Apuntes de Clase: Reflexiones Sobre Daniel 3:16-18.

Por: Héctor A. Delgado

Nota: Estos breves comentarios constituyen mis reflexiones sobre algunos aspectos teológicos que considero de interes en mis lecturas de los materiales de textos asignados por la universidad donde curso mi lecenciatura en teología.

“Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado” (Dan. 3:16-18).

Este pasaje es uno de los más inspiradores de la Biblia. Refleja la lealtad incondicional de estos siervos de Dios en una forma maravillosa y emocionante. La fiel obediencia de estos jóvenes se torna más notoria todavía al saber que son parte de un pueblo que ha claudicado en el deber para con su Dios, y que ha sido llevado al cautiverio por causa de su desobediencia. Si Dios fue capaz de proteger a estos jóvenes en la misma tierra del imperio enemigo, ¿no habría sido capaz de proteger a su pueblo en su propia tierra?

Evidentemente “Sadrac, Mesac y Abed-nego” formaban parte del remanente fiel de Dios aun en medio del cautiverio. Fueron jóvenes que mantuvieron firme su fe aun fuera de su tierra. El registro bíblico dice que ellos decidieron “no contaminarse” en aquel lugar (cf. Dan. 1:8). Si bien la Biblia dice que esta fue la actitud de Daniel, es evidente que la fuerza espiritual que ellos reflejan aquí no significa que fueron meros seguidores de la buena decisión de Daniel. Esta fue la decisión de todos. Ellos secundaron la decisión de su amigo. Dijeron un fuete “amén”.

La forma de gobierno que regía en Babilonia era monárquica. El rey era la ley y esta cambiaba tanto cambiaba la voluntad del rey. El rey era soberano en asuntos civiles, pero también en materia de religión. Bajo semejante forma de gobierno no podía existir el principio de Libertad Religiosa. De hecho, ese principio es relativamente joven. Pero esta historia esconde un principio de intolerancia religiosa que se repitirá a escala mundial según el libro de Apocalipsis (cf. 13:11-17). Juan estructura su descripción con las imágenes del relato de Daniel cap. 3. Así comenzamos a ver porqué algunos relatos, por más fantásticos que parezcan, están registrado en las Escrituras sagradas.

Es necesario que destaquemos algunos aspectos que están presentes en esta historia.

1)  Los jóvenes hebreos eran valientes. “No es necesario que te respondamos sobre este asunto […]”. Estas palabras denotan firmeza y determinación. No había que presentar allí un discurso elaborado. Pocas palabras eran suficientes. Los “valientes” arrebatan el reino de los cielos.

2)  Conocían muy bien el poder de Dios. “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará”. Ellos sabían que su Dios era todopoderoso y que nada está por encima de su voluntad y poder soberano. Nada ocurre a sus hijos que Él no tengan control sobre ello. “Todas las cosas ayudan para bien” de los que son leales a Dios.

3)  Poseían una fe maravillosa. “[…] y de tu mano, oh rey, nos librará”. Esto es fe en su más pura esencia. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Heb. 11:1, VRV 1995). Una fe como esta puede ser honrada por Dios en la forma que más glorifica su nombre.

4)  No eran presuntuosos. “Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado”. La presunción es la falsificación diabólica de la verdadera fe. La fe se aferra a las promesas de Dios y cumple con las condiciones con las que se concede un favor; pero la presunción, aunque se aferra a las promesas divinas, no está dispuesta a cumplir la voluntad de Dios. Los jóvenes hebreos tenía fe. Y aunque, de alguna manera estaban convencidos del hecho de que Dios no siempre actúa de la misma manera, estaban seguros de que Él podía librarlos (cf. Heb. 11:1). Ahora había que esperar para ver si estaba en los planes de Dios liberarlos a ellos en aquella ocasión. Y es que no siempre Dios honra la fe de sus siervos de la misma forma. Hay momentos en que el martirio de sus siervos es la forma más idónea para vindicar nuestra fe y glorificar a Dios.

En el caso que nos ocupa, Dios liberó milagrosamente a sus siervos fieles, así como libró a Daniel más adelante del foso de los leones.

Como hijos de Dios, aunque tengamos una fe fuerte, no podemos comprender plenamente los caminos del “Alto y Sublime”. A veces tenemos que honrarle con nuestra vida sobre el altar del sacrificio. Esta es la dramática historia del Bautista y otros que como él no fueron librados de las manos de sus opresores. Las siguientes palabras son dignas de la más profunda meditación: “Dios no conduce nunca a sus hijos de otra manera que la que ellos elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio, y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores suyos. Ni Enoc, que fue trasladado al cielo, ni Elías, que ascendió en un carro de fuego, fueron mayores o más honrados que Juan el Bautista, que pereció solo en la mazmorra. ‘A vosotros es concedido por Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él’ (Fil. 1:29)  Y de todos los dones que el Cielo puede conceder a los hombres, la comunión con Cristo en sus sufrimientos es el más grave cometido y el más alto honor” (El Deseado de Todas las Gentes, p. 198).

Pero el caso que analizamos traspasa los límites de la conformidad y la alegría de la liberación. Es un modelo de lo que Dios puede hacer por nosotros. Cuando la prueba final caiga pesadamente sobre la iglesia de Cristo en los últimos días, Dios manifestará una vez más su poder libertador a favor de los suyos (cf. Apoc. 14:14-20; 19:11-21). Y es que no solo conoce el pueblo elegido a su Dios, sino que ellos son conocidos por el Señor. “A pesar de todo, el fundamento de Dios es sólido y se mantiene firme, pues está sellado con esta inscripción: ‘El Señor conoce a los suyos’. y esta otra: ‘Que se aparte de la maldad todo el que invoca el nombre del Señor’” (2 Tim. 2:19, NVI).

Evidentemente existe una co-relación aquí. El pueblo es leal a Dios apartándose de toda iniquidad, y Él que los conoce, está de su lado como su Dios (cf. Dan. 12:1).

Seamos, pues, como “Sadrac, Mesac y Abed-nego” dándole a Dios nuestra más sincera lealtad. El será glorificado y nosotros seremos honrados. “¡Ofrece a Dios tu gratitud, cumple tus promesas al Altísimo! Invócame en el día de la angustia; yo te libraré y tú me honrarás” (Sal. 50:14-15, NVI).

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One Comment en “Apuntes de Clase: Reflexiones Sobre Daniel 3:16-18.”

  1. Noemi Medina Says:

    Dios conoce a los suyos! Que amor a Dios, a pesar de que su vida estaba en riesgo decidieron obedecer, su fe les mantuvo cualquiera fuera la decision de Dios “vivir o morir” ellos la aceptarían, su amor a su Dios les permitio sostener sus principios.

    Que Dios nos ayude amarlo, creerle y obedecerle

    http://vivirconpropositodivino.webnode.es


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