La Alta Crítica del Nuevo Testamento

Muchos de los principios que se han aplicado en la alta crítica del AT se han empleado también en el estudio crítico del NT.  A mediados del siglo XIX surgió una escuela radical de crítica bíblica en la Universidad de Tubinga, Alemania (por eso es conocida como la Escuela de Tubinga).  Se afirmó entonces que casi ninguna parte del NT fue escrita por los autores cuyos nombres aparecen en los libros, se colocó la escritura de los Evangelios en el siglo II, y se reconoció sólo las epístolas a los Romanos, 1 y 2 Corintios y Gálatas como auténticas obras de Pablo.  El establecimiento de un texto griego digno de confianza por eruditos como Tischendorff, Westcott y Hort (ver pp. 143-144), y un estudio crítico posterior han hecho modificar estas conclusiones, de tal modo que ahora se reconoce que los Evangelios fueron escritos en el siglo I, aunque no necesariamente por los autores a quienes se les atribuyen.  Hay acuerdo general en que las epístolas atribuidas a Pablo son todas suyas, con la posible excepción -según algunos eruditos- de 1 y 2 Timoteo, Tito, y quizás también Efesios.

A. Crítica de las fuentes del Nuevo Testamento

La primera aplicación de las técnicas de la crítica literaria fue hecha por el sacerdote francés R. Simon (1638-1712).  Los eruditos alemanes J. D. Michaelis (1717-1791) y J. S. Semler (1725-179l), influidos por aquél, continuaron su obra en esta área.  Michaelis postuló que los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) no tienen relación literaria entre sí, sino que dependen de otros evangelios apócrifos.  Sugirió que debía existir un Evangelio original, ahora perdido, al que denominó Urevangelium.  En el siglo XIX, F. C. Baur, de la Escuela de Tubinga, afirmó que Mateo fue el primer Evangelio escrito, pero que apareció alrededor del siglo II d. C. Entre las epístolas paulinas reconoció como genuinas sólo a Romanos, 1 y 2 Corintios y Gálatas.  Hasta hoy permanecen dos problemas como áreas de estudio para los 171 críticos de las fuentes: el sinóptico (la relación literaria entre los tres Evangelios sinópticos) y quién escribió las epístolas paulinas mencionadas.

1. Crítica de las fuentes de los Evangelios sinópticos

Al parecer, San Agustín (m. 430 d. C.) fue el primero en comentar el parecido entre los Evangelios sinópticos.  En su obra  De consensus evangelistarum sugirió que Mateo había sido el primero y que Marcos era una abreviación de Mateo.  Dijo además que Lucas era el más reciente de los Evangelios.  La crítica de las fuentes ha realizado desde el siglo pasado vigorosos intentos para resolver el problema sinóptico: dilucidar cuál fue el primer Evangelio y cómo y por qué los otros evangelistas lo copiaron.  Se presentan a continuación cinco de las principales hipótesis al respecto.

a. Diversas hipótesis que afirman la existencia de una sola fuente. Papías, uno de los padres de la iglesia, escribió en el siglo II algo que es citado por Eusebio (Historia eclesiástica iii. 39. 16): “Mateo escribió ciertamente los oráculos divinos en lengua hebrea [arameo]; cada cual los interpretó como mejor pudo”.  Esto parecería indicar que los tres evangelistas usaron como base el Evangelio de Mateo, en arameo.  A fines del siglo XVIII G. E. Lessing sugirió que los sinópticos se basaban en un Evangelio arameo que luego se había perdido.  En 1794 J. G. Eichhorn le dio carácter científico a esta hipótesis del Evangelio original.  Los eruditos suelen rechazar hoy esta posición, porque muchos de los pasajes son de tal naturaleza que deben haber tenido una fuente griega y no aramea.

La hipótesis de Griesbach, presentada por J. J. Griesbach en estudios publicados entre 1780 y 1790, afirma que la secuencia es Mateo-Lucas-Marcos.  Esta hipótesis predominó entre los críticos de mediados del siglo XIX y fue apoyada por la Escuela de Tubinga.  Entre 1970 y 1980 algunos críticos adoptaron una versión modificada de esta hipótesis.

