pero no se separo de su divinidad”.(15) “La divinidad y la humanidad estaban combinadas en Cristo”.(16)

Por ser tanto Dios como hombre, Jesús poseía ambas naturalezas. “Nos presenta las dos naturalezas de Cristo: la divina y la humana”.(17) “Las dos naturalezas se mezclaron misteriosamente en una sola persona: el hombre Cristo Jesús”.(18)

Solo las personas pueden pecar. Los objetos como los árboles y las piedras no pecan. Ni las naturalezas pecan. Solo las personas dotadas con mentes, inteligencia y la capacidad de tomar decisiones pueden pecar. Jesús poseía dos naturalezas: una divina y otra humana. A través de la encarnación, estas dos naturalezas estuvieron mezcladas en una persona: Jesucristo. El no contaminó ninguna de sus dos naturalezas con el pecado. Jesús fue sin pecado.

  • [Cita Relacionada: “Cristo no pecó, ni fue hallado engaño en su boca. No corrompió la naturaleza humana [con la desobediencia], y aunque en la carne, no transgredió la Ley de Dios en ningún particular. Más aún, eliminó toda posible excusa que el hombre caído pudiera evocar, a modo de razón para no obedecer la Ley de Dios… Este testimonio concerniente a Cristo muestra llanamente que condenó el pecado en la carne” – EGW, Sings of the Times, 16-1-1896].

En su naturaleza humana, Jesús conquistó a Satanás. “El enemigo fue vencido por Cristo en su naturaleza humana. El poder de la Deidad del salvador estaba oculto. Venció con la naturaleza humana dependiendo de Dios para su poder”.(19) Pero “Cristo en su humanidad dependía del poder divino. ‘No puedo yo de mi mismo hacer nada’, declaró [Juan 5:30]”.(20)

Fue el poder divino, que ayudaba a su naturaleza humana, lo que permitió que Jesús enfrentara cada prueba y tentación victoriosamente. Con sus propias fuerzas, como un mero hombre, nunca podría haber sido victorioso.

“La humanidad de cristo por si sola nunca podría haber ganado esta prueba [la tentación del apetito en el desierto], pero su poder divino combinado con la humanidad gano en lugar del hombre una victoria infinita”.(2) “En su naturaleza humana y divina combinadas, Cristo soportó todo lo que era posible que el hombre soportara en el conflicto con Satanás. Obediente e inmaculado hasta lo último, murió por el hombre como su sustituto y garantía. Soportando todo lo que el hombre tuviera que soportar debido al engañoso tentador, para que el hombre venciera siendo participante de la naturaleza divina”.(22)

Pero si Jesús durante su encarnación poseía una naturaleza “caída”, “pecaminosa” como la nuestra, ¿por qué no sucumbió a la tentación y al pecado como todo otro ser humano? En ultima instancia, “que Cristo pudiera ser tentado en todo como lo somos nosotros y sin embargo fuera sin pecado, es un misterio que no ha sido explicado a los mortales. La encarnación de Cristo siempre ha sido un misterio, y siempre seguirá siéndolo”.(23) Pero he aquí algunos pensamientos que podrían ayúdanos a entenderla: “Tomo sobre sí la naturaleza caída y doliente del hombre, degradada y contaminada por el pecado”.(24) “Al tomar sobre si la naturaleza humana en su condición caída, Cristo no participó en lo mas mínimo en su pecado”.(25) “Tomó sobre su naturaleza sin pecado nuestra naturaleza pecaminosa, para poder saber como socorrer a los tentados”.(26)

Hablando en términos humanos, el secreto se encuentra en nuestra relación con el Espíritu y el poder divino disponible al hombre por su medio. Jesús escogió en todo momento y en toda circunstancia aliarse con su padre y experimentar de esa manera la morada del Padre en su interior a través del ministerio del Espíritu Santo. Durante su estadía sobre la tierra, Jesús no hizo nada por sí solo. Permaneció constantemente alerta a la voluntad de su padre por medio del Espíritu Santo. En Juan 8:29, Jesús dijo respecto de la relación con su padre. “yo hago siempre lo que le agrada”. El subordino su voluntad a la de su padre.

A lo largo de todo su ministerio, Jesús escogió ser dirigido momento a momento y días tras días por el Espíritu. Se comprometió sin reservas a hacer la voluntad de su Padre, según se le revelaba en los rollos sagrados y las indicaciones del Espíritu, su sometimiento a la voluntad de su Padre en Getsemaní ilustra esta actitud.

