La Doctrina de la Trinidad y los Pioneros Adventistas

Por: Héctor A. Delgado

Clasifíquese: Apológetica

Introducción

El siguiente artículo procura establecer los siguientes puntos: 1) La creencia de los pioneros adventistas referente a la doctrina de la Trinidad. 2) Un análisis de sus declaraciones. 3) La Posición de Elena de White sobre la Trinidad. La evidencia bíblica sobre la Trinidad la abordaremos en un siguiente estudio.

Como usted, de seguro ya habrá notado, el tema de la doctrina de la Trinidad se ha convertido en muchas de nuestras iglesias en un motivo de discusión constante más que en una causa de unidad y armonía cristiana. Y es que no puede haber unidad ni armonía en una iglesia azotada por los errores doctrinales. Los desacuerdos entre los hermanos por razones de doctrinas producen divisiones y hasta fricciones dolorosas en la mayoría de las ocasiones. Pero el problema no está realmente en los desacuerdos mismos, ya que deberíamos esperar que estos existan donde se cree en el principio del libre examen, y consecuentemente se concede libertad de pensamiento. El meollo del asunto está en la forma apasionada en que se abordan algunos temas y en los epítetos con los que se tienden a calificar las partes en desacuerdos. Lo menos que reflejan muchos de los desacuerdos teológicos (de ayer y hoy) es un espíritu cristiano genuino. Para muchos es más importante la doctrina que creen que la armonía que debe regir las vidas de los que se dicen ser “hermanos”.

Si bien no debemos sacrificar nuestras creencias en aras de la “armonía” y la “unidad”, deberíamos también adoptar una actitud balanceada que nos permita conceder el tiempo necesario a los demás para asimilar y aceptar (tal vez, “digerir” si se quiere) las creencias que nos resultan “claras”. Pero a una actitud correcta debemos sumarle también un método de interpretación bíblico correcto. Los métodos de interpretación en el que se escoran algunos son defectuosos porque consisten en el amontonamiento de textos y citas aislados que parecen apoyar sus puntos de vistas favoritos. Semejante técnica de estudio está destinada al fracaso, porque tarde o temprano el análisis concienzudo y dedicado de la evidencia bíblica termina ubicándonos sobre un fundamento seguro y firme. La verdad siempre prevalece.

En este tenor, cabe decir que el tema que nos ocupa viene como consecuencia de muchas causas que lo motivan. Por ejemplo, decimos que la doctrina de la Trinidad (tal y como la iglesia la entiende actualmente) está encontrando resistencia en las mentes de muchos hermanos y hasta “pastores” y predicadores itinerantes. Para bien de muchos, puedo confesar que todos los pastores que conozco en la Iglesia (hombres comprometidos con la “sana doctrina”), acepta la doctrina y además conocen la posición que sostenían los pioneros adventistas al respecto.

Una de las principales causas del rechazo de la doctrina de la Trinidad viene como consecuencia de asociarla con la Iglesia Católica. Hasta dónde puedo ver, muchos escritores no católicos creen (o por lo menos dan esa impresión) que si alguna creencia religiosa es sostenida por la Iglesia Católica (y así mismo es sostenida por otras denominaciones), es errónea por defecto. Y esto es completamente absurdo. Todo lo “católico” no es necesariamente malo.

Otra causa radica en el hecho de que si una doctrina, cualquiera que sea, fue sostenida por los pioneros (o alguno de ellos en particular) tiene que ser correcta. Esta posición también es errónea. No podemos desconocer los antecedentes teológicos de los pioneros antes de formar parte del Movimiento Millerita, y que naturalmente fueron importados al adventismo inevitablemente.[1] Todos los que hemos estudiado detenidamente historia denominacional sabemos muy bien que el Movimiento Adventista, para llegar a ser la Iglesia Adventista del 7mo. Día, paso por un proceso prolongado de ajustes teológicos, no de negociación irresponsable de las doctrinas, sino de abandono de doctrinas contraria a las Escrituras, y por otro lado, de asimilación de verdades fundamentales. “Noches enteras” de estudio y oración ferviente sirvió para arrojar la plataforma teológica que le dio forma a la Iglesia en los años siguiente. Pero el Señor no nos impartió todas las gemas de la verdad en los primeros 40 años.

