¿Cómo Podemos Conocer la Verdad Sobre la Justificación por la Fe?

Por: Jack Sequeira

Clasifíquese: Soteriologia

La importancia de la Justificación por la Fe ha pasado al primer plano en la enseñanza Adventista del 7mo. Día en la actualidad. Desdichadamente, como en el pasado, este tópico ha encontrado gran antagonismo, y corno consecuencia, ha generado mucha oposición. Satanás está haciendo todo lo posible para impedir la restauración final del Evangelio Eterno, porque sabe que este es el único poder que puede destruir su dominio sobre el hombre pecaminoso.

Por causa de esta controversia y confusión, estamos buscando un punto de unidad sobre la Justificación por la Fe. Pero hasta que estemos unidos en la verdad como es en Jesús no podremos predicar un mensaje distinto y único al mundo, y acabar la predicación del Evangelio Eterno (el mensaje de los tres ángeles) a toda nación, tribu, lengua y pueblo (Apoc. 14:6-12).

Hoy, se están enseñando dentro del adventismo tres puntos de vista diferen­tes sobre el Evangelio. Vamos a considerar y a evaluar cada uno de ellos, con el propósito de eliminar el error y proveer la unidad en la fe sobre esta doctrina tan crucial, que un día debe “absorber toda otra enseñanza” (Review and Herald, extra, 23- 12-1890).

El Punto de Vista “Tradicional” del Evangelio

De acuerdo a este enfoque la Justificación por la Fe consiste en dos expe­riencias: la justificación y la santificación. Este es el entendimiento general que tienen los adventistas. La relación y el significado de estas dos ex­periencias son entendidos de la siguiente manera:

1) La justificación es el perdón de los pecados pasados hecho posible a través de la muerte de Cristo. Cuando por el arrepentimiento y la confesión, una persona acepta a Cristo, todos sus pecados pasados son per­donados. Esto es identificado con la Justificación por la Fe, la obra de un momento y es muchas veces mencionada como nuestro derecho al Cielo.

2) Sin embargo, el perdón de los pecados pasados, tan maravilloso como puede ser, es solamente la cancelación de nuestra desobediencia pasada a la Ley, pero no nos hace justos. A fin de calificar para el Cielo tal justificación (cancelación de las cuentas pasadas) debe ser acompañada por una justicia positiva. Esto es realizado a través de la obediencia a todos los Man­damientos de Dios por medio del proceso de la santificación. Así, la santificación o santidad de vida (obediencia a la Ley) es esencial como nuestra idoneidad para el Cielo Esta obra de santificación no puede ser realizada con nuestra propia fuerza, sino que es hecha posible por medio de la morada del Espíritu Santo [en el creyente].Habiéndole perdonado los pe­cados pasados, Dios requiere del creyente que obedezca Su Ley a través de Su gracia, si el Cielo ha de ser de él. Y esta obediencia a la Ley demuestra que realmente él ama a Dios y a Jesús, y por lo tanto merece el Cielo.

3) Durante el proceso de santificación que es la obra de toda la vida, los creyentes individualmente cometerán pecados. Estos deberán ser perdonados o cancelados a través del arrepentimiento y la confesión diarios. Todo pecado conocido no confesado los descalificará en el juicio y los privará del Cielo.

Resumiendo el punto de vista Tradicional del Evangelio encontramos que finalmente el Cielo es ganado por: 1) Justificación, el perdón de los pecados pasados en la conversión; 2) Obediencia a todos los Mandamientos de Dios, que nos hace justos y dignos para el Cielo, y 3) El perdón de los pecados cometidos después de ser justificados durante el proceso de santificación a través del arrepentimiento y la confesión diarios.

Pero debido que los dos últimos puntos son cosas diarias, la obra de toda la vida, el creyente nunca puede sentirse seguro de la salvación sino hasta el día del juicio.

Evaluando el Punto de Vista “Tradicional”

1) Esta visión falla al no hacer una clara diferencia entre el Evangelio y sus frutos. En consecuencia, el Evangelio no es enseñado como una verdad objetiva terminada en Cristo, sino como incluyendo también nuestra experiencia subjetiva, (que es, la que Cristo hace en el creyente), como un requisito para la salvación.

2) Así el Evangelio deja de ser Buenas Nuevas para convertirse en “Buenas Noticias” par un lado y un “Buen Consejo” par otro. De esta manera, un concepto que incluye nuestras buenas obras coma requisito final para la salvación, implica que la salvación no es sólo por fe, sino por fe más las obras u obediencia a la Ley (Esta era incidentalmente la herejía de los Gálatas) Quienes adoptan esta visión del Evangelio fallan en ver la distinción entre la fe más obras, y la fe que obra por amor. Por esta razón, este mal entendimiento ha creada mucha confusión en relación con los conceptos del estar “baja la Ley” y “baja la gracia”.

