Apuntes de Clase: Reflexiones Sobre El Cantar de los Cantares

Por: Héctor A. Delgado

Nota: Estos breves comentarios constituyen mis reflexiones sobre algunos aspectos teológicos que considero de interes en mis lecturas de los materiales de textos asignados por la universidad donde curso mi lecenciatura en teología.

Al reflexionar sobre el Cantar de los Cantares somos confrontados con un género literario que desafía nuestra imaginación. Deberíamos preguntarnos hasta qué punto nuestras ideas sobre los diferentes aspectos de la verdad bíblica determinan la forma en la que interpretamos el texto sagrado, en forma particular el libro que ahora nos ocupa.

Cuando usted lee a Cantares, ¿Qué pensamientos llegan a su mente? ¿Cuál es su impresión? Los métodos empleados para interpretar este libro son varios y cada uno propone una solución a un supuesto problema que representa esta clase de literatura dentro del Canon del Antiguo Testamento (AT de aquí en adelante).

Algunos lo interpretan como “un drama” (Scott, Delitzsch, Zoeckler y otros), una “colección de cantos de amor” (Wetzstein, Eissfeldt, Pfeiffer, Lods, Reus y otros), una “alegoría judía” (Mishnah, Talmud, Targums). Otros aún creen que este libro debe ser entendido como “alegoría cristiana” (Hengstener, Keil y otros). Este punto es considerado la “opinión dominante” dentro del cristianismo. Algunos, desde muy antiguo han insistido en una interpretación literal del canto (Honorio de Autum, siglo XII). Por eso lo han interpretado en forma tipológica como haciendo referencia al amor de Cristo por su iglesia.

Otra interpretación propone que esta historia de amor debería ser interpretada como “una escena en Harem”, (Leroy Waterman), y otros aún, como si fuera solamente “una parábola” (Teodoro de Mapsuetia, siglo VI). Cabe destacar que esta interpretación – en la opinión de Edward Young – posee “un elemento de verdad”,  porque “el cántico celebra la dignidad y pureza del amor humano. Este es un hecho en el cual no siempre se ha puesto el suficiente énfasis” (Young, p. 359). Otros incluso, han ido más lejos al proponer que Cantares constituye una “adaptación de la Liturgia pagana del culto a Tammuz Adonis” (Teofilo J. Meek).(1)

Personalmente creo que el principio que sostiene que “la Escritura constituye su propio intérprete” debe primar aquí. Nuestra interpretación de los Cantares debe estar basada en lo que revela la Inspiración sobre él y no sobre nuestras suposiciones o ideas ajenas al texto sagrado. Bien observa el Comentario Bíblico Adventista: “Una regla segura de exégesis es permitir que sólo los escritores inspirados – y nadie más – interpreten los simbolismos de la profecía, los caracteres de una parábola, el valor espiritual de los incidentes históricos y el significado espiritual de las ilustraciones y figuras para la enseñanza […] Y sólo en la medida en que la inspiración nos lo revela, podemos saber hasta qué grado los diversos incidentes históricos relacionados con el Cantar tienen un significado especial cuando se aplican al amor divino” (Tomo III, p. 1129).

En lo que respecta al Dr. Young (después de aportar algunas pruebas bíblicas), Cantares debe ser entendido como una “parábola tácita”. Pero al percibir el mensaje sobre “la dignidad de amor humano”, debemos entender que esa realidad “no agota el propósito del libro”. Pues el hecho de que se “le haya incluido en canon, nos recuerda de un amor que es más puro que el humano. Por medio de su presencia en el canon (porque en último análisis, ha sido Dios quien ha puesto estos libros en el canon y no el hombre), nos recuerda que Dios, quien ha puesto el amor en el corazón humano, es puro Él mismo”. Así descalifica el relato como “un tipo de Cristo” porque no lo considera “exegéticamente justificado” (Ibíd.).

Después que se comienzan a sentar las bases correctas, podemos entender el propósito de este libro. Así encontramos en él un poema que “posee un propósito didáctico”. Algunos eruditos pueden, después de hacer un análisis de la estructura y el mensaje del libro, decir que “el Cantar de los Cantares es una bella canción amorosa oriental, escrita en forma de diálogo lírico con cierta distribución o movimiento dramático (lo que no implica que sea un drama naturalmente)”.(2) Pero no podemos negar que en este libro aparecen ciertas analogías que son interesantes. Por ejemplo, creo que resulta correcto aplicar a Cristo la declaración el más “señalado entre diez mil” (Cant. 5:10, VRV 1960), aunque no tengamos un pasaje paralelo directo para confirmarlo. Por eso, y basados en otros textos del mismo Cantares, parecería que tenemos libertad para hacer ciertas aplicaciones espirituales, pero solo en armonía con sanos principios exegéticos que de paso, no tienen ninguna relación con el método alegórico.