La hipótesis de Lachmann fue publicada en 1835 por C. Lachmann, quien señaló que Mateo y Lucas concuerdan entre sí en secuencia sólo cuando los dos tienen el mismo orden de Marcos.  Por esto afirmó que Marcos fue el primero, y sugirió la secuencia Marcos-Mateo-Lucas.  La prioridad de Marcos -el uso de Marcos como base para Mateo y Lucas- ha sido sostenida por muchos eruditos, quienes difieren entre sí en cuanto a los detalles de la teoría.

b. Hipótesis que afirma la existencia de dos fuentes. En 1838 H. Weisse modificó la hipótesis de Lachmann al afirmar que había dos fuentes: Marcos y la logía (“oráculos”).  Algunos han dicho que la logía equivale al documento arameo mencionado por Papías.  Como los eruditos reconocen que no pueden señalar específicamente cuál es esta fuente, han preferido llamarla Q o Quelle, palabra alemana que significa “fuente”.  Esta hipótesis ha tenido mucho apoyo, pero ha sufrido muchas modificaciones.  Es probable que sea la hipótesis de las fuentes más ampliamente aceptada; sin embargo, no deja de tener críticos.

c. Hipótesis que afirma la existencia de cuatro fuentes. En 1924 B. H. Streeter propuso una amplificación de la hipótesis de las dos fuentes, que podría explicar la existencia de materiales en Mateo y Lucas que no parecen ser de Marcos ni de Q. Identificó cuatro fuentes, las cuales pensaba que se habían originado en cuatro centros de la antigua iglesia cristiana: Marcos, en Roma; Q, en Antioquía; L, materiales que sólo aparecen en Lucas, de Cesarea; y M, materiales que sólo aparecen en Mateo, de Jerusalén.  La hipótesis de Streeter no ha recibido general aceptación, sin embargo, los eruditos concuerdan en que se perciben cuatro tipos diferentes de materiales en los Evangelios sinópticos.

d. Diversas hipótesis que afirman la existencia de fuentes múltiples.  Los que aceptan la prioridad de Marcos, ya sea en la hipótesis de dos o de cuatro fuentes, aún tienen dificultad para explicar las concordancias menores entre Mateo y Lucas, cuando éstas difieren de Marcos.  Esto ha llevado a teorías divergentes en cuanto a la existencia de fuentes múltiples.  Algunos eruditos han sugerido una teoría “fragmentaria”, según la cual los evangelistas habrían tomado de diversos escritos de la vida de Jesús.  Se considera que Luc. l : 1 es evidencia de la existencia de tales relatos de la vida de Jesús.

e. Hipótesis de la fuente aramea. Charles Cutler Torrey publicó en 1933 su teoría de que todos los Evangelios originalmente fueron escritos en arameo.  Argumentó que hay muchas traducciones erróneas en los Evangelios en griego, que sólo pueden corregirse si se los vuelve a traducir al arameo.  Aunque la hipótesis de Torrey atrajo mucha atención, no ha convencido a muchos eruditos, quienes han quedado consternados por la falta de acuerdo entre los seguidores de Torrey en cuanto a cuáles son las traducciones erróneas. Joachim Jeremías intentó en la década de 1950 recuperar la ipssisima verba christi (las mismísimas palabras de Cristo) reconstruyendo del griego el arameo original hablado por Jesús.  M. Black sugirió en 1967 que una fuente en la cual estaban los dichos de Jesús, ya sea en forma escrita u oral, sirvió de fuente para los Evangelios sinópticos.  Debido al descubrimiento de cartas y documentos escritos en Galilea en tiempos del NT, hoy hay menos entusiasmo por probar que los Evangelios originales fueron escritos en arameo.  En verdad, algunos han sugerido que Cristo mismo hablaba el griego, y que parte de su enseñanza y de su predicación fue en griego.

2. En busca de una solución para el problema sinóptico

Después de dos siglos de trabajo, los críticos de las fuentes aún no han encontrado la solución.  Los argumentos propuestos en favor de cada una de las teorías no han resuelto el problema.  Cada intento por ofrecer una respuesta hace surgir una nueva pregunta.  Este quizá sea uno de esos problemas que sólo se resolverán en la escuela del más allá.