3) Por medio de este punto de vista se enseña que de alguna manera la obe­diencia a la Ley o las buenas obras decidirán eventualmente si merecemos o no el Cielo, y esto nos deja en suspenso e inseguridad del Cielo que tenemos que luchar con el pecado en nuestra naturaleza humana, que es hasta la muerte o hasta el segundo advenimiento (Rom. 8:23-25). Tal inseguridad produce un temor constante de estar perdido y hace imposible que se experimente el amor del Nuevo Testamento, el cual “no busca lo suyo” (1 Car. 13:5). Por lo tanto, el mensaje de la hora del juicio no cons­tituye “Buenas Nuevas”, sino una verdad terrible capaz de producir un tipo de persona que procura guardar celosamente la Ley, pero que no tiene un amor genuino (1 Juan 4:17,18).

4) (Esta visión] despoja de la paz que produce la verdad y el gozo de la salvación en Cristo, privando a la gente de Dios, de la vida y el verdadero testimonio cristiano. Como resultado, la santificación tanto como la confesión de los pecados, es motivada por el temor al castigo o el deseo de galardón, antes que por un profundo sentido de apreciación por Cristo. Así, el testimonio cristiano llega a ser casi inexistente. Pero, sea lo que sea el hecho, usualmente es motivado par un interés egocéntrico, y “tal reli­gión” dice Elena White, es considerada coma nada (El Camino a Cristo, pág. 44).

El Punto de Vista del “Evangelio Reformado”

De acuerdo a los que sostienen este punto de vista, la justicia por la fe se refiere solamente a la justificación. La santificación, aunque es importante, no es parte de la justicia por fe. Así es como explican su entendi­miento del Evangelio en lo referente a la santificación:

1) Justicia por fe y Justificación por la Fe son términos sinónimos. Esta es la declaración legal de Dios que proclama al pecador creyente justo sobre la base de la obra y muerte de Cristo. A diferencia del punto de vista Tradicional, la Justificación par la Fe es más que el perdón de los pecados pasados, es la declaración de Dios de que el creyente es positivamente justo en Cristo, incluyendo el perdón completo de todos los pecados. Por lo tanto, esta justificación califica completamente al creyente para el Cielo ahora y en el juicio.

2) El Evangelio [desde este punto de vista] es sólo justificación. Todo la que el hombre necesita para calificar en el juicio ha sido completado en la historia de Jesucristo, nuestro Sustituto y Representante. A través de El y su humanidad Dios produjo una perfecta justicia para el hombre pecaminoso. Esta justicia no puede ser comprada ni ganada, sino que es un libre don [que debe recibirse] por fe. En el momento en que uno cree en Cristo, Su justicia es puesta o imputada a la cuenta del creyente. Nada puede ser añadido a esto, dicen ellos.

3) Bajo ninguna circunstancia se permite una experiencia subjetiva como parte de la justificación. Esta es solamente una declaración legal. La justicia que justifica está siempre en Cristo, pero nunca en el creyente o en su experiencia. Por lo tanto, a esto se le refiere como una justicia ajena. Todo intento de incluir el nuevo nacimiento (regeneración) u otra experiencia subjetiva es rechazada fuertemente coma perteneciente al falso Evangelio de Babilonia. En este aspecto, el Evangelio Reformado es totalmente opuesto a la enseñanza Tradicional y es la causa de la controversia en medio nuestro.

4) Mientras, la santificación no pertenece a la doctrina de la Justificación par la Fe, es el inevitable resultado de la justificación. La per­sona justificada dará evidencia de su nuevo estado viviendo una buena y santa vida a través de la ayuda del Espíritu Santo. Sin embargo, en ninguna forma esta vida santa o estas buenas abras contribuirán para la salvación. La santificación nunca es el significado, pero siempre será el fruto de la justificación.

5) A diferente de la justificación, la santificación nunca es por fe solamente, que siempre incluye el esfuerzo propio y la obra del creyente. Pero como su naturaleza es todavía pecaminosa la justicia subjetiva en la vida del creyente nunca puede ser perfecta, sino que está ligada con el pecado. Y pecado, debe ser recordado, no se refiere a actos [equivocados], sino a nuestro estado, según los reformacionistas. Por esta razón, dicen ellos, la naturaleza humana de Cristo debió ser inmaculada, o su cumplimiento a la Ley habría estado manchado, y Él mismo habría sido un pecador con necesidad de un Salvador.

