Apuntes de Clase: La Predicación de Cristo a los Espíritus Encarcelados

Por: Héctor A. Delgado

¿Cómo interpreta usted 1 Pedro 3.18-19? ¿Qué opina usted? ¿Visitó Jesús el infierno entre Su muerte y Su resurrección?

Nuestro texto dice: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados” (1 Ped. 18-19, VRV 1960).

Respuesta: Veamos primeros las principales interpretaciones sobre este pasaje. La NVI nos dice que “se han sugeridos tres interpretaciones”.[1] 1) Jesús en su estado pre-encarnado predicó a los rebeldes antediluvianos por medio de Noé. 2) Esta predicación ocurrió entre la muerte y la resurrección de Cristo, pero fue orientada a los ángeles caídos, en las moradas de oscuridad donde ellos supuestamente están. Esta “predicación” consistió en una “proclamación de victoria” y nada más. 3) Esta predicación fue hecha entre la muerte y la resurrección de Cristo a “los espíritus de los perversos contemporáneos de Noé”.[2] La NVI, en su nota sobre este pasaje, encuentra buenas objeciones a cada una de estas posiciones.

Los eruditos han reconocido que las palabras de estos versos “están entre las más difíciles de interpretar en el NT”.[3] Martín Lutero expresó: “Este es un texto muy maravilloso y un dicho más oscuro que casi cualquier otro en el NT […] de manera que no sé exactamente lo que Pedro quiso decir”.[4] Por su lado, Philip Hughes llama a este pasaje “uno de los más difíciles y más ampliamente controvertidos pasajes del NT”.[5] Pero se reconoce que este difícil texto escode un mensaje importante: Así como Cristo venció a Satanás y el poder de la muerte, así mismo le daría a sus seguidores, sometidos a diversas pruebas (cf. 1: 6-8), la victoria sobre sus enemigos y detractores.[6]

Mientras que algunos, basados en la expresión “predicó a los espíritus encarcelados”, sostienen que Cristo, en el “intervalo entre su muerte y resurrección, fue al Hades a predicar un evangelio de arrepentimiento y perdón”, Thomas D. Lea sostiene categóricamente: “Nada en el texto sugiere que Cristo fue el Hades a predicar”.[7] Como se puede apreciar rápidamente, es comprensible que existan múltiples interpretaciones para este pasaje, pues en apenas dos o tres líneas que hemos escritos ya están involucrados una serie de argumentos e ideas que dificultan nuestro entendimiento del pasaje.

Creo que la forma de entender este texto estará determinada por las presuposiciones que tengamos de su contenido. Por ejemplo, si creemos en la incisiva doctrina de la inmortalidad natural del alma, entonces no haremos reparos en sugerir que Cristo ciertamente fue y predicó a estas “almas desencarnadas” (llamadas realmente “espíritus” en nuestro pasaje), dándole así una segunda oportunidad. Con todo, aun muchos eruditos que sostienen la inmortalidad del alma, rechazan la doctrina de una segunda oportunidad de salvación después de la muerte como ya hemos visto. Todo esto tiene una serie de implicaciones que no es nuestro propósito analizar aquí, porque, ¿tienen los muerto una segunda oportunidad para escuchar y aceptar el Evangelio? Thomas D. Lea, rechaza esta creencia rotundamente: “La idea de que los muertos tiene una segunda oportunidad para escuchar el evangelio es extraña a las Escrituras”.[8]

En su nota sobre este pasaje, la Biblia de Estudio Ryrie, después de ofrecer algunas interpretaciones alternativas, sostiene la siguiente posición como la más viable: “Lo más probable es que se refiera al Cristo pre-encarnado predicando por medio de Noé a los que por haber rechazado aquel mensaje, son ahora espíritus encarcelados”.[9] Se reconoce que esta fue la “posición preferida” por muchos de los reformadores del siglo XVI, y es también una de las posiciones (de tres que plantea) la NVI en su nota sobre este pasaje, aunque la descarta como “débil” porque “no parece relaciona con el texto el suceso de la muerte y la resurrección de Cristo, como parece hacerlo el contexto”.[10] La posición que asume la NVI es que la expresión “espíritus encarcelados” está restringida “a los seres angélicos”. Entonces la predicación de Cristo no fue a personas muertas, sino a ángeles caídos. La alocución aquí debería ser entendida en el sentido de “proclamación de victoria”. Solo que esta idea entra en conflicto con otras declaraciones bíblicas que no hablan de una proclamación “privada” en el Hades, sino de una manifestación “publica” de la victoria de Cristo sobre “los principados y potestades” (Col. 2:15, cf. Heb. 2:14, 15).