Las teorías que se han expuesto tienen en gran medida por base la premisa de que los Evangelios se escribieron del mismo modo como se produce cualquier otra obra literaria.  Este Comentario rechaza totalmente tal idea.  El Espíritu Santo no sólo dirigió a los autores de los Evangelios a fuentes y materiales dignos de confianza, sino que también dirigió sus mentes al escribir acerca de acontecimientos pasados.  Por esto los Evangelios, como también todas las otras Escrituras, son únicos en comparación con el resto de la producción literaria del hombre; por lo tanto, no es posible tratar su historia literaria exactamente del mismo modo como un crítico analiza los factores que contribuyeron a la producción de una obra que es fruto únicamente del genio humano.

Sin embargo, este Comentario no toma la posición opuesta de que los autores bíblicos escribieron por dictado verbal del Espíritu Santo, y que en consecuencia los paralelos que haya -incluyendo las estructuras gramaticales anómalas- deben explicarse argumentando que el Espíritu escogió dictar exactamente las mismas palabras a diferentes autores.  Pedro afirma específicamente que “los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Ped. 1: 21).  Hablaron y escribieron en armonía con sus propias individualidades y características, según puede apreciarse en sus variados estilos literarios.  Dios por medio de su Espíritu dio luz y comprensión a la mente de los escritores de la Biblia; los guió a fuentes de información (Luc. 1: 1-3; Hech. 1: 1), pero los dejó en libertad para que hicieran su propia investigación.  Luego, bajo la inspiración divina, escribieron en sus palabras tanto lo que les había sido revelado como lo que habían investigado.

¿Qué puede decirse en cuanto al problema sinóptico?

1. Por lo que se lee en Luc. 1: 1-3 y por los paralelos verbales entre los Evangelios sinópticos, es evidente que por lo menos Mateo y Lucas fueron guiados por el Espíritu Santo a usar documentos ya escritos en la preparación de sus Evangelios.  Era natural que muchas personas hubieran conservado relatos, tanto orales como escritos, de la vida, la obra y las enseñanzas de Jesús.  Lucas afirma específicamente que así fue (cap. 1: 1).  Sugiere, además, que antes de escribir su propio relato había investigado en las fuentes disponibles.  Una cuidadosa comparación de Mateo con Marcos y Lucas muestra que Mateo también utilizó fuentes escritas.  Por ejemplo, los pasajes paralelos de Mat. 9: 6, Mar. 2: 10-11 y Luc. 5: 24 tienen una fraseología casi idéntica, y los tres contienen la misma dificultad gramatical que atenta contra el claro sentido de los pasajes.  Otra evidencia de que los evangelistas recurrieron al uso de documentos escritos aparece en el uso de palabras idénticas, pero poco comunes, en pasajes paralelos.  Todo parece indicar que, guiados por el Espíritu Santo, los autores de Mateo y Lucas emplearon en la redacción de sus Evangelios materiales ya escritos acerca de la vida y las enseñanzas de Cristo.

2. Es probable que el Evangelio de Marcos haya sido el primero que se escribió.  Es notable que casi todo el material de este Evangelio se halla en los otros.  Westcott encontró sólo 24 versículos en todo el Evangelio de Marcos que no tienen paralelos (Introduction to the Study of the Gospels, p. 192).  La tabla del t. V, p. 182 muestra que, siguiendo la lista de secciones presentada en este Comentario, sólo uno por ciento del relato de Marcos fue narrado únicamente por él.  El hecho de que el Evangelio de Marcos sea el más corto, pero que en muchos de los acontecimientos que relata presenta más detalles que Mateo o Lucas, sugiere que Marcos es la base de Mateo y Lucas y no una condensación de uno u otro de los dos.