Podemos definir el Evangelio Reformado como significando solamente justificación. A través de la fe en Cristo el hombre es declarado legalmente justo y [queda] completamente calificado para el Cielo ahora y en el juicio. Este creyente, fuera del amor de Dios podrá esforzarse por vivir una vida santa por medio del Espíritu Santo, pero esta vida seguirá manchada con el pecado, pero como la santificación no contribuye en nada para la salvación, esta [situación] no produce ansiedad o preocupación en la mente de quienes esperan en la justicia de Cristo, la cual ya ha sido garantizada por el Cielo.

Evaluando el “Evangelio Reformado”

1) Mientras que hay algunas verdades en este punto de vista para ser recomendadas contiene ciertos fallos. La Reforma del siglo XVI fue el co­mienzo de la recuperación del verdadero Evangelio de las herejías de la edad oscura. Su obra fue incompleta. Para igualar el Evangelio Reformado con la verdad completa necesitamos dar un paso atrás y retirar nuestros ojos de la verdad revelada desde entonces. Es verdad que el Adventismo Tradicional ha errado la gloriosa verdad de la Justificación por la Fe recuperada por los reformadores y la ha convertido en una artera forma de lega­lismo. Pero también es verdad que no se puede decir que el Evangelio Reformado “es el mensaje del tercer ángel en verdad” o la recuperación completa del mensaje.

2) Esta posición falla al responder al tema central de la doctrina de la Justificación por la Fe: ¿Cómo puede Dios justificar a un pecador y mantener el sentido verdadero de Su santa Ley que lo condena a muerte? Se intenta resolver este dilema con la enseñanza de que Cristo como nuestro Sustituto murió en nuestro lugar por nuestros pecados. Pero la Ley, debe notarse, no permitirá una solución antiética para nuestro problema del pecado (véase Eze.18:20). La Ley no consentirá la transferencia del delito del pecado y el castigo del culpable al inocente. Por lo tanto, la Ley no permitirá que el pecador sea declarado justo legalmente sin ser primero hecho recto. Como el Evangelio Reformado ha fallado en resolver este problema ético de la Justificación por la fe, ha caído bajo ataques y ha sido acusado de enseñar “ficción legal”.

3) Como el Evangelio Reformado también ha fallado en resolver cómo Dios redimió al hombre verdaderamente, ha sido inducido ha enseñar la Justificación por la Fe como una declaración legal solamente. Pero la realidad es que como la humanidad de Cristo fue nuestra humanidad pecaminosa corporal, el hombre pecaminoso fue redimido de la ley o el principio de pecado y egoísmo, y éste es el obstáculo para desarrollar una vida santa (Rom. 8:2-4). A la luz de esta verdad, el pecador que ejerce verdadera fe en Cristo, es declarado justo legalmente, pero también por su identificación con Cristo crucificado viene a ser como consecuencia un siervo de Dios y Su justicia (Rom. 6:14-22). Para este creyente, la Justificación por la Fe significa Cristo viviendo en él por la fe (Gál. 2:19,22). Y siendo así, la Justificación par la Fe tiene un significado moral y ético que implica la justicia de Cristo siendo impartida y reproducida en el creyente (Rom. 6:1-3; 8:12,13; Efe. 2:8-10; 2 Cor. 3:17,18). Esta es la meta a la que el cristiano justificado aspira llegar (Fil. 3:14).

4) El Evangelio Reformado no comprende la diferencia que existe entre la justificación legal que fue establecida para todos los hombres en la cruz por medio de las obras y muerte de Jesucristo (Rom. 5:18, estas son las Buenas Nuevas del Evangelio), y la Justificación por la Fe que incluye una res­puesta del corazón por parte del creyente hacia el Evangelio. Mientras que la fe es un don de Dios creado en el oyente de Cristo crucificado, incluye también la respuesta del corazón (Hech. 8:37). Por consiguiente, mientras que el Evangelio o la Justificación legal [obtenida para la humanidad en la cruz], es una verdad enteramente objetiva realizada en la santa historia de Cristo, la Justificación por la Fe incluye una apreciación subjetiva, por lo que no puede ser clasificada solamente como una declaración legal (Rom. 6:17; 10: 8-10,16). La fe genuina siempre es la respuesta de un corazón hacia el don de Dios que hace al creyente ser obediente (Gál. 5:6,13; Rom. 6:17).