Por su lado William Barclay sostiene que debemos diferenciar entre “infierno” y “Hades” prefiriendo el sentido último. “El infierno es el lugar de castigo de los malvados; el hades era el lugar donde estaban todos los muertos”.[11] Y así Cristo “fue a los muertos que estaban en su mundo tenebroso”. Otros eruditos descartan que estos “espíritus” sean “personas muertas ya que no hay nada en este pasaje que deje claro que está escribiendo sobre seres humanos”.[12] Al descartar a los seres humanos, se sugiere sin vacilación a los ángeles caídos.

Procuremos ahora, dejando la opinión de los académicos a un lado, entender este difícil pasaje. Pero antes, resulta provecho saber que “cuando se estudia la historia de la interpretación de este pasaje, la idea del ‘descenso de Cristo al infierno’ o al Hades no aparece en los primeros siglos del cristianismo. El ejemplo más temprano ocurre en la Cuarta Fórmula de Esmirna, en el 359. El credo Niceno no incluye la frase, y sólo la tiene el Credo Apostólico y el de Anastasio. Hans Kung nota que la frase ‘[…] descendió a los infiernos’, no entró en el Credo hasta la mitad del siglo IV, y Martín Scharlemann dice que ‘no estuvo en su uso general hasta el siglo IV’”.[13] Se reconoce que esto no significa necesariamente que los que vivieron antes del siglo IV no creyeron en eso, pero es bueno notar como toman formas las doctrinas. Eso dice mucho de su fundamento y validez.

Hasta ahora, como hemos podido ver, se ha hecho referencia a tres interpretaciones diferentes de 1 Ped. 3; 18-20, pero en realidad, cuando el tema se investiga más detenidamente, aparecen por lo menos ocho interpretaciones distintas de este pasaje. Las cinco restantes serían: 4) Después de su muerte Jesús fue al infierno a “soltar a los que estaban en el Purgatorio” y que se “habían arrepentido exactamente antes que murieran en el diluvio”. 5) Cuando Jesús murió fue al infierno a dar una segunda oportunidad a los que habían muerto.[14] 6) Este pasaje revela que esta “proclamación victoriosa a los ángeles caídos” ocurrió durante la ascensión de Cristo. 7) Si la gente en los días de Noé obtuvo otra oportunidad, entonces “todos los que no han aceptado a Cristo” obtendrán “de alguna manera” una oportunidad “para escuchar el evangelio y aceptar a Cristo como salvador”. Por último, la Fórmula Luterana de la Concordia, parece sumarse a la lista: “Nosotros creemos sencillamente que el ser entero, Dios y hombre, después del entierro descendió al infierno, conquistó al diablo, destruyó el poder del infierno y le sacó al diablo todo su poder”.[15]

Ante todo este espectro de interpretaciones nos sentimos hasta tímido al tratar de sugerir un significado para este pasaje. Pero no tenemos alternativas. Notemos algunos aspectos del pasaje que resultan claro y que a veces no son notados por algunos investigadores:

1) “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios […]”. Como los destinatarios de esta epístola estaban sufriendo persecución, o la enfrentarían inminentemente, Pedro los anima con el ejemplo de Cristo. El Hijo de Dios les estaba dando el privilegio de ser “participantes de [… sus] sufrimientos”; de encontrar en Él, a pesar del sufrimiento, una dulce comunión (1 Ped. 4:13). Entonces, “la victoria de Jesús mediante el sufrimiento era la seguridad que tenían ellos de vencer en el ‘fuego de prueba’ que se avecinaba”.[16] Todo esto, y más (como lo revelan los mismos escritos petrinos), estaba incluido en el “también Cristo padeció […]”.

Si Jesús pudo sufrir el castigo por los pecados del mundo entero, entonces, ellos como cristianos rescatados de este “mundo”, debía soportar con paciencia sus tribulaciones. Y todo porque el Padre “amó tanto al mundo” (Jn. 3:16). El triunfo de su Señor sobre el mundo malvado, el pecado y el autor del pecado, era la garantía de su triunfo sobre estos mismos poderes. Debían ser perseverantes y pacientes.