3. Era totalmente natural que circularan muchos informes orales en cuanto a la vida y la enseñanza de Jesús en la iglesia primitiva.  La predicación de los apóstoles se centraba en Cristo; por lo tanto, los informes de quienes habían estado con él deben haber tenido amplia circulación en la iglesia.  El hecho de que Pablo se refiera a un dicho de Jesús (Hech. 20: 35) que no aparece en los Evangelios, sugiere la existencia de tales materiales.  Juan afirmó que había -pero que no registraba- muchas otras cosas que Jesús hizo (Juan 21: 25); éstas deben haberse conservado en forma oral o escrita.  Lucas señala claramente que existían muchos documentos (Luc. l: 1-3).  Es, pues, muy probable que éstos hayan sido los materiales a los cuales el Espíritu Santo dirigió a los evangelistas.

4. No era más que natural que aquellos que habían estado con Cristo incorporaran recuerdos personales en su relato.  Mateo fue uno de los doce; tenía una experiencia fresca, personal.  Los otros evangelistas sólo tuvieron una asociación marginal con Jesús durante su vida terrenal; dependieron más bien de los recuerdos de otros.

5. Lucas pudo haber comenzado a reunir materiales para componer su Evangelio mientras permaneció con Pablo en Cesarea; y ya en Roma, pudo haber entrado en contacto con Marcos (ver Col. 4: 10, 14) y su Evangelio.  Pudo, pues, haber empleado materiales recogidos en su investigación y del Evangelio de Marcos; y, bajo la inspiración del Espíritu Santo, escribió estas cosas para beneficio de Teófilo (Luc. l: 1-4).

Estos comentarios no ofrecen en modo alguno una solución final al problema; pero el que estudia la Biblia puede estar confiado de que los Evangelios sinópticos representan el esfuerzo interrelacionado y divinamente inspirado de escritores del primer siglo de la era cristiana, quienes reconocieron la validez de relatos escritos por otros cristianos.  El Espíritu Santo dirigió en la selección de los materiales, salvaguardó su integridad y les añadió por revelación directa, para que pudiera conservarse un registro auténtico e inspirado de la vida, muerte y resurrección del Hijo de Dios.

3. Crítica de las fuentes del Evangelio de Juan

El Evangelio de Juan tiene pocos paralelos con los sinópticos. La tradición cristiana ha afirmado desde los primeros tiempos que este Evangelio se escribió a fines del primer siglo, después de los sinópticos.  En el siglo XIX los eruditos negaron que el Evangelio de Juan se hubiera escrito antes del año 150 d. C.; por lo tanto, Juan el discípulo no podría haber sido su autor.  También se afirmó que el autor de Juan no conocía los Evangelios sinópticos, y por lo tanto había empleado otras fuentes literarias.

En 1941 Rudolf Bultmann publicó un comentario sobre Juan, en el cual proponía que el cuarto Evangelio era obra de un gnóstico convertido al cristianismo y que su autor empleó tres fuentes: (1) una fuente llamada Semeia (“señales”), que sería una colección de relatos de milagros no necesariamente históricos; (2) una fuente llamada del discurso revelatorio, que sería una colección de discursos de origen gnóstico; y (3) una fuente que contenía el relato de la pasión y la resurrección, similar a los Evangelios sinópticos, pero independiente de ellos.  El evangelista habría entretejido estas tres fuentes, pero sólo mediante la ayuda de un redactor posterior pudo el Evangelio haber tomado su forma actual.

La complicada teoría de Bultmann ha sido criticada por diversas razones: (1) las supuestas diferencias de estilo de las diferentes fuentes no pueden verificarse; (2) las señales y los discursos en Juan están tan entretejidos que no pueden haber sido tomados de fuentes independientes; (3) los dichos de Jesús son parte integral de los discursos y pertenecen a la tradición primitiva; y (4) no se conocen documentos antiguos que sean parecidos a los que se afirma que existieron.

Además, la fecha posterior que se le asigna al Evangelio de Juan (mediados del siglo II) no puede ser correcta.  En 1935 se publicó un fragmento de un papiro egipcio en el cual se encuentra Juan 18: 31-33, 37-38.  La escritura de este manuscrito, el Papiro Rylands 457, comúnmente designado como P52, muestra que no pudo haberse escrito después del año 125 d. C. Al discutir este hallazgo, el erudito Adolfo Deissman escribió:

“Una multitud de hipótesis concernientes a un origen posterior para el Evangelio según Juan, se marchitarán como plantas de invernadero.  En el papiro Rylands tenemos una prueba documental de que el Evangelio según Juan no sólo ya existía en la primera mitad del siglo II, sino que copias del mismo ya habían llegado a Egipto.  El origen del Evangelio debe, por lo tanto, asignarse a tiempos muy anteriores” (en Deutsche Allgemeine Zeitung, 3 de diciembre de 1935).