5) Como no se hace dife­rencia entre la justificación lograda para todo ser humano en Cristo de la Justificación por la Fe, el Evangelio Reformado también falla al presentar la correcta relación entre la Justificación por la Fe y el nuevo nacimiento o regeneración. Es claro en las enseñanzas de Jesús que separada de la experiencia del nuevo nacimiento ninguna justificación es efectiva (Juan 3:3.8). Lo que fue obtenido para todos los hombres en Cristo se vuelve válido para el pecador que cree sólo si recibe el nuevo nacimiento. No es la fe en realidad la que justicia al hombre, sino la perfecta vida de Cristo ofrecida par nosotros en la cruz (ver Rom. 5:9). La fe es tan sólo un instrumento a través del cual la vida de Cristo (el medio de ser justificado) es recibida, mientras que el nuevo nacimiento es la realidad de esa recepción. Y sin esta realidad no existe justificación efectiva. Es cierto que la justificación del creyente siem­pre se encuentra en Cristo y no en sí mismo, pero es igualmente cierto que mientras el Espíritu Santo no nos bautiza en el cuerpo de Cristo (1 Cor. 12:13), la justificación [lograda en Cristo] se mantiene como una verdad objetiva solamente. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él (Rom. 8:9, véase también los vers. 16,17).

6) Fallar en discernir cómo Dios redimió al hombre a través de la humani­dad de Cristo ha llevado a los de la posición reformada a una incorrecta comprensión de la relación que [existe] entre la justificación y la santificación. Aunque es cierto que la santificación no contribuye en nada a la justicia que salva al creyente, es bueno recordar que la Santificación por la Fe hace real en la vida del creyente lo que ya fue obtenido para él en la justificación, esto es, total obediencia a la Ley. Justificación es la justicia imputada de Cristo (la cual califica al cristiano para el Cielo ahora y en el juicio), mientras que la santificación es la justicia [impartida] de Cristo (que demuestra la efectividad de la justificación). Aunque las dos son diferentes, no pueden separarse, porque lo que Dios ha hecho en Cristo es lo mismo que hará en la experiencia de todos aquellos que lo reciben por la fe. Real­mente, el centro del Evangelio es siempre la Justificación por la Fe, pero como el cuerpo sin espíritu está muerto, así mismo la fe sino tiene obras está muerta (Sant. 2:26).

7) De acuerdo a lo dicho, santificación es por fe solamente, no por fe más obras o esfuerzo propio como es enseñado par los proponentes del Evangelio Reformado. Esto no significa que no hay cooperación a esfuerzo que hacer por el creyente justificado en el proceso de la santificación. Al contrario, esta obra envuelve mucho esfuerzo, pero todo esfuerzo realizado por el creyente es en el reino de la fe y no en el reino de las obras. La naturaleza pecaminosa se opone a Dios y Su santa Ley (Rom. 8:7), y desde que la ley del pecado (el principio del amor a uno mismo) se mantiene rendido en la carne del creyente, algo que nunca es natural, siempre envuelve una batalla (1 Tim. 6:12; Luc. 9:23). Santificación es el fruto del Espíritu reprodu­cido en el cristiano que está par la fe habitando en Cristo (Gál. 5:22.25). Habitar en Cristo es una continua batalla en el proceso de la santificación (1 Tes. 5:17-24). Pero la fe no es solamente una batalla en el reino de la Justificación por la Fe, porque el creyente tiene que despojarse del yo pecaminoso ante la cruz de Cristo (Rom. 8:8-12; 2 Tes. 2:11). De la misma manera, la Justificación por la Fe efectiva toma lugar cuando el creyente cuenta toda sus justicias que es por la ley coma “pérdidas” y reci­be la justicia de Cristo que es por la fe (Fil. 3:7-9). Las dos envuelven esfuerzo y lucha. Es en este contexto de Justificación por la Fe que el escritor de la carta a los Hebreos escribió que los Judíos debían admitir su justicia propia para poder entrar en el reposo de Dios (cap. 4:11). Cuando Cristo es levantado en la cruz y verdaderamente es comprendido, el amor de Dios llena el corazón con profunda apreciación, así que el pecado como justicia propia se torna repulsivo y la fe viene coma respuesta del amor de Dios produciendo obediencia a la Ley en la mente (Rom. 7:25 up.)- (Véase el Apéndice 1).

8) De esta manera, cuando la Justificación par la Fe es correctamente com­prendida, no sólo le da al creyente paz, gozo y seguridad ahora y en el juicio (ambas son preocupaciones egocéntricas), pero más que eso, llena al creyente con una ambición: “Para mí el vivir es Cristo”. Tal respuesta del corazón al Evangelio produce frutos que llevan a la santidad.