2) “siendo a la verdad muerto en la carne […]”. Esto refleja más que nada la realidad de la humanidad de Cristo. Jesús no poseyó la humanidad aparentemente, Él la poseyó realmente. Su muerte constituye la base sobre la cual descansa la redención de los seres humanos, y fue el medio “para llevarnos a Dios”.

Pero esto sólo constituye una cara de la moneda. La siguiente cara viene en la próxima expresión…

3) “pero vivificado en espíritu […]”. Una traducción literal de esta frase unida a la precedente dice: “Hecho morir, ciertamente, en carne [sarkí], pero hecho vivir en espíritu [pnéumati]”. Las expresiones paralelas “en carne” y “en espíritu” aparecen nuevamente en 1 Tim. 3:16 (cf. Rom. 1:3-4). Estas mismas expresiones aparecen aplicadas a seres humanos en 1 Ped. 4:6. Parece, entonces, que la expresión ‘en espíritu” no hace referencia al Espíritu Santo como han sugerido algunos eruditos. Aunque al leer el siguiente pasaje, cabría la posibilidad: “Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes” (Rom. 8:11, NVI).

4) “en el cual también […]”. Aquí tenemos una evidencia de que “en el espíritu” puede entenderse como una referencia al Espíritu Santo. Sin embargo, esta expresión puede significar también “con respecto al cual”, “en virtud del cual”. Que el Espíritu Santo desempeñó un ministerio activo “en los días de Noé” está atestiguado por las Escrituras claramente (Gén. 6:3). No hay ambigüedades aquí.

5) “fue y predicó a los espíritus encarcelados […]. Esta expresión no debe tomarse separadamente, sino unida a la anterior y a la que le sigue, de lo contrario la “predicación” mencionada aquí podría ser aplicada a un momento equivocado del tiempo. El tiempo se nos da en la siguiente expresión.

Antes de continuar, debemos ver ahora el significado de “los espíritus encarcelados”. La palabra “espíritu (gr. pnéuma) significa  “viento”, “aliento”, “espíritu”. “El aliento es una de las características distintivas de los seres vivientes, pero aquí, debido a una sinécdoque, figura de retórica en la cual una parte de algo se toma como el todo, pnéuma podría significar sencillamente ‘persona’ [contrario al sentido que le atribuye la mayoría de los eruditos en la actualidad]”.[17]  Y esto no es un sentido impuesto a la palabra “pnéuma” como podemos comprobar al leer 1 Cor. 16: 18, donde “mi espíritu” significa “yo”. En Gál. 6: 18; 2 Tim. 4: 22, “vuestro espíritu” o “tu espíritu” significan “vosotros” o tú” (cf.  Fil. 4: 23;  Al comparar Heb. 12: 9, 23 con Núm. 16: 22; 27: 16 descubrimos que la expresión “Dios de los espíritus” es un modismo hebreo. Por lo tanto estos “espíritus” pueden ser  considerados como seres humanos vivos”. Este parece ser el sentido, pues en la primera parte del vers. 20 se habla de ellos como personas que vivieron en la tierra inmediatamente antes del diluvio.

Así, el sentido de “encarcelados” debe ser entendido en el contexto adecuado. Pedro usa esta palabra figuradamente para hacer referencia a la “cárcel” del pecado, de la que procuró Dios libertar a los impenitentes antediluvianos por medio de la predicación de su evangelio (cf. Isa. 42: 7; cf.  Isa. 61: 1; Luc. 4:18.). Tan fuerte era la “prisión” en la que se encontraban estos rebeldes (cf. Gén. 6: 5-13), que “solo ocho personas” escaparon de ella por medio de la fe (cf. 1 Ped. 3:20).

6)  “los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua […]”. El tiempo cuando ocurrió la “predicación” de Cristo “en el Espíritu” está especificada aquí de una manera clarísima, y de dos formas diferentes: 1) “En los días de Noé”, y 2) “Mientras se preparaba el arca”. De manera que el “tiempo” es una referencia a los 120 años que precedieron al diluvio. Durante ese tiempo, Noé, “pregonero de justicia” proclamó el mensaje de advertencia, el mensaje redentor.

El “tiempo” de la predicación se expresa con tanta claridad, que me causa asombro el hecho de que tantos estudiosos de las Escrituras no puedan notarlo y lo desplacen desde los días de Noé a los días de Cristo.

