Beneficios del Sacrificio Expiatorio de Cristo

Por: Herbert E. Douglass

Clasifíquese: Sotariologia

El siguiente artículo, publicado en la revista digital Spectrum, constituye un Comentario sobre la lección de la Escuela Sabática para la semana del 6 al 12 de diciembre, 2008. Este comentario estuvo precedido por un artículo del teólogo Desmond Ford titulado “Expiacion en la Cruz”. Si algunos de nuestros lectores se interesara en la lectura de este material, por favor, escríbanme a reflexionesteologicas@gmail.com para proveerlo por e-mail.

¡El estudio de esta semana es, probablemente, la preocupación más importante que enfrenta la Iglesia Adventista del Séptimo día de hoy! Por desgracia, desde 1957 “los beneficios del sacrificio expiatorio de Cristo” han sido entendidos por lo menos de dos formas distintas entre los adventistas.

En el libro Preguntas sobre Doctrina nuestros dirigentes estaban defendiendo la afirmación de Walter Martin (29) de que los adventistas han sido acusados de enseñar que la expiación no se completó en la cruz. Al discurrir en torno a esta cuestión, los autores deberían haber respondido “Sí” y, a continuación, haber explicado exactamente lo que habíamos querido decir durante un siglo con respecto a la diferencia entre el “sacrificio expiatorio” de Cristo y la “expiación final”. Ningún Calvinista lo habría entendido, a menos que estuviera dispuesto a profundizar en la Biblia o, por lo menos, escuchar la clara explicación de Elena de White, basada en la Biblia.

En lugar de desplegar nuestra comprensión de más de un siglo sobre la relación entre Cristo en el Calvario y Cristo en el santuario celestial, citaron un párrafo enredado de Primeros Escritos, página 260. ¡A primera vista, inferían que lo que está sucediendo en el santuario celestial no es parte de la expiación, sino sólo una “aplicación de la expiación”, sea lo que sea lo que eso signifique!

Veamos de nuevo Primeros Escritos, página 260. A primera vista, la inferencia es que lo que está sucediendo en el santuario celestial no es parte de la expiación, sino sólo una “aplicación” de la expiación.

El contexto más amplio de esta declaración sobre los “beneficios de la expiación” comienza en la página 251 de Primeros Escritos: “Jesús envió a sus ángeles para dirigir las mentes de los adventistas milleritas chasqueados hacia el Lugar Santísimo, donde había ido a purificar el santuario y a hacer una expiación especial para Israel” (el subrayado es nuestro).

Luego, en la página 253: “Así como el sacerdote entraba una vez al año en el lugar santísimo para purificar el santuario terrenal, también Jesús entró en el lugar santísimo del celestial al final de los 2300 días de Daniel 8, en 1844, para hacer una expiación final por todos los que pudiesen recibir el beneficio de su mediación, y purificar de este modo el santuario” (el subrayado es nuestro).

Es sumamente difícil extraer de estas declaraciones (y otras) que la Expiación se hizo sólo en la cruz, y que sólo sus “beneficios” resumían la labor de Cristo como Sumo Sacerdote. Con una aplicación incorrecta de una declaración sacada fuera de su contexto que infería que la expiación se completó en la cruz, el mundo protestante se mostró satisfecho, pero el mundo adventista había sido confusa y tristemente tergiversado.

Lo que parecía aún peor, por alguna extraña razón, distinta de una ceguera temporal, el trío de Preguntas sobre Doctrina no siguió la maduración del pensamiento de Elena de White con posterioridad a 1851, en su comprensión más amplia de la expiación.

¿Cuáles son estos beneficios del ministerio sumo sacerdotal? Como Sumo Sacerdote, “Cristo debía completar su trabajo y cumplir su promesa de ‘hacer un hombre más precioso que el oro fino, e incluso más que el oro de Ofir’ (Isa. 13:12). Todo el poder en el cielo y en la tierra fue dado al Príncipe de la vida, y regresó a su seguidores en el mundo de pecado, para poder impartirles su poder y su gloria” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, 790).

El trío de Preguntas sobre Doctrina podría haber incluido la comprensión más amplia de Elena de White sobre la expiación, que puede entenderse como teología correcta, de haber usado la teología de la elipse: Nuestra salvación se debe a lo que Cristo hizo en el Calvario y a lo que Cristo está haciendo en el santuario celestial. Realmente no podemos tener una cosa sin la otra para disfrutar de todo el evangelio.