La verdadera Justificación por la Fe que obra por el amor es rendir el corazón pecaminoso y la vida condenada hasta la muerte en la cruz y en cambio abraza la vida santificada de Cristo que ahora constituye el todo (Gál. 2:19.20). El resultado de una respuesta de esta naturaleza resulta en un curso de vida santa (que honra a Dios]. Y tal santidad de vida no está mancha­da par el pecado, aun cuando la naturaleza carnal del creyente es pecami­nosa, porque el origen de esa justicia es Cristo. La formula para la justificación tanto coma para la santificación es: No yo, sino Cristo.

9) La impresión que se obtiene del “Evangelio Reformado” es que el pecado es un monstruo tan grande que aun el mismo Dios es incapaz de vencerlo en la carne humana. Pero ciertamente Dios rechazó y condenó el principio de pecado en la carne, en la humanidad de Cristo, el cual fue hecho en “semejanza de carne de pecado” (Rom. 8:2,3).

Cristo demostró que el hombre teniendo naturaleza humana caída cuando es controlado por Dios puede vivir sin pecado. El amor que Jesús sentía por los pecadores era tan fuerte que el principio del pecado, la ley del yo, perdió su poder en la humanidad de Cristo. De ahí que el pecado estuviera totalmente vencido en Él. Esta revelación del amor de Cristo debería cons­treñirnos que las Buenas Nuevas en lugar de ser una licencia para pecar nos motiven a la obediencia de la Ley de Dios (Rom. 13:8.10; Gál. 5:13, 14). Esta es la verdadera Justificación por Fe cuyo fruto es para santidad.

El Mensaje de 1888 de Justificación por Fe

En la sesión de la Conferencia General de 1888, Dios envió el “más precioso” mensaje a la iglesia Adventista. Este presentaba más comple­tamente al Salvador crucificado, revelando sus “encantos incomparables”. Este mensaje estaba destinado no solamente a restaurar el gozo, la paz y la seguridad de la salvación en el pueblo de Dios, robado por el énfasis des­medido y la incorrecta presentación de la Ley, sino también a armonizar con el amor de Dios del Nuevo Testamento, y así propiciar la oportunidad para que Dios iluminara toda la Tierra con Su gloria (Apoc. 18:1).

Este mensaje fue identificado con “el mensaje del tercer ángel en verdad”, si hubiera seguido su curso habría resultado en la terminación de la obra encargada al remanente. Pero, ¿cuál era la esencia del mensaje de 1888?

1) Reafirmó lo que descubrieron los reformadores en lo referente a la obra de la redención realizada en la misión y muerte de Cristo. Sin embargo, fue mas allá del énfasis del siglo XVI, porque enseñó no solamente una redención legal de la culpa y el castigo del pecado, sino también, redención del poder y el dominio del pecado. Así Cristo era presentado como un Salvador de todos los aspectos del pecado.

Al identificar la humanidad de Cristo con nuestra humanidad pecaminosa corporal, este mensaje presentó a Cristo como uno con nosotros, y al identi­ficarlo con nuestras debilidades espirituales y frustraciones efectuó una completa redención del pecado y su tiranía. En la victoria de Cristo y Su jus­ticia fue revelado el amor de Dios, pero también Su poder sobre el pecado. Consecuentemente, a todos los que reciben a Cristo por la fe se le da la esperanza de una justicia legal en el juicio y también [la seguridad de ser librado] del principio que domina la carne pecaminosa [la “Ley del pecado y la muerte”]. Todo esto hace posible la vindicación de Cristo.

2) El mensaje de 1888 presentó la Justificación por la Fe como algo más que una justicia legal que satisface los intereses egocéntricos de una persona. Habiendo hecho al hombre justo en la humanidad de Cristo, El viene a ser nuestro Salvador del pecado para siempre, y no sólo de su culpa y castigo [sino también de su dominio]. Por la fe el creyente espera lograr la victoria sobre el pecado (vea Heb. 11:1). En otras palabras, a la fe se le dio un significado dinámico en el sentido de que la victoria de Cristo sobre el pecado en la naturaleza humana puede llegar a ser la experiencia del cristiano. Por manifestar su justicia en la humanidad de Cristo, que era nuestra naturaleza humana pecaminosa corporal, Dios no sólo nos salvo legalmente, sino que demostró de una vez y por todas que puede salvar perpetuamente a los que por media de Cristo se acercan a Él (Heb. 7:25). El que tenga una fe tal, goza de un gran sentido de seguridad y confianza por causa de su unión con Cristo. Pero esa unión nunca puede llevar al creyente a decir: “Yo estoy salvo” sino que será motivado a dar un gran testimonio manifestando a Cristo al mundo para su honra y gloria.