Otra causa (y tal vez) de la más importante, tiene que ver con lo ocurrido en el Concilio de Nicea (325 d.C.). Si bien existen cosas allí que pueden ser objetadas, la decisión tomada en lo referente a la Deidad de Cristo (aunque no complació a todos), nos parece que se ajusta bastante bien (o mucho mejor que otras declaraciones) a lo que el texto bíblico nos revela sobre su naturaleza esencial. Estigmatizar de “diabólico” todo lo emprendido por Constantino es otro error en el que incurren muchos historiadores y escritores cristianos.[2] Por otro lado, esta posición falla en entender que antes del Concilio de Nicea ya existía un registro de declaraciones trinitarias por parte de líderes y teólogos prominentes que viene a contradecir el alegato de que la Trinidad es una doctrina “constantiniana” o el subproducto de obispos “apostatas” influenciados por el emperador. Dentro de aquellos que hicieron declaraciones trinitarias directas en sus escritos se encuentran Policarpo (70-155/160), Ignacio de Antioquía (aprox. 35-107), Justino Mártir (aprox. 100-165), Ireneo (115-190), Teófilo de Antioquía (Segunda mitad del siglo II), Atenágoras de Atenas (Segunda mitad del siglo II), Tertuliano de Cartago (160-215) y otros. [3]

Por otro lado, tanto corporativamente como individuos debemos tener la capacidad de rechazar lo erróneo (venga de donde venga) y aceptar lo correcto. Dios nos creó con esa capacidad y nos provee la ayuda adicional de su Santo Espíritu. Él es quien nos guía a toda la verdad. Cabe decir, que la iglesia nunca ha sostenido que la teología que los pioneros importaron al adventista estaba carente de error. Los antitrinitarios actuales dan la impresión de que cada palabra que los pioneros emitieron en materia de doctrina era infalible. Nuestro credo (como lo fue el de ellos, hasta donde pudieron comprender la verdad) lo constituye la Biblia y solo la Biblia. Cada opinión, por más atractiva que nos parezca debe ser sometida a la veracidad de las Sagradas Escrituras, y si no resisten la prueba, debe ser abandonada francamente. Baste decir, que encontramos en la Biblia y el Espíritu de Profecía evidencias suficientemente claras para estar seguros de que la Iglesia Adventista, en lugar de haber apostatado (como aseguran algunos) o retroceder a los errores des otras denominaciones protestantes, se encuentra en terreno sólido en lo referente a la doctrina de la Trinidad. Lo mismo se puede decir de otras doctrinas cristianas. Y esto, no puede ser objetado fácilmente si en verdad respetamos las enseñanzas bíblicas.

Antes de pasar al desarrollo de nuestro tema, quiero pedir a los amigos y hermanos que leen este documento, que no solo deben leer cuidadosamente cada idea, más aún, deben leer también las notas de pie de páginas porque en ellas expreso algunas ideas adicionales que complementan y contextualizan algunas citas y su contenido.

Con estas palabras de trasfondo estamos en condiciones ahora de comenzar nuestro análisis del tema propuesto.

I- La creencia de los pioneros adventistas sobre la doctrina de la Trinidad

Lo que leerán a continuación es una secuencia de citas de algunos de los líderes pioneros más prominentes de la Iglesia Adventista. Ellas reflejan su entendimiento temprano sobre la doctrina de la Trinidad. Por razones de orden no haremos comentarios a sus referencias procurando contextualizar sus declaraciones. Esto lo haremos en la sección II.

José Bates: Hablando de sus padres, este hombre de Dios, dijo: “[Ellos] abrazaron algunos puntos de fe que yo no podía entender. Solo nombraré dos: la forma de bautismo y la doctrina de la Trinidad […] con respecto a la Trinidad concluí que era una imposibilidad para mi, creer que el Señor Jesucristo, el Hijo del Padre, era además el Dios Todopoderoso, el Padre, uno y el mismo ser”. Le dije a mi padre, ‘si quieres convencerme que en este sentido somos uno, entonces tú eres mi padre, y yo tu hijo y que además yo soy tu padre y tú mi hijo, entonces puedo creer en la Trinidad’” (Autobiografía del Anciano Bates, p. 205, año 1868).