Al comentar sobre el mismo manuscrito, Federico Kenyon dijo: “Si hay un punto en el cual la escuela progresista sentía más confianza que en cualquier otro, era que el cuarto Evangelio había sido escrito en una fecha posterior… Por lo tanto, causa satisfacción hallar que precisamente en el caso del cuarto Evangelio la evidencia de una fecha en el siglo I es sumamente convincente” (The Bible and Archaeology, p. 128).  Kenyon afirmó además que la evidencia del Papiro Rylands 457 ayuda a “confirmar la fecha tradicional de composición [del Evangelio según San Juan] en los últimos años del primer siglo” (Our Bible and the Ancient Manuscripts [Nueva York: Harper, 1940], p. 128).

Con referencia al supuesto trasfondo y contenido gnóstico de Juan, el profesor E. R. Goodenough, de la Universidad de Yale, afirmó que el libro no tiene nada que sea específicamente gnóstico, como los críticos lo habían afirmado.  El descubrimiento en Nag Hamadi (alto Egipto) en 1947 de 48 tratados gnósticos, mostró que el gnosticismo del segundo siglo sostenía principios muy diferentes a los propuestos en el Evangelio de Juan.  Algunos de estos documentos indican que las ideas teológicas de Juan, supuestamente del siglo II, en verdad eran anteriores al tiempo del ministerio de Cristo.

No importa lo que digan los críticos en cuanto al origen del Evangelio de Juan, haremos bien en no perder de vista el autotestimonio de Juan 19: 35 y 21: 24-25, donde se recalca en forma enfática que su autor fue testigo ocular de lo ocurrido.  El hecho de que la presentación de este Evangelio sea diferente de los sinópticos sólo destaca la manera como el Espíritu Santo obra con los autores en forma individual. (5 CBA: 171-176).

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2 comentarios en “La Alta Crítica del Nuevo Testamento”

  1. Luis Alberto Cabrera Dice:

    Amigo Héctor Delgado, gracias por compartir estos trabajos de crítica a los Evangelios sinópticos. En el tiempo de Jesús, Él tuvo que enfrentar a algunas escuelas, y defender tenazmente y corregir los agregados al Antiguo Testamento. Pero me deja grandes dudas con respecto a las nuevas investigaciones. ¿Qué pasaría si se corriegiera los Evangelios por supuestos manuscritos “originales” encontrados al momento. El trabajo del Espíritu Santo, no tendría validés. Ó quizá alguien se guardó muchos testimonios verídicos de Jesús, y que hoy que estamos a las puertas del arrebatamiento de la Iglesía de Cristo (según la Biblia), vengan a decir que estuvieron escondidos.

    Siendo así, el daño ya está hecho y el pueblo de Dios está salvo por fe, y solo Jesús salva por la gracia y la guía del Espíritu Santo. Y usted qué opina?

    Que Dios lo bendiga en Cristo Jesús.

  2. ahmed selcuk Dice:

    Permitame contestar: en primer lugar se duda sobre la existencia del propio jesus, ya que jamas se han encontrado escritos de su epoca de nadie, comentando sobre el tal jesus de nazareth, ni en el propio jerusalem ni en paises aledaños, por lo tanto no hay la certeza de su existencia, solo muchos años despues es cuando realmente existen algunos datos. entonces si algo tan relevante segun los cristianos acontecio en determinada epoca hubiera sido un escandalo por todos lados y no existiria el mas minimo olvido o omision de pasar por alto el reconocimiento de determinada persona.

    en pocas palabras la biblia es una farsa, inventada por hombres, los cuales buscaban manipular las mentes de las personas ignorantes de aquella epoca, para someterlos, mediante el miedo (en el antiguo testamento) y en el nuevo testamente mediante la lastima (supuesta existencia tragica de un cristo que no existio y que, considerando su casi nula existencia jamas murio). segun los que creen en el.


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