3) Por igualar la muerte de Jesús en la cruz con la segunda muerte, que es el “adiós a la vida para siempre” el mensaje de 1888 presentó la verdadera naturaleza del supremo sacrificio de Cristo. En la cruz, Jesús se sometió actualmente a la paga del pecado, que es el equivalente a la muerte eterna, para que podamos vivir en Su lugar. Este sacrificio fue realmente una manifestación gloriosa del amor de Dios en la cruz y debe causar profundo efecto sobre el creyente. Un amor tal está destinado a llevar al cristiano a tener verdadero odio por el pecado y no meramente a temerle al castigo. Este amor [que se menciona) en el Nuevo Testamento cuando se produce en el corazón del cristiano viene a ser la base de una verdadera santificación. Así, el amor verdadero es el cumplimiento de Ley (Rom. 13:8-10; Gál. 5:13,14; 2 Juan 6). La justicia de la Ley demanda para los pe­cadores la segunda muerte, pero Cristo experimentó en la cruz esta muerte por cada hombre (Heb. 2:9).Desde que la Reforma se adhirió a la herejía de la inmortalidad natural del alma, se le dio una definición dife­rente [a la expresión] la paga del pecado despojando a la cruz (el supremo sacrificio de Cristo) de su verdadera gloria [y significado]. Solo cuando los hombres ven la verdadera dimensión del sacrificio de Cristo sobre la cruz dejan todo y lo siguen motivados por una verdadera fe. Y tal motivación es esencial si la verdadera santificación ha de ser realizada en nosotros. Sin esta fe genui­na, la santidad de vida se convierte meramente en una demostración exter­na y no en una experiencia del corazón.

4) La correcta relación [que existe] entre la justificación y la santificación fue restaurada por el mensaje de 1888. En la experiencia de la Justificación par la Fe el creyente se identifica al mismo con Cristo, y Cristo crucificado. Así hace efectiva la justificación legal preparada en Cristo, pero también tal obediencia de fe hace posible que Cristo viva en él por medio de su Santo Espíritu. De esta manera, la santificación viene a ser el hacer real en la vida del creyente lo que ya es cierto de él en Cristo a través de la Justificación par la Fe. Así la Justificación par la Fe no es sólo justificación legal puesta en la cuenta del creyente en el Cielo, sino también la gran verdad de “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Cal. 1:27). El misterio de piedad manifestado en la humanidad de Cristo  con “Dios manifestado en la carne” (1 Tim. 3:16), debe ser la experiencia de la iglesia remanente a través de la recepción del mensaje de 1888 (ver Apoc. 10:7). Esta experiencia fue identificada con “la purificación del Santuario”, “el borramiento de nuestros pecados”, “la expiación final”, y el “alistarse de la esposa para la boda del Cordero”. De esta forma, el mensaje de 1888 prepararía a un pueblo para el segundo advenimiento de Cristo.

5) El mensaje de 1888 también era una presentación correcta de la Cristología. En Cristo, la divinidad fue unida a nuestra humanidad corporal pecaminosa que necesitaba redención. Fue solamente por esto que Cristo fue llamado el segundo Adán, y legalmente fue constituido nuestro Representante y Sustituto. Para Cristo, tomar sobre Sí la naturaleza humane pecami­nosa, no lo hizo un pecador como el tocar a un leproso no la hizo impuro. “El tomó sobre Su naturaleza [divina] nuestra naturaleza [humana] pecaminosa” (Ministerio Médico, pág. 181, en inglés). Y así demostró dos cosas, su amor por los pecadores y su poder sobre el pecado. Y así por siempre, Él llega a ser la seguridad del hombre en términos de justicia legal, pero también, sobre el dominio del pecado.

El mensaje de 1888 enfatiza claramente que Cristo “fue hecho pecado por nosotros”, cosa que Él no era por derecho de nacimiento. Sin embargo, Él no debería ser igualado a un pecador como nosotros. Él “fue hecho pecado” para que pudiera redimirnos del pecado. Así en Cristo somos justicia de Dios (2 Car. 5:21). Estas son las Buenas Nuevas, el mensaje del tercer ángel en verdad, que da esperanza a todos los hombres y puede producir un pueblo que tenga la fe de Jesús y la demuestre en la obedien­cia a todos los Mandamientos de Dios (Apoc. 12:17; 14:12).