  • “El Espíritu iba a ser dado como un agente de regeneración, y sin esto el sacrificio de Cristo habría sido inútil. El pecado podría ser resistido y superado sólo a través de la poderosa energía de la Tercera Persona de la Divinidad, que vendría con una energía irrestricta, en toda la plenitud del poder divino. Es el Espíritu el que hace eficaz lo que había sido realizado por el Redentor del mundo […] Cristo ha dado su Espíritu como un poder divino para superar todas las tendencias al mal, hereditarias y cultivadas, y para grabar su propio carácter en su iglesia” (Elena de White, El Deseado de Todas las Gentes, 671).

Pero hay mucho más, donde Elena de White ha ampliado este concepto de los “beneficios” y de la “expiación”:

  • “Y como la purificación simbólica, o típica, de la tierra era realizada por la eliminación de los pecados que la habían contaminado, así también la purificación real de las cosas celestiales se debe realizar por la eliminación de, o acto de borrar, los pecados que se hayan registrado allí. Pero antes de que esto se pueda lograr, debe haber un examen de los libros de registro para determinar quiénes, a través del arrepentimiento del pecado y la fe en Cristo, tienen derecho a los beneficios de su expiación. La purificación del santuario, por lo tanto, implica un trabajo de investigación—una obra de juicio. Este trabajo debe realizarse antes de la venida de Cristo para redimir a su pueblo, porque cuando Él venga, su recompensa vendrá con El para dar a cada uno según sus obras (Apoc. 22:12).
  • “Asistido por ángeles celestiales, nuestro gran Sumo Sacerdote entra en el Lugar Santísimo y allí aparece en la presencia de Dios para participar en los últimos actos de su ministerio a favor del hombre—para llevar a cabo la labor del juicio investigador y para hacer expiación por todos que tienen derecho a sus beneficios […] Por lo tanto, en el gran día de la expiación final y del juicio investigador, los únicos casos que se consideran son los del profeso pueblo de Dios [es decir, todos aquellos, de todas las épocas, que profesaron lealtad a Dios]” (Elena de White, El Gran Conflicto, 422, 480, el subrayado es nuestro).

Enfocándonos en lo que podemos esperar de la obra mediadora de Cristo, día a día, es útil recordar por qué Jesús es nuestro Sumo Sacerdote en la finalización de la obra de expiación por usted y por mí:

Por ejemplo,

  • “Toda persona que rompa con la esclavitud y el servicio a Satanás, y esté bajo el estandarte ensangrentado del Príncipe Emmanuel, será conservado por la intercesión de Cristo. El Señor, como nuestro Mediador, a la diestra del Padre, nos mantiene siempre a la vista, ya que es tan necesario que nos guarde por su intercesión como que nos redima con su sangre. Si dejara de sostenernos por un momento, Satanás está al acecho para destruirnos. Los que han sido adquiridos por su sangre, son los que ahora son guardados por su intercesión. Él vive siempre para interceder por nosotros. Por lo cual Él es capaz también de salvar a los que vienen a Dios por medio de Él, viviendo siempre para interceder por ellos Heb. 7:25″ (Manuscritos Liberados, vol. 15, 104. El subrayado es nuestro).

¿Qué podría ser más claro que el uso teológico de la elipse por parte de Elena de White?:

  • “Satanás inventa innumerables planes para ocupar nuestras mentes, para que éstas no se familiaricen con lo que deberíamos conocer mejor. El archiengañador odia las grandes verdades que traen a la luz el sacrificio expiatorio y al todopoderoso mediador. Él sabe que lo que debe hacer es desviar las mentes de Jesús y Su verdad. Aquellos que reciben los beneficios de la mediación del Salvador no deben permitir que nada interfiera con su deber de santidad perfecta en el temor de Dios” (Elena de White, El gran conflicto, 488. El subrayado es nuestro).

Aquí hay otro ejemplo típico de la comprensión de Elena de White de la elipse de la verdad—el Sacrificio Expiatorio y el Todopoderoso Mediador. ¡No podemos tener el uno sin el otro, así como no podemos encontrar agua sin hidrógeno y oxígeno!

(Traducido por Carlos Enrique Espinosa)

Sobre el Autor: Herbert E. Douglass es un teólogo, administrador de universidad jubilado y autor de 22 libros.En la actualidad vive en Lincoln, California.

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