El Libro de Jonás: Mucho más que un Cuento

Por: Angel Manuel Rodríguez*

Clasifíquese: Apologética

PREGUNTA: He oído que hay gente que afirma que la historia de Jonás es solo una parábola. ¿Qué piensa al respecto?

Existen muchas voces contradictorias que crean confusión. Lea por favor con oración el libro de Jonás, y permita que le hable en sus propios términos. Las voces humanas no suelen ser fidedignas a menos que estén claramente cimentadas en el texto bíblico. Mencionaré por qué algunos creen que el libro de Jonás no es histórico, y presentaré algunas razones por las cuales se lo considera una narrativa histórica.

1. Un libro profético singular: Cuando se compara el libro de Jonás con el resto de los profetas menores, se ve que es diferente. Los demás libros enfatizan la proclamación del mensaje de Dios a su pueblo. En Jonás, se enfatiza la experiencia del profeta y poco se dice del mensaje en sí. Es más bien una narrativa, no una obra de literatura profética. Por ello, los estudiosos se preguntan en primer lugar: ¿Qué tipo de libro es Jonás?

Se ha respondido a esta pregunta de muchas maneras; una de ellas es lo que usted ha oído. Una parábola compara una cosa con otra con el propósito de instruir. Pero el problema es que resulta difícil que los estudiosos concuerden en qué es lo que se compara en este libro. Esto ha resultado en opiniones contradictorias. Si nos limitamos a leer el libro, vemos que trata de un profeta que es enviado por Dios para dar un mensaje de juicio contra una ciudad no israelita. Combina la narrativa y el mensaje, de manera similar a las historias de Elías y Eliseo.

2. Carácter no histórico del libro: Al tratar de determinar qué tipo de libro es, muchos estudiosos presuponen que no es un relato histórico sino una pieza de ficción literaria. Para ello aducen, por ejemplo, a la falta de credibilidad de la narrativa. ¿Cómo puede sobrevivir una persona durante tres días dentro de un pez? Otros argumentos usados para cuestionar la historicidad del libro son: (1) caminar por la ciudad llevaría mucho menos que tres días (cap. 3:3); (2) la referencia al «rey de Nínive» es errónea; debería ser «rey de Asiria»; y (3) la conversión de toda una ciudad pagana parece increíble.

3. Historicidad de la narrativa: Si aceptamos el texto bíblico por lo que dice, no sería difícil concluir que es un libro profético en forma de narrativa. En otras palabras, la narrativa contiene un mensaje profético; la primera no excluye la confiabilidad del segundo, y viceversa. Así se leyó el libro hasta hace unos doscientos años, cuando la autoridad bíblica fue reemplazada por la razón humana. El enfoque moderno no dejó lugar para la intervención divina en la historia humana, e hizo que los estudiosos se vieran obligados a redefinir la naturaleza del libro de Jonás.

En su introducción, sin embargo, se expresa la historicidad del libro (cap. 1:1), que fue certificada por Jesús mismo (Mat. 12:38-41; Luc. 11:29-32). Cuando aceptamos que Dios puede intervenir en la historia de maneras que trascienden nuestra comprensión, el relato del gran pez y de Jonás se convierte en una narrativa confiable.

Las supuestas contradicciones históricas no son tales. Si el término «Nínive» es usado para designar el distrito de Nínive (que abarcaba entre cincuenta y cien kilómetros), no es exagerado hablar de tres días de camino. En ocasiones, se solía identificar a los reyes por su ciudad de residencia (1 Rey. 21:1), por lo que la frase «rey de Nínive» es confiable desde el punto de vista histórico. No debería resultar difícil concebir la conversión de toda una ciudad, aun cuando no haya evidencias bíblicas que la fundamente. Los estudiosos han señalado que en la época en que Jonás fue a Nínive, se produjeron una serie de eventos que prepararon psicológicamente a los habitantes para un cambio. Dos plagas azotaron la ciudad y se produjo un eclipse, que se creía un mal presagio. Es obvio que muy pronto, sin embargo, se olvidaron del verdadero Dios.

La sabiduría humana es valiosa, pero cuando reemplaza lo que se revela claramente en la Palabra de Dios, deberíamos escuchar a su Palabra. Esa es nuestra seguridad en un mundo desorientado y confuso.

*Ángel Manuel Rodríguez es director del Instituto de Investigaciones Bíblicas de la Asociación General.

Fuente: Revista Mundo Adventista

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