Evaluando el Mensaje de 1888

1) Mientras la Reforma [Protestante del siglo XVI] comenzó la restauración del Evangelio, el mensaje de 1888 comenzó su consumación futura, fue realmente el co­mienzo de la lluvia tardía y el tuerte clamor. Si no hubiera sido estorbado par nuestra incredulidad se habría regado el grano de la cosecha (vea Apoc.14:12-16).

2) Llegando más allá de la justicia legal del Evangelio Reformado el men­saje de 1888 muestra a Cristo como el Redentor de la esclavitud del hom­bre pecador (Rom. 7:24,25). Por igualar la humanidad de Cristo con nuestra humanidad pecaminosa y caída, Cristo fue traído cerca de nosotros haciéndose uno con nosotros, nuestro Hermano mayor que se identifica a sí mismo con nosotros en todos los puntos (Heb. 2:14,18; 4:15).Por esta razón, Su salvación representa más para los pecadores ahora y en el juicio. En Cristo, al pecador le es dada una esperanza doble: 1) Salvación del cas­tigo del pecado, y 2) Salvación del poder y dominio del mismo.

3) La correcta diferencia entre una justificación legal la cual le da a todo hombre una correcta relación forense ante Dios (Rom. 5:18 up.) y la Justificación par la Fe, fue restaurada en el mensaje de 1888. Hay también una correcta obediencia a esa justificación legal (Rom. 6:17). La Justificación por Fe crea en el corazón una obediencia cuyo fruto es santidad (Rom. 6:22). Así la relación entre la justificación y la santificación fue establecida correctamente y ambas son presentadas como partes vitales de la doctrina de la Justificación par Fe en el mensaje de 1888.

4) Este mensaje dado a los Adventistas del Séptimo Día es único. Se nos ha encomendado una responsabilidad especial. En el siglo XVI los reformadores no profesaron presentar el mensaje del tercer ángel en verdad. Y este claro entendimiento del Evangelio significa el levantamiento de Dios al mundo y completa en su pueblo una obra paralela a la que Cristo está terminando en el Santuario celestial. El verdadero entendimiento Adventista del Santuario también es único. Estas dos grandes verdades, la Justifica­ción por la Fe y el Santuario van juntas con el mensaje de 1888. Ellas iluminarán la Tierra con la gloria de Dios y prepararán el camino para la venida de nuestro Señor.

Conclusiones

Debería ser claro a todo Adventista del Séptimo Día que la visión Tradicional del Evangelio nunca ha sido, verdadera enseñanza adventista, por el con­trario, se ha desarrollado como una falla al no comprender y aceptar el mensaje que Dios envió a Su pueblo en 1888. Desdichadamente, casi cada doctrina Adventista está coloreada e interpretada a través de los ojos del Adventismo Tradicional. Aun los escritos de Elena White han sido coloreados por esto, de tal manera que las compilaciones de sus escri­tos son seleccionadas de una manera tal que la hacen parecer legalista.

La posición del Evangelio Reformado es un intento de suplir la falla pre­sente en la enseñanza Tradicional Adventista, y procura corregir sus defi­ciencias. Pero también falla en apreciar la luz plena de 1888. En consecuen­cia, trata de llevarnos de regreso a la confusión de las iglesias evangélicas de nuestros días. Estas no tienen uso de la única verdad enseñada por los Adventista, de la limpieza del Santuario o “expiación final” como fue com­prendida en el mensaje de 1888. Por fallar en comprender la fe del Nuevo Testamento, la Justificación por la Fe es devaluada al enfatizar solamente (la justicia legal que libra al ser humano del castigo y la culpa del pecado y que es en consecuencia] una preocupación egocéntrica, y de esta forma es ampliamente reconocida por su tendencia al antinomianismo (rechazo a la Ley). Así tiende a excusar la desobediencia a la Ley de Dios sobre la base de que es imposible para alguien obedecer verdaderamente, aun siendo habi­litado por el Espíritu Santo. También se hace ver la tentación a pe­car como algo tan difícil de vencer que aun al mismo Cristo le hubiera sido imposible vencer si Su naturaleza humana hubiera sido pecaminosa como nosotros la conocemos.