No insistió en preservar su vida física; escogió morir antes que ir contra la volunta de su Padre. “Por nuestra causa, ejerció un dominio propio mas fuerte que el hambre o la misma muerte”.(27) Crucifico sus propias inclinaciones, aunque no tenía mas deseos de morir que usted o yo. Le rogó a su Padre que hiciera pasar aquella copa de sufrimiento, si era posible. Pero prefirió morir a los 33 años de de edad antes que contrariar la voluntad de su Padre al preservar la vida.

Jesús pudo haber escapado fácilmente a la muerte. Solo habría tenido que efectuar algunos milagros ante el rey Herodes, y el rey lo hubiese soltado inmediatamente.(28) Pero El no había venido a esta tierra para vivir una vida tranquila, o para salvarse a si mismo; El vino para salvar al ser humano abrumado y muerto en el pecado (ver Efe. 2:1). Dirigido y sostenido por el Espíritu, este era su propósito constante.

Por estar lleno del Espíritu, “ni por un momento hubo en Él una mala propensión”,(29) ni una disposición favorable o deseo hacia el pecado. El Espíritu y  el pecado no pueden morar en la misma mente a la vez, porque  “si el Espíritu habita en el corazón, el pecado no puede morar allí”.(30)

Jesús no tenía propensión hacia al pecado, y se nos dice: “No lo presentéis ante la gente como un hombre con tendencias al pecado”.(31) Entendemos mejor esto cuando leemos la definición de “tendencias” o “propensiones” según Elena G. de White: “Debemos renunciar a la autoindulgencia, al agrado del yo, al orgullo y la extravagancia. No podemos ser cristianos y gratificar estas propensiones”.(32) Según estas definiciones, las propensiones son deseos acariciados. En la mente y los pensamientos de Jesús no hubo ni por un momento una disposición favorable o un sesgo hacia el pecado o por apartarse de la voluntad de su Padre. Coloco su mente como un pedernal para hacer la voluntad de su Padre (ver Isa. 50:7).

La justicia no consiste únicamente en hacer y hablar lo correcto, sino en los pensamientos y sentimientos correctos, y los “pensamientos combinados con los sentimientos constituyen el carácter moral”.(33) Por lo tanto, cuando a través del tentador llegaron a Jesús las sugestiones malignas de convertir las piedras en pan, saltar del pináculo del templo o postrarse para adorar [al enemigo de Dios] y así recobrar el mundo de una manera mas fácil que la de subir al Calvario, inmediatamente las rechazó. Tan pronto como la posibilidad se registró en su percepción consciente, Jesús rechazó la idea. “Nunca dejéis, en forma alguna, la mas leve impresión en las mentes humanas de que una mancha de corrupción o una inclinación hacia ella descansó sobre Cristo, o que de alguna manera se rindió a la corrupción”.(34)

Usted y yo a veces hemos escogido pecar en el pensamiento, aunque nos hemos reprimido de cometer el acto pecaminoso. Pero aunque no pecamos en las acciones, al admitir el pensamiento en nuestra mente, cedemos a la tentación y en efecto pecamos. En el sermón del Monte, Jesús identificó los pensamientos pecaminosos como pecado al decir que “cualquiera que se enoje contra su hermano será culpable de juicio”, y “cualquiera que mira una mujer para codiciarla, ya adultero con ella en su corazón” (Mat. 5:22, 28).

“Cristo no poseía la misma deslealtad pecaminosa, corrupta y caída que nosotros poseemos”.(35) Si una mujer soltera acepta salir de paseo con un soltero disponible, nadie la condena. Pero si una mujer casada hace lo mismo, o siquiera lo considera, es desleal a su esposo. Jesús nunca fue desleal a su Padre. No tomaba en cuenta las proposiciones satánicas. Usted y yo hemos considerado sus tentaciones, Jesús decidió no hacerlo. “Ni siquiera por un pensamiento cedió a la tentación”.(36)

“Que cada ser humano permanezca en guardia para que no haga a Cristo completamente humano, como uno de nosotros, porque esto no puede ser”.(37) Ciertamente, El no era como nosotros, que a menudo aceptamos favorablemente los acercamientos de Satanás, y los tomamos en cuenta y los ponderamos, lo que constituye una deslealtad hacia Dios, quien nos ha tomado como esposa.

Si no pensamos o contemplamos la posibilidad de cierto acto pecaminoso, la pasión o el sentimiento intenso por El no se desarrolla. Algunos de nosotros hemos tenido la experiencia de haber pensado sobre algún pecado hasta que se torna en una pasión incontrolable.

