A la Diestra de Dios

Por: Héctor A. Delgado

Clasifíquese: Apologética, Santuario

Pregunta: He leído en mi Biblia que cuando Jesús ascendió al cielo se “sentó a la diestra de Dios” (Heb. 12:2). Creo que esto significa que El ha estado al lado de su Padre desde su ascensión en el lugar de su morada. ¿Cómo puedo reconciliar esta verdad con la idea de que en 1844 Jesús entró al Lugar Santísimo? ¿No estaba Él desde hace mucho junto a su Padre?

Respuesta: Su inquietud es válida. Por lo tanto procederemos a analizar esta interesante declaración. Es cierto, en las Escrituras encontramos repetidas veces que Jesús se sentó a la diestra de Dios: “Después que el Señor les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios” (Mar. 16:19). “Siendo que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col. 3:1). “Pero Cristo, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó para siempre, a la diestra de Dios” (Heb. 10:12, cf. Heb. 8:2; 12:2). Estos textos constituyen una referencia a Sal. 110:1. ¿Cómo deberíamos entender esta expresión? ¿Constituye una referencia a su “posición de honor y de autoridad”, o una descripción literal? Pensamos que la primera idea es más coherente con el conjunto completo de verdades expuestas en las Escrituras. Es probable, que sobre la base de algunos pasajes como los ya citados se quiera insistir en una aplicación literal de la expresión “sentado a la diestra de Dios” como refiriéndose a una “determinada posición geográfica”, pero no creemos que sea posible llevar esta idea muy lejos.
Por ejemplo, en el libro de los hechos se menciona a Cristo como estando de “pie” (dos veces), y no sentado a la diestra de Dios  (Hech. 7:55-56). Así mismo en el libro de Apocalipsis, cuando Juan tuvo una visión del Cristo glorificado, lo describe como estando de pie en medio de siete candeleros (Apoc. 1:10-17). Y más interesante aún es que en el capítulo 5 se habla de Cristo (el Cordero) como estando de “pie” en “medio del trono y de los cuatro Seres vivientes y de los Ancianos” (Apoc. 5:6, BJ). Aquí Jesús no está al lado del Padre, porque luego vemos que se acerca para tomar el rollo de su mano derecha (vers. 7). En el capítulo 10 se presenta una vez más a Jesús de “pie” dirigiendo la proclamación universal del último mensaje a esta tierra (vers. 5, cf. caps. 14:1,6-12).1 ¿Significa esto que Jesús ha estado de pie sin sentarse desde que ascendió al cielo? Esta sería una pregunta simplista, y procurar responderla nos haría ver los asuntos celestiales desde una perspectiva errada. Lo que es seguro es que así como la Biblia dice que Cristo está “sentado a la diestra de Dios”, también lo presenta como estando de pie. Nosotros simplemente nos adherimos a las meridianas declaraciones de la Palabra y procuramos entender en el contexto de la Escritura misma cuál es su verdadero significado. Por lo tanto, deberíamos tratar de ver qué es lo que el escritor inspirado quiere decirnos con la expresión “sentarse” y “diestra de Dios”.

Para esto debemos ver ahora algunas declaraciones en las Escrituras donde se usan estas expresiones con un sentido un tanto más evidente que en los pasajes ya citados. Comparar un pasaje con otro es una forma adecuada de entender las Sagradas Escrituras.

En una ocasión Jesús dijo que “en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mat. 19:28, cf. Luc. 22:30). En este pasaje “sentarse” equivale a “asumir” o “recibir” la autoridad de juzgar. Es la misma idea contenida en Apoc. 20:4: “Vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar”. Lo importante no es si los redimidos ejecutan el juicio sentados sobre tronos literales, sino el hecho de que reciben “facultad” de juzgar.

En Apoc. 3:21 leemos: “Al que venza, le daré que se siente conmigo en mi trono; así como he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apoc. 3:21). Este texto es esclarecedor, pues nos presenta a Jesús prometiéndoles a los vencedores un lugar en el trono de su Padre donde Él ya está sentado. ¿Cómo entenderemos esta promesa? ¿En forma figurada o literal? Evidentemente, todos entendemos aquí que sentarse junto con Cristo en su trono es sinónimo de reinar junto a Él por la eternidad, o por lo menos reinar como reyes y sacerdotes “con él durante los mil años” mencionados en Apoc. 20. Entonces “sentarse” tiene más de un significado. En este pasaje el sentido ya no es de “asumir” o “ser facultado”, sino de “reinar”.

Otro pasaje importante es Mat. 26:64: “Os digo – expresó Jesús ante el Sanedrín  – que en el futuro veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Todopoderoso, y que viene en las nubes del cielo” (NRV 2000). Jesús hace referencia aquí a dos profecías: a Dan. 7:13  y a Sal. 110:1. Ambas refieren dos actividades futuras. La primera, su entronización delante de Dios; y la segunda, a su segunda venida cuando venga con gran poder a juzgar a todo ser viviente. Se ve una vez más que las expresiones “sentarse” y “a la diestra de Dios” tienen sentido figurado. El pasaje paralelo nos aclara más este asunto: “Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios” (Luc. 22:69).

En la carta a los Romanos leemos: “¿Quién condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, e intercede por nosotros” (Rom. 8:34). Con esta declaración el Apóstol expresa que nadie puede causar condenación a los hijos de Dios, pues Cristo ya pagó el precio de nuestra redención y eliminó toda condenación (Rom. 8:1); y está “sentado a la diestra de Dios”. Por consiguiente, con estas expresiones, Pablo resalta el poder salvador de Cristo sobre la base de su muerte e intercesión.