Solamente la visión de 1888 suple la falta en nuestra enseñanza y corrige sus deficiencias. Aquellos que están a favor del Evangelio Reformado objetan algunas veces el mensaje de 1888 por su énfasis en la santificación. Hay que admitir que la primera necesidad del pueblo de Dios hoy, [el cual] está atrapado en una forma sutil de legalismo por la enseñanza Tradicional, es tener una clara comprensión de la Justificación por la Fe. Sin embargo, la preocupación del mensaje de 1888 como la del escritor de la carta a los Hebreos es: “Por lo tanto, dejando, los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección” (Heb. 6:1,2; 2 Ped. 1:4-9).

Cerca de un 80% de la presente población mundial no es cristiana. Nuestro presente mundo secular no está dispuesto a escuchar el Evangelio. Como en los días apostólicos, la predicación de las Buenas Nuevas debe ser acompañada por una demostración de poder que demanda salvación del pecado y el amor propio (Juan 8:32-36).

El filósofo pagano Nietzche dijo a los cristianos: “Si ustedes esperan que yo crea en su Redentor tendrán que verse mucho más redimidos”. Si el Adventismo es para convencer al mundo del Evangelio, debemos comprender que el reino de Dios no es de palabras, sino de poder (1 Cor. 4:20).

El “precioso mensaje” que Dios le dio a los Adventistas en 1888 era para el mundo. A través de su recepción la Tierra iba a ser iluminada con la gloria de Dios como testimonio a todos los hombres (Apoc. 18:1). Era el propósito de Dios dar esperanza a toda nación, tribu, lengua y pueblo y levantar la justicia “en Cristo” antes del juicio en toda la Tierra. Por lo tanto, este men­saje puede ser resumido como “la verdad presente”. El mensaje de Elías pa­ra estos últimos días.

Cuando nosotros como Adventistas del Séptimo Día entendamos esto y a través del arrepentimiento lo abracemos con todo nuestros corazones, pro­clamaremos finalmente la verdadera justicia por la fe a un mundo que duerme.

Apéndice 1

A este respecto dijo el Espíritu de Profecía: “Jesús dijo: ‘Y si Yo fuere levantado en lo alto sobre la Tierra, a todos los atraeré a mi mismo’ [Juan. 12:32]. Cristo debe ser revelado al pecador como el Salvador que muere por los pecados del mundo; y cuando consideramos al Cordero de Dios sobre la cruz del Calvario, el misterio de la redención comienza a abrirse a nuestra mente y la bondad de Dios nos guía al arrepentimiento. Al morir Cristo par los pecadores, manifestó un amor incom­prensible; y este amor, a medida que el pecador la contempla, enternece el corazón, impresiona la mente e inspira constricción en el alma.

“Es verdad que algunas veces los hombres se avergüenzan de sus caminos pecaminosos y abandonan algunos de sus malos hábitos antes de darse cuenta de que son atraídos a Cristo. Pero cuando hacen un esfuerzo por reformarse, con un sincero deseo de hacer el bien, es el poder de Cristo que los está atrayendo. Una influencia de la cual no se dan cuenta, obra sobre el alma, la conciencia se vivifica y la vida externa se enmienda. Y a medida que Cristo los induce a mirar Su cruz y contemplar a Quien han traspasado sus pecados, el mandamiento despierta la conciencia. La maldad de su vida, el pecada profundamente arrai­gada en su alma se les revela. Comienza a entender  algo de la justicia de Cristo y exclama: ‘¿Quién es el pecado para que exigiera tal sacrificio para la redención de su victima? ¿Fueron necesario todo este amor, todo este sufrimiento, toda esta humillación, para que no pereciéramos, sino que tuviéramos vida eterna?’.

“El pecador puede resistir este amor, puede rehusar sen atraído a Cristo; pero si no se resiste será atraído a Jesús; un entendimiento del Plan de la Salvación lo guiará al pie de la cruz, arrepentido de sus pecados, que han causado los sufrimientos del amado Hijo de Dios.

“La misma inteligencia divina que obra en la naturaleza, habla al corazón de los hombres y crea un deseo indecible en ellos de algo que no tienen. Las casas del mundo no pueden satisfacer su ansiedad. El Espíritu de Dios está suplicándoles que busquen las cosas que sólo pueden satisfacer su ansiedad. Por medio de influencias visibles e invisibles, nuestro Salvador está constantemente obrando para atraer el corazón de los hombres de los vanos placeres del pecado a las bendiciones infinitas que pueden disfrutar en El” (El Camino a Cristo, pp. 25,26).

Traducido por el Pr. Hermes Tavera B.

del original Ingles de B. H. Sequeira

How Can we Know the Truth of

Righteousness by Fait?

Publicado Originalmente en Marzo del año 1981 por

Seventh-day Adventist University Chaplain

East African Union, Nairobi Kenya.

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