7) “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo”. Aquí está el cierre perfecto. El “bautismo que […] ahora nos salva” corresponde a las “aguas” del diluvio. De las “aguas” del diluvio escaparon quienes creyeron en la proclamación del evangelio; de igual manera, escapan del mundo condenado “ahora” (el tiempo apostólico), quienes dan una respuesta positiva (su creencia) a la nueva proclamación del Evangelio.

Veamos ahora este pasaje con nuestras conclusiones entre paréntesis, a manera de resumen de lo antes dicho.

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados [del mundo entero], el justo por los injustos [se ratifica por quienes murió], para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne [naturaleza humana real], pero vivificado en espíritu [el Espíritu Santo]; en el cual también [en la Persona del Espíritu Santo] fue y predicó a los espíritus encarcelados [rebeldes antediluvianos, atrapados en la cárcel de sus vidas pecaminosas –Pedro habla metafóricamente aquí], los que en otro tiempo desobedecieron [ahora el Apóstol va a especificar el tiempo cuando esta predicación fue hecha], cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé [¡este es el tiempo! y no en los días de Cristo], mientras se preparaba el arca [se ratifica de nuevo el tiempo específico], en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua” (1 Ped. 3: 18-20, VRV 1960).

De manera que esta es nuestra interpretación sobre este difícil pasaje, la que creemos se ajusta más a la realidad del texto y el contenido general de las Escrituras, y sobre todo, es una interpretación apegada a la obra de Cristo realiza en la cruz por una humanidad caída.

Notas y Referencias:

[1] NVI (Editorial Vida,  2002), nota sobre 1 Ped. 1:19-20a, p. 1987.

[2] “Argumentar que la gente de los días de Noé no tuvo una oportunidad razonable para salvarse, es ignorar el hecho de que Noé fue un ‘pregonero de justicia’ en esa generación (2 Ped. 2: 5), y que los antediluvianos rechazaron a sabiendas el mensaje que Dios les envió por medio de Noé (ver com. 1 Ped. 3: 20).  ‘La paciencia de Dios’ no hubiera esperado ‘en los días de Noé, mientras se preparaba el arca’ (vers. 20), a menos que aquellos a quienes Dios esperaba tan pacientemente no hubieran tenido la oportunidad de creer y obedecer” (CBA, tomo VII, p.  589).

[3] Thomas D. Lea, Panorama del Nuevo Testamento, su trasfondo y su mensaje (Editorial Mundo Hispano, 2000), p. 556.

[4] Citado por Norman Gulley en su obra ¡Cristo Viene!, un enfoque cristocéntrico de los eventos de los últimos días (ACES, 2003), p. 281.

[5] The True Images, p. 398, Citado en Gulley,  Ibid.

[6] Thomas D. Lea, Ibíd.

[7] Ibíd.

[8] Ibíd.

[9] P. 1753, las cursivas están en el original.

[10] NVI (Editorial Vida,  2002), nota sobre 1 Ped. 1:19-20a, p. 1987.

[11] Comentario al Nuevo Testamento, 17 tomos en 1 (Editorial CLIE, 1999), p. 997.

[12] Walter C. Kaiser Jr., Peter H. Davids, F. F. Bruce, Manfred T. Branch, Pasajes Difíciles de la Biblia (Editorial Mundo Hispano, 2010), p. 705.

[13] Gulley, Ibíd. p. 281.

[14] “Los que sostienen que Pedro está apoyando la creencia en la llamada inmortalidad natural del alma, deben también explicar por qué Cristo favoreció a los “espíritus” de los pecadores muertos en el tiempo de Noé y no les dio la misma oportunidad a los de otras generaciones” (CBA, tomo VII, p. 589).

[15] Citado en Gulley, Ibíd., p. 282.

[16] CBA, tomo VII, p. 589.

[17] Ibíd.

 

Explore posts in the same categories: Apuntes de Clase

2 comentarios en “Apuntes de Clase: La Predicación de Cristo a los Espíritus Encarcelados”

  1. Oscar Valdez Says:

    Excelente!! Dios le bendiga Héctor!

  2. Israel Alarcon Says:

    Muy buen material Hector. Me gustaria recibir a mi correo algun material. Este por ejemplo y otros.

    Dios te bendiga


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 79 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: