Los Símbolos del Espíritu Santo

Por: Héctor A. Delgado

El uso de símbolos y figuras que representan la persona y la obra de Dios constituye un elemento común en los escritos inspirados, y es nuestro deber y privilegio procurar comprenderlos. El Espíritu Santo no escapa a esta realidad. Por eso, en esta sección haremos un breve comentario de algunas de las figuras que aparecen en las Escrituras para describir su obra.

La paloma celestial

La escena del bautizo de Cristo nos impresionará por siempre. Allí el Espíritu se manifestó “como paloma” y se escuchó la poderosa voz del Padre dando al Hijo su reconocimiento (Mat. 3:16,17). Los estudiosos de las Escrituras han procurado dar una explicación satisfactoria sobre el emblema de la paloma y la razón por la que el Espíritu usó esta figura en particular para manifestarse sobre Cristo y permanecer en él (Juan 1:32-34). Pero el hecho es que no existe un antecedente inspirado suficientemente claro para establecer una sólida relación. Sólo se pueden hacer algunas observaciones.

Por ejemplo, Arnold Wallenkampf refiere que la palabra “paloma” usada en Mat. 10:16 “puede ser traducida más exactamente como ‘sin mezcla’, ‘puro’, ‘sin mezcla de mal’”. Luego nos dice que esta es “una descripción adecuada de Jesús, pero también es una indicación de lo que el Espíritu puede hacer en las vidas de los creyentes”.1 Ciertamente, Cristo es descrito como siendo “santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y exaltado por encima de los cielos” (Heb. 7:26, comp. con 1 Ped. 1:19). El Espíritu participa de esta perfección sin lugar a dudas, pues es descrito como “el Espíritu de santidad” (Rom. 1:4). No es casual que se llame “Espíritu Santo”. Y esta “hermosura de la santidad” será otorgada a los santos que estarán listos para la traslación (Apoc. 19:7,8; 4:1,3-5).

Algunos sostienen que esta manifestación física del Espíritu en forma de paloma tiene el propósito de llamar nuestra atención “a la paloma que mandó Noé desde el arca después del gran diluvio (Gén.  8:8-12). La paloma de Noé nos recuerda a su vez al Espíritu de Dios yendo y viniendo sobre la superficie de las aguas en la creación inicial (Gén. 1:2)”.2 Se nos dice que el rabino judío del primer siglo, Ben Zoma hacía referencia a la tradición rabínica de que el Espíritu Santo estaba “empollado sobre  las superficie de las aguas como una paloma que empolla sobre sus pichones…”. 3

Luego se relaciona la obra original del Espíritu sobre la primera creación “dando forma y vida a la creación original”, de la misma manera descendió sobre Jesús en su bautismo como un anuncio divino de la nueva creación que en Cristo iba a ser realizada en el Calvario (2 Cor. 5:17; Efe. 2:15,16). Es interesante saber que en al Tárgum judío, el canto de la paloma se identifica con “la voz del Espíritu Santo de salvación”.

Reminiscencia del Santuario

Pero veamos ahora esta narración en otro contexto que entendemos se ha pasado por alto. Nuestra propuesta no procura desplazar las ya mencionadas, sino complementarlas y enriquecerlas. Debe notarse que a diferencia de los evangelios sinópticos, el de Juan, presenta la llegada de Jesús al Jordán en un contexto que evoca las imágenes del Santuario. “He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29,36). Y luego, encontramos que Juan hace referencia (al igual que los otros evangelistas) al descenso del Espíritu sobre Jesús “en forma de paloma” (Juan 1:32). Lucas es más enfático en su narración: “en forma corporal como de paloma” (Luc. 3:22).

Tanto la paloma, como el cordero eran animales ofrecidos en sacrificio para la expiación de los pecados del ofrendante (Éxo. 12:3-5; 29:38-42; Gén. 15:9; Núm. 6:10,11; Lev. 5:7), y podían evocar rápidamente en la mente de los allí presentes, tanto como de los futuros lectores de los evangelios, la muerte expiatoria de Cristo por los pecados de la humanidad. La imagen de un cordero evocaba además la experiencia de Abrahán en el monte Moria, cuando por mandato divino iba a sacrificar a Isaac (Gén. 22:1-14). Se recordará que Abrahán, en medio de su angustia expresó: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto” (vers. 8). Cristo era el Cordero provisto para el sacrifico por los pecados de cada ser humano, “desde antes de la fundación del mundo” (Apoc. 13:8, comp. con  1 Ped. 1:18,19).

¿Qué relación tiene esto con el Espíritu Santo? Mucha, pues según las palabras del mismo Cristo, la obra del Espíritu Santo consiste en atraer la atención de los seres humanos hacia Él, tomar de Él, comunicárnoslo y glorificar al Hijo testificando de Él (Juan 15:26; 16:13,14). La forma “corporal como de paloma” fue asumida deliberadamente por el Espíritu para llamar la atención de los judíos hacia Cristo. Además, inspiró a Juan a señalarlo como “el Cordero de Dios”, dos símbolos que eran familiares para ellos y que implicaban un mensaje en sí mismos.

Este artículo completo puede ser leído en el libro: El Espíritu Santo, su persona, su divinidad

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5 comentarios en “Los Símbolos del Espíritu Santo”

  1. Richie Says:

    Qué del rapto secreto que hablan los evangelicos?

  2. Jose Says:

    Gracias hermano Héctor. Otra pregunta que me tiene incómodo es sobre el verdadero bautizo.
    Es en el nombre de Jesús por el único porque dice que es en el Nombre de los tres (Mat. 28: 19). Y porque aparecen 18 versículos en mi nombre y hacer todo en Jesús.

    Gracias


    • Sobre el bautizo en el Nombre de Jesús.

      La práctica del bautizo fue inaugurada por Juan el Bautista, pero la Biblia no dice que él bautizara en “el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, sin embargo, era un bautizo válido y aprobado por el Cielo y el mismo Señor Jesús Jn. 1: 26, 28. De hecho, la Biblia no dice si era bautizado en “el nombre de Dios” “en armonía con tu fe” en el mensaje de llamado al arrepentimiento. Juan sencillamente proclamaba la llegada del Mesías y hacía un llamado al arrepentimiento, y los que, aceptaban el mensaje, eran bautizados. Lo que si podemos decir que la realización del bautizo bajo la fórmula “Padre, Hijo y Espíritu Santo” fue una institución del mismo Cristo después de su resurrección y antes de su ascensión al reino de los cielos (cf. Mat. 28: 18-20). Esta fórmula comenzó a tomar forma en el mismo bautizo de Cristo, donde, el Padre y el Espíritu Santo estuvieron presentes sancionando el bautismo de Cristo. La victoria de Cristo sobre Satanás, la muerte y el pecado dio término a la formula. Ahora que la expiación había sido lograda por la acción de la Deidad en la persona del Hijo (Jn. 3: 16; Heb. 9: 14, cf. Hech. 2: 24; 13:30; Rom. 8:11), semejante mandamiento podía ser instituido.

      El mismo Jesús bautizaba (Mat. 3: 11; Luc. 3: 16; Jn. 1: 22), aunque no directamente, sino sus discípulos (Jn. 1: 22, 23; 4: 1, 2). Y tampoco tenemos indicio si lo hacía en nombre del Padre y del Espíritu, o en nombre del Padre solo, o en su propio nombre (cosa que dudo dado el carácter representativo de la obra del Hijo donde Él glorificaba al Padre en todas sus acciones). Pero lo cierto es que la orden de Jesús fue clara: Todo creyente debía ser bautizado “en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Entonces, aquí entra su pregunta: ¿Por qué los discípulos bautizaban en el nombre de Jesús? Lo primero que debemos ver es que apóstoles no solo bautizaban en el nombre de Jesús solamente, sino que hacían milagros en su exclusivo nombre. Lo hacían antes de su muerte y resurrección, y lo siguieron haciendo también después (Mar. 9: 38, 39; Hech. 3: 16; 4: 30). Es precisamente en el libro de los Hechos que encontramos que los cristianos (aparentemente sino todos, una gran cantidad) eran “bautizados en el nombre de Jesús” (Hech. 8: 16; 10: 48; 19: 5).

      Para entender el porqué los discípulos bautizaban en el nombre de Jesús, debemos comprender lo que significaba para los apóstoles y la iglesia cristiana “el nombre de Jesús”. La Biblia dice que por haberse humillado y hecho expiación por el pecado, “Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un Nombre que es sobre todo nombre para que, en el Nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios el Padre” (Fil. 2: 9-11). De manera que apelar al “nombre de Jesús” era apelar a la autoridad divina con la que había sido investido y que le pertenecía por naturaleza, y ahora había sido reconfirmado por su victoria en el calvario. De menara que en Cristo Jesús se consuma todo el poder de Dios y toda la autoridad divina que Dios ha puesto a disposición de la Iglesia. No creo que los apóstoles fueran descuidados al no usar la fórmula establecida por Cristo (de hecho la Biblia no dice explícitamente que no la usaran), lo que dice es que en muchas ocasiones lo hicieron en el “nombre de Jesús”. Pero como ese “nombre” encarna toda la autoridad divina, Él es quien venció el mal y que la predicación del evangelio era el anuncio de su victoria sobre Satanás, el pecado y la muerte, todo lo que se haga en el nombre del Hijo encarna en sí mismo toda la autoridad del Deidad.

      Note que el mismo Jesús también mando hacer todas nuestras oraciones al Padre, sin embargo encontramos a Estaban orando al Señor Jesús directamente (ch. Hech. 7: 59, 60). De igual manera, Pablo parece orar directamente al Señor Jesús (2 Cor. 12: 8-12).

      De manera que, todo lo que se haga en el “nombre de Jesús” dará sus seguros resultados y estará en completa armonía con la voluntad de Dios, porque Dios invistió a su Hijo de esa autoridad, que es la autoridad absoluta de la Deidad: “Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace. Y mayores obras que éstas le mostrará, para que vosotros os admiréis. Porque como el Padre resucita a los muertos, y les da vida; así también el Hijo da vida a los que quiere. Además, el Padre a nadie juzga, sino que confió todo el juicio al Hijo; para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió” (Jn. 5: 21-23, cf. Apoc. 4: 11; 5: 13).

      Y así hacemos bien en bautizar en el “nombre de Jesús”, pero hacemos mejor en bautizar en “el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. Así evitamos ciertas tensiones con los que son débiles en la fe.


  3. quiero participar de este asunto si me permiten, en ( S mateo 28-19) es el mandamiento y el cumplimiento es en (hechos 2-38) la biblia dice en (efesios 4-5) que solo hay un bautismo, al decir que solamente hay uno solo quiere decir que así como lo hicieron con los judíos así también debe de ser para los gentiles, porque también escucho, que un bautismo era para los judíos y otro para los gentiles y eso contradice la palabra de Dios, porque el día de pentecostes habían de todas partes del mundo y el suceso en la casa de cornelio el con los de su casa eran romanos y ellos fueron bautizados en el nombre del señor Jesus los samaritanos fueron bautizados en el nombre de Jesus y los samaritanos no eran considerados del pueblo de Dios entonces debemos aceptar la palabra de Dios tal y como esta escrita. att: jhon duran


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