Apuntes de Clase: Reflexiones sobre el Diluvio del Génesis

Por: Héctor A. Delgado

Nota: Estos breves comentarios constituyen mis reflexiones sobre algunos aspectos teológicos que considero de interes en mis lecturas de los materiales de textos asignados por la universidad donde curso mi lecenciatura en teología.

Esta breve reflexión procura analizar las razones del diluvio sobre la tierra en relación con el carácter divino, y además procura justificar la universalidad de dicho evento.

Muchas narraciones bíblicas son objetos de críticas por parte de algunos pensadores por el hecho de que contienen elementos que no pueden comprender. Su acercamiento al texto sagrado está marcado por ciertos prejuicios que no le permite entender ni apreciar el accionar divino en relación con ciertos acontecimientos. El diluvio bíblico es uno de estos casos.

En su obra Una Introducción al Antiguo Testamento (AT de aquí en adelante), Edward J. Young hace una defensa excelente del texto del AT, y presta atención a la narración del diluvio en las días de Noé. Su obra de es de carácter apologético. El la define no como una “introducción general”, sino como una “introducción especial” en la que presta atención exclusiva a “las características literarias de los libros del AT” (p. 6). Su trabajo aporta información valiosa a la unidad literaria de los escritos sagrados demostrando con el mismo texto y otras fuentes (como la arqueología) la “unidad literaria que presenta una armonía intrínseca y una correlación fundamental” (Ibíd.).

Young dedica cierto espacio al análisis de las genealogías de los capítulos 4 y 5 para comprobar que ambas genealogías “no se les debe considerar simple variaciones de una misma genealogía” (p. 52). Luego observa acertadamente que “es costumbre de Moisés en su relato de las genealogías desde Adán hasta Jacob, interrumpir la narración en el punto adecuado, e insertar la genealogía de una descendencia divergente (en este caso la de los cainitas) antes de continuar con la historia del pueblo escogido” (Ibíd.). El soporta esta conclusión haciendo referencia a Gén. 25:12-19, cf. 25:19 y siguiente; Gén. 36:1 y 36:9, seguido de 37:2.

Pero el tema de las genealogías, especialmente la del cap. 5 “no se da con el propósito de presentar una cronología; Moisés más bien seleccionó a diez personas para mostrar el dominio universal y desenfrenado de la muerte sobre el hombre” (p. 53). De manera que aquí empieza a contextualizarse las razones del diluvio. Luego aborda brevemente el significado de los “hijos de Dios” de Gén. 6:2 (que algunos han visto como ángeles que cohabitaron “las hijas de los hombres”), y concluye acertadamente que “no son los ángeles, sino el pueblo escogido. A través del casamiento del pueblo escogido con la simiente del mundo apareció en el mundo grande perversidad” (Ibíd.). Esta perversidad es presentada por el Moisés en las siguientes palabras: “Al ver el Señor que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal, se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón” (Gén. 6:5,6, NVI).

La segunda sección de Gén. 6 comienza con una declaración inspirada sobre el carácter de Noé (v. 9), estableciendo así “un contraste entre Noé y la perversidad general de la humanidad” (vv. 11-13). Después de hacer una presentación adicional de la maldad del mundo, el relato termina enfatizando nuevamente el carácter justo de Noé (v. 22). La decisión divina es irrevocable: “He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra” (v. 13). Las razones son claras: “Toda carne había corrompido su camino sobre la tierra” (v. 12).

Las acciones punitivas de Dios por medio del diluvio no deben verse como una exageración de la justicia divina. Toda la Biblia está llena de evidencias sobre la rectitud de Dios y la imparcialidad de su juicio. El paga a “cada uno conforme a sus obras”. Dios no exagera el castigo, de manera que cuando tomó la decisión de “destruir la tierra” por medio de un diluvio, estaba actuando en perfecta armonía con su sentido de justicia y santidad. Estaba dando al ser humano corrompido su justa paga. El apóstol Pablo hace la siguiente declaración: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó” (Rom. 1:18,19, BA). La intensidad de la “ira” divina queda determinada por la intensidad de la maldad humana.

Se puede observar que antes de ejecutar su ira Dios sigue un patrón definido. Primero revela la profundidad del mal; segundo, revela sus claras intensiones a sus siervos; y tercero, cumple su palabra o se “arrepiente” al producirse un cambio en los seres humanos. Esto resulta claro en el caso que nos ocupa, así como en la destrucción de Sodoma y Gomorra y el castigo de su pueblo escogido por medio del cautiverio (cf. Gén. 6:11-13; 13:13; 18:17-19:29; Jer. 3:12-7:30). El juicio de Dios iguala la medida del mal, pero nunca se excede: “Circuncidaos para el SEÑOR, y quitad los prepucios de vuestros corazones, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén, no sea que mi furor salga como fuego y arda y no haya quien lo apague, a causa de la maldad de vuestras obras. He aquí, yo traigo una calamidad sobre este pueblo, el fruto de sus planes” (Jer. 4:4; 6:19, BA).