J.N. Andrews: “La doctrina de la Trinidad fue establecida en la Iglesia por medio del Concilio de Nicea del año 325 d.C. Esta doctrina destruye la personalidad de Dios, y de Su Hijo Jesucristo nuestro Señor. Las impopulares medidas mediantes las cuales fue impuesta sobre la Iglesia, y aparecen en las páginas de la historia eclesiásticas, bien podría hacer que cada creyente se ruborice de esta doctrina” (Review & Herald, Vol. 6, p. 185, año 1855).

“Y en cuanto a Hijo de Dios, también sería excluido, pues tenía a Dios por Padre, y, en algún momento de la eternidad pasada, había comenzado sus días. De modo que, si empleamos el lenguaje de Pablo en sentido absoluto, sería imposible hallar más que un Ser en todo el universo, y así es Dios el Padre quien no tiene padre, o madre o ascendientes, o principios de días, o final de existencia” (Ibíd., año 1881).

J.N. Laoughborough: Respondiendo una pregunta sobre las objeciones serias a la doctrina de la Trinidad, dijo: “No es muy consistente con el sentido común el hablar de tres seres en uno, y que uno sean tres. O como algunos lo expresan, denominando a Dios, ‘el Dios triuno’ o ‘el Dios tres en uno’ […] En un sentido son uno, pero no una persona sola, como sostienen los trinitarios”.

“Casi cualquier porción del Nuevo Testamento que abramos y que habla del Padre e Hijo, los presenta como dos personas diferentes. Solo basta leer Juan 17 para refutar la doctrina de la Trinidad. En ese sólo capítulo, Cristo habla en más de 40 ocasiones del Padre como una Persona diferente de sí mismo. Su Padre estaba en el cielo y Él estaba en la tierra. El Padre lo había enviado. Le dio a Él, a los creyentes. Y este testimonio nos enseña en qué consistía la unicidad de Padre e Hijo. Es la misma que la unicidad de los miembros de la iglesia de Cristo [se cita Juan 17:21,22].

[…] El creer en esa doctrina [la Trinidad], al leer las Escrituras debemos creer que Dios se envió a Sí mismo al mundo, que murió para reconciliar al mundo consigo mismo, se levantó de los muertos, ascendió al cielo a Sí mismo, ruega delante de Sí mismo en el cielo para reconciliar al mundo consigo mismo, siendo el único Redentor entre los hombres y Sí mismo”

Luego Laoughborough pasa a considerar que el término Trinidad no es bíblico y expresa que semejante creencia es análoga a otras sostenidas por el paganismo en la antigüedad (Review & Herald, vol. 18, p. 184).

Jaime Springer White (Esposo de EGW): Siguiendo la misma línea de pensamiento de Laoughborough, basada en Juan 17, expresa: “Jesús oró para que sus discípulos sean uno como Él y su Padre eran uno. La oración no contempló a un discípulo con 12 manos, sino doce discípulos, hechos uno en objetivos y esfuerzo en la causa de su Maestro. Ni tampoco Padre e Hijo con partes del “Dios triuno”. Son 12 seres diferentes, sin embargo [son] uno en el plan y logro de la redención” (Life Incidents, p. 343).

“[…] La forma en que los espiritualizadores han desechado o negado el único Señor Dios y nuestro Señor Jesucristo, es primeramente empleando el antiguo credo trinitario, o sea, que Jesucristo es el Dios eterno […]” (The day Star, enero 24, 1846),

En otra ocasión fue categórico al decir: “El viejo credo trinitario no es bíblico” (Véase  a George R. Knigth, Nuestra Identidad, p. 129).

José Harvey Waggoner (Padre de E.J. Waggoner): En un artículo donde se exponía la forma en que la doctrina de la Trinidad (como era expuesta por las iglesias en aquellos días) afectaba la expiación, expresó: “[…] No podemos aceptar la idea de una Trinidad como lo sostienen los trinitarios sin desechar nuestro reclamo de la dignidad del sacrificio hecho por nuestra redención […]

“Los trinitarios sostienen que el término ‘Cristo’ comprende dos naturalezas distintas y separadas: una, que era totalmente humana; la otra, la segunda persona de la Trinidad, que mora en la carne humana un breve tiempo, pero no le era posible sufrir, o morir […]. Así la observación es justa, que la doctrina de la Trinidad degrada la Expiación, lo que hace que descanse en una ofrenda humana como su fundamento” (La Expiación a la Luz de la Naturaleza y la Revelación, pp. 164, 165).

Respondiendo un argumento basado en Isa. 9:6, J.H. Waggoner, respondió: “¿Es Cristo el Padre eterno dentro de la Trinidad? Si así fuese, ¿Cómo es el Hijo? O, si es tanto Padre como Hijo, ¿Cómo puede haber una Trinidad? Pues una trinidad es una unión de tres personas. Para poder reconocer una Trinidad, debe preservarse la distinción entre Padre e Hijo […] Resulta claro que esta prueba [Isa. 9:6] no tiene referencia a tal doctrina” (Ibíd., pp. 167-169).

Uriah Smith: “La doctrina denominada de la Trinidad, que sostiene que Dios es sin forma, ni partes; que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, los tres son una sola persona, es otro enfoque [luego cita Éxo. 33:11,20,22,23, para probar que Dios si tiene forma y partes. Luego cita Heb. 1:3 para probar que su conclusión es correcta por cuanto Cristo es  “la imagen de la persona de su padre”] (Review & Herald, Julio 10, año 1856).

Otros líderes adventistas menos renombrados que escribieron en esta misma línea de pensamiento, aparecen citados a continuación.

R.F. Cotrell: “Esa sola Persona son tres Personas, y que tres Personas son solo una Persona es la doctrina que sostenemos y es contraria a la razón y el sentido común […] Pero nuestro credo ha hecho que sea un absurdo para nosotros el que una persona sea tres, y que tres personas sean solo una […] (Review & Herald, Julio 6, 1869).

“Si se me preguntan cómo creo que el Padre e Hijo sean uno, respondo: Son uno en el sentido no contrario al sentido común […]  Son uno en el mismo sentido en que Jesús oró por la unidad de sus discípulos” (Ibid.).

D.W. Hull: “La postura inconsistente sostenida por muchos en relación a la Trinidad, como se la denomina, sin duda ha sido la causa fundamental de muchos errores […]

[…] no creemos, como lo enseña la Iglesia Metodista Episcopal, que Cristo es el único y eterno Dios, y, a la vez, hombre; que la parte humana es el Hijo, y la divina es el Padre”.

“Aquí podemos agregar que el punto de vista ortodoxo de Dios como lo expresado por ellos en diversos ‘Artículos de Fe’ es, ‘Dios es sin cuerpo, partes, personas, centro, circunferencia o localidad’.[4] Sería asunto simple probar que tal postura es extremadamente escéptica, cuando es de naturaleza atea. Ciertamente parece que un Dios así, debe estar enteramente desprovisto de existencia” [Luego cita Gén. 3:8, Éxo. 33:20-23 y Hech. 7:55,56 para probar que Dios tiene personalidad, circunferencia, localidad y partes].

Después, al analizar a Juan 10:32-38, concluye: “En el pasaje anterior, Cristo no niega que Él es Dios […] pero esto no lo convertía en más persona con el Padre, que un padre y su hijo (ambos de nombre Juan) fuesen la misma personas […] Sin dudas, el lector, antes de esto [había estado explicando Juan 15:19-23], ha observado que se ha hablado de Padre e Hijo como de dos seres diferentes” (Review & Herald, noviembre 10, 1859).

En otra ocasión D. W. Hull, después de analizar Judas 4, expresó categóricamente: “Aquí, el ‘único Señor Dios’, queda diferenciado de nuestro Señor Jesucristo. Si el lenguaje implica algo, ciertamente esta conexión implica que el ‘único Señor Dios’ es diferente de ‘nuestro Señor Jesucristo’”.

Luego, a manera de conclusión, D.W. Hull presenta una serie de puntos que considera concluyentes al finalizar su análisis, entre los cuales están: “que Dios es un ser personal”, “que Jesucristo era su Hijo”, “que Jesús y su Padre son dos personas diferentes, pero con intereses y objetivos comunes”, etc. (Ibíd., Noviembre 17, 1859).

Autor desconocido: “Pero si se dijo que el Padre, el Hijo y el Espíritu son tres personas en uno, haciendo en total un Dios sin cuerpo o parte [note nuevamente la misma idea], no podemos estar de acuerdo con una idea tan inconsistente”.

Después de citar a Juan 17:22 leemos: “¿Quién puede creer que Cristo oró para que sus discípulos sean un discípulo? Sin embargo, esto no sería más inconsistente que la idea de algunos que Cristo y Su Padre son una sola persona”.

Y luego de citar a Mat. 3:16,17, se pregunta: “¿Quién podría jamás suponer que estos tres son una sola persona sin cuerpo o partes a menos que  fuese de precoz entendimiento

A- La divinidad de Cristo en la literatura temprana adventista.

Este punto (el “a”) y el que sigue (el “b”) son importantes para comprender mejor el tema que abordamos. Algunos escritores denominacionales hicieron referencias directas al tema de la divinidad de Cristo, pero no a la doctrina de la Trinidad propiamente, pero es obvio que su punto de vista sobre la naturaleza divina de Cristo no le permitió arribar a un entendimiento trinitario.

En este punto encontramos marcadas inconsistencias entre las opiniones de los primeros escritores, pero se percibe una tendencia marcada hacia una solución como lo refleja la creencia actual de la Iglesia Adventista sobre el tema. Esto lo explicaremos más adelante.

José Harvey Waggoner: “Quienes han leído nuestras observaciones acerca de la muerte del Hijo de Dios, saben que creemos firmemente en la divinidad de Cristo, pero no podemos aceptar la idea de una Trinidad como la sostienen los trinitarios […]” (La Expiación a la Luz de la Naturaleza y la Revelación, pp. 167, año 1884).

“Las Escrituras enseñan abundantemente acerca de la preexistencia de Cristo y su divinidad, pero se encuentran enteramente silenciosas con respecto a una Trinidad” (Ibíd., p. 173).

W.W. Prescott: “Como Cristo nació dos veces, una vez en la eternidad, el Unigénito del Padre, y nuevamente en la carne, uniendo así lo humano y lo divino en el segundo nacimiento, de modo que nosotros, que hemos nacido una vez en la carne, hemos de tener un segundo nacimiento, nacido en el Espíritu […] (Review & Herald, Abril 14, 1896).

Alonso T. Jones: “Nació del Espíritu Santo. En otros términos. Jesucristo nació de nuevo. Llegó del cielo, el primogénito de Dios, a la tierra, y nació nuevamente […] Él, cuyas salidas han sido desde la eternidad, el primogénito de Dios, nació nuevamente, para que pudiésemos nacer de nuevo” (Review & Herald, Julio 7, 1899, aparece también en Lecciones de Fe, p. 154).

“[…] el que había nacido en la forma de Dios, tomó la forma del hombre”. “En la carne era en todo momento como Dios, pero no se presentó como Dios”. “Las glorias de la forma de Dios, las descartó por un momento” (Boletín de la Conferencia General, 1895, p. 448).[5]

Juan Matterson: “Cristo era el único hijo literal de Dios. “El unigénito del Padre” (Juan 1:18). [Cristo] es Dios por ser el Hijo de Dios, no en virtud de su resurrección” (Review & Herald, octubre 12, 1869).

J.M. Stephenson: “¿Cuál fue […] el origen del Hijo de Dios? Los trinitarios admiten que la preexistencia, simplemente considerada, no es prueba de su eterna divinidad, ni tampoco su eterna primogenitura […]”.

“La interrogante que debe ser ahora contestada, es si el unigénito Hijo de Dios era Divino, inmortal o el Ser más digno y exaltado, de todo el universo exceptuando al Padre […] La idea de Padre e Hijo supone prioridad de existencia de uno, y la subsecuente existencia del otro[6] […] Si los escritores inspirados [en la opinión de este escritor] hubiesen deseado transmitir la idea de la existencia coeterna, y de la eternidad del Padre y el Hijo, posiblemente no podían haber usado términos más incomprensibles […] La idea de un Hijo eterno es una auto contradicción. Debe desde luego, tener un origen [luego se cita Col. 1:15…]. Según este autor, Cristo es declarado ‘el unigénito del Padre’ enseñando por lo tanto que en su más elevada naturaleza era unigénito, y consecuentemente como tal ha tenido un principio” (Review & Herald, Noviembre 21, 1854).

Uriah Smith: “Las Escrituras, en ninguna parte hablan de Cristo como ser creado, sino al contrario, plenamente establece que fue engendrado del Padre [… se cita Apoc. 3:14] Pero en tanto como Hijo, no posee una coeternidad de existencia junto al Padre, el principio de su existencia, como el unigénito de Su Padre, antecede a toda obra de creación, en relación a lo cual permanece como cocreado con Dios” (Daniel y Apocalipsis, año 1882).

“Solo Dios es sin principio. En la temprana época cuando no podía haber principio – un período tan remoto que para la mente finita es esencialmente eternidad – aparece el Verbo […] Su comienzo no era como el de cualquier otro ser en el universo. Se halla declarado en las misteriosas expresiones: “el unigénito Hijo de Dios’ (Juan 3:16, 1 Juan 4:9), ‘el unigénito del Padre’ (Juan 1:14), y ‘yo de Dios he salido’ (Juan 8:42). Así parece que mediante algún impulso o proceso, no creación, conocido solo por la omnisciencia, y posible sólo para el Todopoderoso, apareció el Hijo de Dios […]” (Mirando a Jesús, p. 10).[7]

J.N. Andrews: “Y en cuanto al Hijo de Dios, también sería excluido, pues tenía a Dios por Padre, y, en algún momento de la eternidad pasada, habían comenzado sus días” (Review & Herald, Junio 4, 1881).

R.F. Cotrell: “Pero aun cuando al Hijo se le llama Dios no obstante hay un ‘Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo’ (1 Ped. 1:3). Aunque el Padre le dice al Hijo, ‘Tu trono oh Dios, es por siempre jamás’, sin embargo, este trono le fue dado por su Padre; y puesto que amaba la justicia y odiaba la iniquidad, dice además: ‘Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo’ (Heb. 1:9).

E.J. Waggoner: “El Verbo ‘era en el principio’. La mente del hombre no puede comprender las edades abarcadas por esta frase. No es dado al hombre el saber cuándo o cómo fue engendrado el Hijo [esta es la misma idea de Uriah Smith], pero sabemos que era el Verbo Divino, no simplemente antes de venir a esta tierra a morir, sino antes que se crease el mundo […] Sabemos que Cristo procedió y vino de Dios (Juan 9:42), pero eso era tan lejos en las edades de la eternidad como para estar más allá de la comprensión de la mente humana” (Cristo y su Justicia, p. 9).

Después, Waggoner pasa a analizar el tema de Cristo como Dios. Su argumento lo enuncia de la siguiente manera: “Este nombre no le fue dado a Cristo a consecuencia de algún logro, pero le pertenece por derecho de herencia […]

“Por derecho un hijo siempre lleva el nombre de su padre; y Cristo, como el ‘unigénito Hijo de Dios’, tiene el mismo nombre. Un hijo también es en mayor o menor grado una reproducción del padre; hasta cierto punto tiene los rasgos y características personales de su padre; no perfectamente, porque no hay reproducción perfecta entre los humanos. Pero no hay imperfección en Dios, ni en ninguna de sus obras; de manera que Cristo es la “imagen expresa” de la persona del Padre (Heb. 1:3). Como Hijo de Dios que tiene existencia propia, tiene por naturaleza todos los atributos de la Deidad” (Ibíd., pp. 11-13).

Luego Waggoner analiza otro tema: ¿Es Cristo un ser Creado? He aquí su argumento: “Antes de pasar a algunas de las lecciones prácticas que encierran estas verdades, debemos detenernos por unos momentos en una opinión que es sostenida sinceramente por muchos que jamás querrían deshonrar a Cristo voluntariamente, pero que, mediante dicha concepción niegan de hecho su divinidad. Es la idea de que Cristo es un ser creado, quien, mediante una especial bendición de Dios, fue elevado a su exaltada posición actual. Nadie que comparta esa opinión puede tener una idea justa de la exaltada posición que Cristo ocupa realmente”.

“La opinión en cuestión está basada en una comprensión errónea de un texto, el de Apocalipsis 3:14: [se cita el texto]. El pasaje se interpreta equivocadamente pretendiendo que Cristo es el primer ser que Dios creó; que la obra de la creación de Dios empezó con él. Pero esa opinión se opone a la Escritura que declara que Cristo mismo creó todas las cosas. Decir que Dios empezó su obra de creación creando a Cristo, es dejar a Cristo completamente fuera de la obra de la creación”.

“Jamás debiéramos suponer que Cristo es una criatura, debido a que Pablo lo llama (Col. 1:15) ‘el Primogénito de toda la creación’; porque los mismos versículos siguientes lo muestran como al Creador, y no la criatura [… se cita Col. 1:16-17]. Ahora, si Él creó todo lo que fue hecho, y existió antes de todas las cosas creadas, es evidente que él mismo no forma parte de las cosas creadas. Está por encima de toda la creación y no es una parte de ella”.

Después de citar Miqueas 5:2, curiosamente concluye: “Hubo un tiempo cuando Cristo procedió y vino de Dios, del seno del Padre (Juan 8:42; 1:18), pero fue tan atrás en los días de la eternidad que para el entendimiento finito significa sin comienzo” (Ibíd., pp. 19-22).

B- La divinidad y la personalidad del Espíritu Santo en la literatura temprana adventista.

Este punto es importante en nuestro estudio. Sin embargo, lamentamos no contar con suficiente información para abordar el tema. Sirvan las siguientes referencias para tener sólo una idea sobre la posición de algunos autores tempranos del adventismo.

Respondiendo una pregunta sobre la diferencia entre el Espíritu Santo y los “espíritus ministradores” (ángeles), M.C. Wilcox, expresó: “El Santo Espíritu es la poderosa energía de la Deidad, la vida o el poder de Dios fluyendo de Él a todas partes del Universo, estableciendo así un contacto vivo entre El y toda la creación”. Luego, siguiendo la idea de otro autor, sostuvo que el Espíritu de Dios es “el aliento de vida espiritual en el alma […] Así el Espíritu es personificado en Cristo y Dios, pero nunca revelado como persona separado” (Preguntas y Respuestas del Departamento Rincón de las Preguntas de Signs of the Time, pp. 181-182, año 1911).

Wilcox observó que el Espíritu “personificado” era el medio por el cual el Hijo se hace “presente en todas partes […] El Espíritu lleva toda la potencia de Cristo al hacerlo presente con su poder en todas partes, revelándolo a quienes permanecen en su Ley” (Ibíd.).

La siguiente pregunta le fue dirigida a Urias Smith: “¿Debemos entender que el Espíritu Santo es una Persona, lo mismo que el Padre y el Hijo?”. Esta fue su respuesta: “El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios y el Espíritu de Cristo, siendo el espíritu, el mismo sea que se hable de Dios o de Cristo. Pero en relación a este Espíritu, la Biblia emplea expresiones que no pueden armonizarse con la idea de una persona tal como el Padre y el Hijo. Más bien se lo muestra como una influencia divina que surge de ambos, el medio que representa su presencia y mediante el cual obtienen sabiduría y poder todo el universo”. Al igual que Wilcox, Smith habla de una “personificación” del Espíritu Santo bajo el término “el Consolador”. Solo en este contexto, según Smith, es que podemos entender los términos personales aplicados al Espíritu “él”, “a él” y “de quien”. Luego dice categóricamente: “Pero generalmente de Él se habla como si no fuera una persona como el Padre y el Hijo”.

Luego de hacer referencia a la expresión “siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra” (Apoc. 1:4; 3:1; 4:5; 5:6), expresó: “Incuestionablemente esta es una simple designación del Espíritu Santo, presentado de tal modo para significar la perfección y plenitud. Pero no podría describirse así si fuese una persona” (Review & Herald, Octubre 28, 1890).

E. J. Waggoner, sigue una idea similar a la de Urías Smith, cuando expresa que “la unidad divina del Padre y el Hijo comparten el mismo Espíritu […] el Espíritu Santo es tanto el Espíritu de Dios como el Espíritu de Cristo” (Cristo y su Justicia, pp. 22,23). Sin embargo, Waggoner no define la personalidad del Espíritu Santo. Pero si su afinidad de ideas con Smith eran aún más similares que las ya expresamos, esperaríamos que él también rechazara la personalidad del Espíritu de Dios.[8]

Veamos ahora el siguiente punto para avanzar hacia un punto de entendimiento más luminoso.