Tal vez la dificultad para interpretar correctamente el Cantar de los Cantares no se deba a que no empleemos los métodos correctos de interpretación bíblica, sino a que no  nos detenemos a razonar que “en el mundo oriental en que se escribió el poema” de Cantares era diferente al nuestro. La gente se expresaba “en forma más directa acerca de muchos asuntos íntimos, de lo que se hace en nuestro mundo occidental moderno”.

La Biblia dice que Salomón “compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco” (1 Rey. 4:32). Nos maravilla saber que sólo el Cantar de los Cantares fue incluido en el canon. Tal vez el nombre con el que lo designamos ahora (“El Cantar de los Cantares” o “El Canto de los Cantos”), no sea más que una forma idiomática para significar “el mejor de los muchos cantos de Salomón”. Si es así, ya podemos entender la razón por la que terminó dentro del canon del AT.

Scott demuestra en su libro El Plan de Dios en el Antiguo Testamento (pp. 191, 192) los excesos de Salomón prácticamente en todas las cosas. De manera que el excesivo “derroche” de amor humano que nos llega en los Cantares constituye una evidencia indirecta de que este libro es de la autoría de Salomón (Una evidencia directa se encuentra en Ecl. 1:1).(3)

Aun deseo destacar algo más sobre Cantares. Se ha observado, y creo que con mucha razón, que el lenguaje de este libro corresponde al período de oro de la lengua hebrea. Lo inminentemente poético, fresco y vigoroso en él no posee los rasgos “del deterioro que se manifestó en el periodo de la decadencia que sobrevino” después de la división de Israel. Lo que tenemos en los Cantares es una obra maestra de la lengua hebrea, que habla con propósitos didáctico y moral de la pureza del amor humano y del amor de los amores, el ágape de Dios. Solo un amor así puede ser la fuente de donde brota semejante amor hacia el corazón de los seres humanos, y de unos hacia otro. ¿Quién me acusa de pecado al decir que la siguiente declaración no nos habla del amor de Dios?: “Porque fuerte como la muerte es el amor […], Las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos” (Cant. 8:7,8, NRV 2000, cf. Jer. 31:3).

Y para finalizar deseo hacer saber que personalmente creo que el Nuevo Testamento toma en cuenta el mensaje de los Cantares con la misma seriedad que otros libros, tales como Isaías, Jonás, Jeremías, etc. Por ejemplo, Apoc. 3:20 parece ser una cita directa de Cant. 5:2. La fraseología empleada por nuestro Señor constituye una cita exacta de la Septuaginta, “epi ten thuran”, (a la puerta”), tal como se encuentra en Cantares (5:2). Resulta interesante saber que la expresión “en la puerta” no figura en el AT en hebreo. De seguro Jesús sabía esto y aún citó el texto de la Septuaginta para transmitir su mensaje.

Otra cita del Cantares parece aparecer en Juan 7:38 (¡Otra cita de nuestro Señor!): “El que cree en mí, como dice la Escritura de su interior correrán ríos de agua viva”, citando Cant. 4:12 y 15. Si bien algunos eruditos sostienen que aquí se hace referencia “probablemente a Isaías 55:1” (Biblia de Estudio Ryrie), cuando leemos “pozo de aguas vivas” en Cantares, parece existir aquí una relación más directa. Así, Cristo pone su sello de aprobación sobre el libro, y se identifica como su auténtico protagonista.(4)

“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). No creo que “el mejor de los muchos cantos de Salomón” quede fuera de esta declaración inspirada.

Notas y Referencias:

1)  Edwad J. Young hace un excelente análisis sobre la paternidad y el género literario del Cantar de los Cantares en su obra: Una Introducción al Antiguo Testamento, pp. 355-360. En este libro considera todos estos puntos de vista y les da sólidas respuestas que, por causa del espacio no puedo citar. Para quienes deseen tener este valioso material, pueden descargarlo en formato pdf en este link: http://cebei.wordpress.com/2010/06/07/introduccion-al-antiguo-testamento-edward-j-young-seminario-teologico-westminster/

2) Los interesados pueden consultar una valiosa introducción al Cantar de los Cantares en este Blog: www.inspiradapordios.wordpress.com

3)  En la Introducción de la Biblia de Estudio Ryrie, leemos: “El contenido armoniza con todo lo que se sabe tocante a las habilidades y a la sabiduría de Salomón y no existe ninguna razón de fuerza que impida reconocerlo como el autor” (p. 954).

4)  Debo reconocer que Jesús pudo tener en mente una idea más general al decir esto, pues hace referencia al Espíritu Santo (Juan 7:39), lo que implica que podemos encontrar cierto apoyo para esta declaración en Isa. 44:3, 4; Zac. 13:1, cf. Tit. 2:5. Pero aun así no debemos dejar de ver la similitud entre Juan 7:38 y Cant. 4:15.

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