Young nos llama la atención a “cuatro pasos sucesivos que se mencionan” en el texto bíblico acerca del diluvio. “Las aguas crecieron y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra (7:17b); las aguas prevalecieron, y crecieron sobremanera sobre la tierra (7:18a); las aguas cubrieron los montes altos (7:19); las aguas cubrieron las montañas (7:20)” (p. 54). Luego llama nuestra atención a “tres declaraciones enfáticas que se hacen sobre el poder de las aguas” (cf. 7:21 22,23, Ibíd.).

Obviamente el diluvio fue un castigo divino por la maldad humana. La intención del mismo fue clara: “Borraré de la faz de la tierra al hombre que he creado, desde el hombre hasta el ganado, los reptiles y las aves del cielo, porque me pesa haberlos hecho” (Gén. 6:7, BA). El castigo estaba en armonía con la justicia y la santidad de Dios. Él, como gobernante universal y soberano ha puesto límite al pecado, y estos límites no pueden ser traspasados. Por medio del diluvio Dios frenó temporalmente la marea degenerativa del mal en una magnitud que solo puede ser comprendida a la luz de la revelación bíblica. Y aun así, el pecado es un principio tan maligno, que poco tiempo después del diluvio, Dios tuvo que dispersar a la humanidad y confundir su lenguaje (Gén. 11:1-9). Nuevamente, al hacer esto, Dios tenía una intención definida: “[…] confundió el SEÑOR la lengua de toda la tierra; y de allí los dispersó el SEÑOR sobre la faz de toda la tierra” (v. 9, BA). Sin embargo, no es que Dios desapruebe la vida en comunidad, pues más adelante encontramos a Dios mismo llamando a su siervo Abrahán para hacer de él una nación numerosa (Gén. 12:1-3). Dios desaprueba las comunidades que se organizan para corromper la tierra.

La Universalidad del diluvio

Necesitamos analizar ahora brevemente este aspecto. Es aquí donde Young da un giro inesperado. El dice: “El acontecimiento del diluvio se narra en términos universales; esto no significa necesariamente que haya cubierto toda la faz de la tierra, sino más bien que fue universal porque destruyó toda carne. Si las habitaciones de la humanidad estaban limitadas al valle del Éufrates, es muy probable que también el diluvio haya estado limitado a ese lugar” (p. 55). Sin embargo, la Biblia parece ir en otra dirección: “Tanto crecieron las aguas, que cubrieron las montañas más altas que hay debajo de los cielos” (Gén. 7:19, cf. Vv. 20-23, NVI). No tenemos inconvenientes en analizar si realmente murió “todo ser vivo” sobre la tierra con excepción de Noé y su Familia, porque parece lógico concluir que algunas especies marinas pudieron sobrevivir(1), pero sobre la universalidad del diluvio me parece que deberíamos adoptar una actitud más apegada al texto bíblico. ¿Cómo podríamos explicar entonces el descubrimiento de registros fósiles en América del Norte, en América del Sur y otras regiones del mundo? El Comentario Bíblico Adventista nos dirá: “Por doquiera sobre la superficie de la tierra se encuentran restos fósiles de plantas y animales que es obvio que fueron depositados por el agua. En ciertas localidades, estos depósitos se extienden hasta profundidades de por lo menos unos 5 km., pero el término medio de su profundidad es de algo más de unos 800 m. La distribución universal de estos restos y la profundidad a que se hallan, testifican con toda evidencia tanto de la extensión mundial como de la terrible violencia del diluvio de Noé.

“La universalidad de esta catástrofe también queda comprobada por las leyendas acerca del diluvio preservadas en los pueblos de casi cada raza de esta tierra.  El más completo de estos relatos es el de los antiguos babilonios, que se establecieron muy cerca del lugar donde descansó el arca después del diluvio y desde donde otra vez la raza humana comenzó a propasarse.  La Epopeya de Gilgamés tiene muchas similitudes decisivas con el relato del Génesis y, sin embargo, difiere de él lo suficiente como para demostrar que es una versión distorsionada del mismo relato.  Una comparación de ambos deja una evidencia impresionante en cuanto a la inspiración de la narración del Génesis” (Tomo 1, pp. 269,270).