En el Antiguo Testamento encontramos que la expresión “sentarse” constituye una expresión técnica usada como el equivalente de ser entronizado (2 Rey. 11:19, cf. 1 Cron. 29:23). Así mismo, la expresión “diestra de Dios” aparece en muchas ocasiones con un sentido figurado. Veamos algunos casos.

En el Sal. 110:1, leemos: “Jehovah dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”. Ya dijimos que este pasaje mesiánico es al cual hacen referencia los textos que analizamos. El estrado era un apoyo en forma de caja para sostener los pies de alguien sentado en una silla o trono. La figura aquí es la de un rey que tiene como estrado de sus pies a sus enemigos. Vencidos y subyugado bajo su poder y autoridad. En los escritos paulinos encontramos el cumplimiento final de esta profecía: “Entonces vendrá el fin, y Cristo entregará el reino a Dios y Padre, cuando haya quitado todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque él debe reinar hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies… Cuando todas las cosas le sean sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea el todo en todos” (1 Cor. 15:25-26,28).

Hay pasajes donde la expresión “diestra” tiene el sentido de posición privilegiada: “Y Betsabé fue al rey Salomón para hablarle por Adonías. El rey se levantó a recibirla, se inclinó ante ella, y volvió a sentarse en su trono. Y mandó poner una silla para su madre, que se sentó a su diestra” (1 Rey. 2:19). Con este mismo sentido encontramos en el Nuevo Testamento que la expresión “sentarse” es usada para describir una posición privilegiada: “Con él nos resucitó y nos sentó en el cielo con Cristo Jesús” (Efe. 2:6). Creemos que nadie negará el sentido figurado de la expresión “sentados” en este pasaje. Naturalmente esta es una referencia al privilegio que tienen los santos de estar desde ya compartiendo con Él su trono.

En las siguientes declaraciones se usa la expresión “diestra de Dios” o simplemente “diestra”. Las ideas de autoridad, fuerza y poder están implícitas:

  • “Jesucristo, quien, habiendo subido al cielo, está a la diestra de Dios.  A él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 Ped. 21-22).
  • “No temas, que yo estoy contigo. No desmayes, que Yo Soy tu Dios que te fortalezco. Siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isa. 41:10).
  • “Tu diestra, oh Señor, ha sido magnificada en fortaleza. Tu diestra, oh Señor, ha quebrantado al enemigo” (Éxo. 15:6,12).
  • “Ahora veo que el Señor guarda a su ungido. Le responde desde su santo cielo, con la victoriosa fuerza de su diestra” (20:6, cf. 21:8, 44:3; 60:5; 80:17).
  • “Tuyo el brazo potente, fuerte es tu mano, sublime tu diestra” (Sal. 89:13).

Dios, desafió a Job con las siguientes palabras: “¿Tienes tú brazo como el de Dios? ¿Podrás tronar como yo?[…] Mira a todo soberbio y humíllalo, quebranta a los impíos en su lugar […] Entonces yo mismo reconoceré que tu diestra te podrá salvar” (Job 40:9,12,14).

A partir de estos textos podemos concluir que la frase “sentado a la diestra de Dios” no es una referencia a una posición estática e inmóvil, sino más bien una expresión que resalta la autoridad y el poder de Dios y de Cristo (según sea el caso) para salvar y realizar sus actos redentivos. Sentarse a la diestra de Dios, es pues recibir el mayor honor y la mayor autoridad. Es además, una referencia a la estrecha y especial asociación que tienen el Padre y el Hijo (cf. Gén. 1:1; Juan 1:1-3; 2 Cor. 5:17-19; Apoc. 3:21). Esta es la única manera en la que podemos entender cómo Jesús aparece en algunos pasajes de “pie” después que se nos ha dicho que está “sentado a la diestra de Dios”.

Un detalle interesante que merece nuestra atención antes de concluir nuestro análisis es que aunque la Biblia reconoce que Cristo tiene un “trono eterno” (Heb. 1:8, cf. Sal. 45:6-7), en el Apocalipsis no se hace distinción alguna entre el trono del Padre y el trono del Hijo. Al contrario, se nos presenta como siendo un sólo y único trono: “El trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán” (Apoc. 22:3, cf. 3:21). Esto naturalmente es una expresión que resalta la estrecha asociación entre el Padre y el Hijo en la ejecución y consumación del Plan de Salvación.

Por consiguiente, las declaraciones “diestra de Dios” y “sentarse” no entran en contradicción alguna con la doctrina adventista que sostiene que en el año 1844 Cristo entró al Lugar Santísimo del Santuario celestial para dar comienzo a la última fase de su ministerio de intercesión. Desde su resurrección Cristo asumió su inmenso poder y comenzó a ejercerlo para beneficio de los suyos (Mat. 28:18; Rom. 1:3). Desde entonces, ha estado en el Santuario ministrando los beneficios de su muerte expiatoria a favor de su pueblo en la ancha faz de la tierra (Heb. 8:1-2; 9:24). En este último tiempo, en la consumación misma de los siglos, está en el segundo departamento de ese magnífico Santuario y desde allí vendrá a liberar a su pueblo (Dan. 21:1).

Lee También: ¿Lugar Santisimo?

Nota:


1. Esta dualidad de idea esta presente incluso en su segunda venida. En algunos texto se nos dice que Cristo regresa sentado (Apoc. 14:14; Mat. 26:64). Pero también se nos presenta como viniendo parado, en la misma forma como ascendió a los cielos (Hech. 1:9-11). Incluso, se nos habla figuradamente de Cristo como viniendo sobre un caballo blanco (Apoc. 19:11-14).

4 comentarios en “A la Diestra de Dios

  1. Buenisimo hermanos que Dios los bendiga. Me aclararon muchas cosas les agradesco! Bendiciones… Sigan adelante haciendo la abra que Dios nos manda!

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