Al referirse al tema de las pasiones en relación con Jesús, Elena de White dice: “Él es un hermano en nuestras flaquezas, pero no en nuestras pasiones”.(38) “Era un poderoso peticionario, que poseía las pasiones de nuestra naturaleza humana caída, pero estaba asediado por flaquezas semejantes, tentado en todo sentido como nosotros”.(39) Tenía la naturaleza humana con su capacidad de recibir influencia de agentes o fuerzas externas, pero decidió no ser movido por estas por causa de su lealtad al Padre. Acerca de esto, Elena de White dice: “Aunque El sentía toda la fuerza de la pasión de la humanidad, nunca cedió a la tentación de hacer un solo acto que no fuera puro, elevador y ennoblecedor”.(40)

Jesús siempre obedeció gustosamente a la voz divina que le hablaba. Subordino su naturaleza humana a su naturaleza divina y su voluntad humana a su voluntad divina. “En Cristo hubo un sometimiento de lo humano a lo divino. Resistió su divinidad con humanidad… En su humanidad, Cristo fue obediente a todos los mandamientos de su Padre”.(41) Usted y yo usualmente conocemos la voluntad de Dios, pero a veces hemos insistido en hacer lo que queremos en vez de lo que Dios quiere. Jesús nunca hizo esto. Que Dios nos perdone esta insistencia.

Por medio de su sometimiento constante a la conducción del Espíritu, Jesús cumplió todos los requisitos de la ley de su Padre. Su alma y su carácter eran y permanecieron puros; y los únicos pensamientos que llegaban a su mente eran motivados por el Espíritu, y por lo tanto agradaban a su Padre. “Unió la humanidad con la divinidad; un espíritu divino moraba en su templo de carne”.(42)

* Dos obras publicada recientemente sostienen este punto de vista: 1) Los Adventistas Responder Preguntas Sobre Doctrina, y 2) La Naturaleza Humana de Cristo, escrito por Roy Adans.

Referencias:

1- White, Mensajes selectos, t. 1, p. 290.

2- White, Ibid., p. 314.

3- White, El Deseado de todas las gentes, p. 32.

4- Ver Gerhard Friedrich, ed., Theological Dictionary of the old Testament (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing House, 1970),t. 5. pp. 195, 196.

5- White, Mensajes selectos, t. 1, p. 300.

6- White, Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 896.

7-White, Spirit of prophecy (Washinton, D.C.: Review and Herald). T. 2, p. 11.

8- The Expositor’s Greek Testament (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing House), t. 4. p. 269.

9- White, Mensajes selectos, t. 1, pp. 157, 158.

10-Abraham Kuyper, The Work of the holy Spirit (Grand Rapids, Mich.: William B. Eerdmans Publishing House, 1975), p. 84.

11- Anders Nygren, Commentary on Romans (Philadelphia: Muhlenberg press, 1949), pp. 313-315.

12- White, Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1057, 1058.

13- White, Signs of the times, 17 de junio, 1897.

14- Comentarios de Elena G. de White, Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 941.

15- White, Comentario bíblico adventista, t. 7-A, pp. 442, 443.

16- White, Mensajes selectos, t.  1. p. 478.

17- White, Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1103.

18- Ibid., p.1088.

19- Ibid., p. 1083.

20- White, El Deseado de todas las gentes, pp. 628, 629.

21- White, Confrontation (Washington, D. C.: Review and Herald, 1971), pp. 66, 67.

22-  White, Mensajes selectos, t. p. 401, 402. 30.

23- White, Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1103.

24- Ibid., t. 4, p. 1169.

25- Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1105.

26- White, Medical Ministry, p. 181.

27- White, El Deseado de todas las gentes, p. 92.

28- Ibid., ver pp. 672-679

29- Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 895.

30- White, Review and Herald, 16 de marzo, 1886.

31- Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1102.

32- White, Review and Herald, 16 de marzo, 1893.

33- White, Mente, carácter y personalidad, p. 615.

34- Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1103

35- White, Mensajes selectos, t. 3, p. 147.

36- White, El Deseado de todas las gentes, p. 98.

37- Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 1103.

38- White, La fe por la cual vivo, p. 51.

39- White, La maravillosa gracia, p. 167.

40- White, En lugares celestiales, p. 155.

41- White, Review and Herald, 9 de noviembre, 1897.

42- White, Comentario bíblico adventista, t. 4, p. 1169.

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