Aun podemos aceptar el hecho de que posiblemente las “montañas” y colinas del mundo antediluviano no eran tan altas y escabrosas como en la actualidad, pero no podemos aceptar una idea diferente sobre el alcance del diluvio. Algunos eruditos, basados en Gén. 8:2 sostiene que “parece decirse que el nivel del agua aumentó hasta el fin del período de 150 días, puesto que fue entonces cuando se detuvo la lluvia y se cerraron las ‘fuentes’ del gran abismo”. En este mismo contexto, debemos observar que la declaración “las aguas crecían y aumentaban cada vez más” corresponde con la “secuencia que se encuentra en muchos de los depósitos sedimentarios de la tierra, los cuales se hubieran mezclado mucho más si el diluvio hubiera envuelto todo con sus aguas al mismo tiempo, como podría haberse supuesto”.

Otra factor que podemos encontrar a favor de la universalidad del diluvio se encuentra en el uso de los verbos y adverbios descriptivos que usa Moisés: las aguas “crecieron” (vers. 17), “subieron” y “crecieron en gran manera” (vers. 18), “subieron mucho” (vers. 19). De manera que nos sentimos impelidos a creerle al texto bíblico.

Conclusión

En este relato de la Biblia, podemos encontrar solemnes lecciones para nuestra vida espiritual. Vemos en forma patente el aborrecimiento divino por el pecado que destruye la vida moral del ser humano. A Dios no le “dolió en su corazón” el hecho de que destruiría la tierra, Él tiene el poder para reorganizar los elementos terrestres nuevamente (cf. Gén. 8:1b-3); su dolor vino como consecuencia de la profundidad del mal que había en el corazón de sus criaturas descarriadas. Esto le rompía el corazón a Dios (cf. Gén. 6:6b). Pero el amor y la justicia de Dios encontraron una forma efectiva de frenar el mal desenfrenado en la humanidad.

El amor a veces tiene que gritar. Y esta fue una de esas tristes ocasiones. Pero en la preservación de Noé y su familia así como en el carácter justo de este siervo de Dios en medio de aquella generación perversa, encontramos un punto luminoso: El pecado uno es la única alternativa. Una vida justa puede existir aun en medio de los miasmas más profunda de la degeneración humana. Y todo para la gloria de Dios y la vindicación de su carácter. El diluvio no viene sobre los justos, sino “sobre el mundo de los impíos” (2 Ped. 2:5).

“El Señor, el Señor, Dios clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor y fidelidad,7 que mantiene su amor hasta mil generaciones después, y que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado; pero que no deja sin castigo al culpable, sino que castiga la maldad de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y la cuarta generación” (Ex. 34:6,7).

Seamos, pues, como Noé, un “pregonero de [la] justicia” de Dios (2 Ped. 2:5).

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2 comentarios en “Apuntes de Clase: Reflexiones sobre el Diluvio del Génesis”

  1. Carlos Mancebo Says:

    Mi hermano Hector, feliz año nuevo para usted y su familia.

    Me gustaria preguntale algo: ¿Cual fue la señal que Dios le puso a Cain con la cual todos la iban a ver y nadie le haria daño por causa de la señal?


    • Saludos mi hermano Carlos. Gracias por escribirme y enviar tu pregunta.

      La “señal” que Dios puso sobre Caín no fue una marca visible, sino una “señal” de protección. Nota que aunque Dios desaprobó el asesinato de Abel (Gén. 4: 11-12), también condenó cualquier futuro intento de asesinato contra Caín (v. 15a). Si Caín había matado al justo Abel siendo su hermano, cualquier otro miembro de la familia podía procurar vengarse de él también (cf. v. 14; 5: 4). Dios quería evitar un derramamiento de sangre mayor.

      Cuando Dios le anunció a Caín su castigo (el destierro, Gén. 4: 12), él encontró el castigo desproporcionado (y no consideró el daño que había hecho como tampoco el grave precedente que acaba de establecer) (v. 13). Pero Caín temió por su vida (egoísta!), pues vemos que dijo: “[...] sucederá que cualquiera que me hallare me matará” (v. 14b). Es aquí cuando Dios le dijo: “Ciertamente cualquiera que mate a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matara cualquiera que lo encontrase” (RV 1995). Es evidente que la “señal” que Dios puso en Caían tenía que ver con la garantía divina de protección. AL proteger a Caín, Dios estaba anunciando ya su voluntad misericordiosa: “¿Acaso quiero yo la muerte del impío? dice Jehová, el Señor. ¿No vivirá, si se aparta de sus malos caminos?”. “[...] es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (Ezeq. 18: 23). Caín no sería el primer asesino que Dios perdonaría (si buscaba el perdón), sino solo el primero de una larga lista.

      La respuesta de Dios al temor de Caín, fue: “AL Contrario” (LXX), y así, la “señal” paso a ser una prueba de “protección temporal” (1CBA: 254).

      Que el Señor pueda bendecirte y ayudarte a seguir motivado en el estudio de su Palabra.


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