II- Un análisis de las declaraciones antitrinitarias de los pioneros adventistas

Si usted ha leído con detenimiento las declaraciones que hemos provisto, habrá notado que no existía completa unidad de criterio entre los pioneros sobre la doctrina que objetaban, en este caso, la Trinidad. Si bien algunos fueron muy directos en sus pronunciamientos, otros (como Jaime White y Waggoner, para mencionar algunos) no lo fueron. Sin embargo, hay algo que resulta totalmente claro al leer estas declaraciones: Todos ellos, sin excepción, objetaban una idea extraña de la Trinidad. De esta manera, sus objeciones estaban dirigidas contra una defectuosa formulación de la doctrina trinitaria. Ahora, haré referencia a algunas de esas partes erróneas que contenían los credos de las iglesias populares en aquellos días.

José Bates (a quien cité primero), expresó claramente sus razones para rechazar la doctrina de la Trinidad (pero no como doctrina en sí misma), sino como la definía la Iglesia Congregacionalista (a la que pertenecía su Padre): “Con respecto a la Trinidad concluí que era una imposibilidad para mi, creer que el Señor Jesucristo, el Hijo del Padre, era además el Dios Todopoderoso, el Padre, uno y el mismo ser” (Autobiografía del Anciano Bates, p. 205, año 1868). De manera que José Bates objetaba la idea de que Cristo y el Padre eran una y la misma persona. Para él, obviamente eran dos personas diferentes y no una sola.

Así  mismo, Laoughborough expresó: “Casi cualquier porción del Nuevo Testamento que abramos y que habla del Padre e Hijo, los presenta como dos personas diferentes. Solo basta leer Juan 17 para refutar la doctrina de la Trinidad. En ese sólo capítulo, Cristo habla en más de 40 ocasiones del Padre como una Persona diferente de sí mismo […] Y este testimonio nos enseña en qué consistía la unicidad de Padre e Hijo. Es la misma que la unicidad de los miembros de la Iglesia de Cristo [se cita Juan 17:21,22]” (Review & Herald, vol. 18, p. 184).

El padre de E.J. Waggoner, José Harvey Waggoner, expresó: “¿Es Cristo el Padre eterno dentro de la Trinidad? Si así fuese, ¿Cómo es el Hijo? O, si es tanto Padre como Hijo, ¿Cómo puede haber una Trinidad? Pues una trinidad es una unión de tres personas. Para poder reconocer una Trinidad, debe preservarse la distinción entre Padre e Hijo […] (La Expiación a la Luz de la Naturaleza y la Revelación, pp. 167-169). Esta última idea sobre la posibilidad de creer en una trinidad, sirve de eslabón entre lo que los pioneros creyeron y lo que nosotros creemos en la actualidad. Es obvio que para sostener una doctrina trinitaria correcta se debe diferenciar claramente entre las personas que conforman la Deidad. Si creemos en la Trininidad, pero decimos que el Padre y el Hijo constituyen una y la misma persona, y no dos distintas, entonces no tenemos una doctrina de la Trinidad realmente. Eso es modalismo. Pero cuando reconocemos la distinción personal entre el Padre y el Hijo (así como del Espíritu Santo), entonces, estamos en terreno sólido para entender la doctrina de la Trinidad.

La misma línea de pensamiento está presente en el siguiente argumento de Jaime White: “Jesús oró para que sus discípulos sean uno como Él y su Padre eran uno. La oración no contempló a un discípulo con 12 manos, sino doce discípulos, hechos uno en objetivos y esfuerzo en la causa de su Maestro. Ni tampoco Padre e Hijo con partes del “Dios triuno” (Life Incidents, p. 343).

Hasta aquí resulta claro un punto importante: Los pioneros se oponían a una definición defectuosa de la doctrina de la Trinidad. Ellos no podía aceptar (ni entender contra toda lógica) que el Padre y el Hijo fueran una sola persona. Eran dos personas diferentes, según el registro bíblico.

Sigamos ahora analizando el argumento en la opinión de Urias Smith: “La doctrina denominada de la Trinidad, que sostiene que Dios es sin forma, ni partes; que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, los tres son una sola persona, es otro enfoque [luego cita Éxo. 33:11,20,22,23, para probar que Dios si tiene forma y partes. Cita además Heb. 1:3 para probar que su conclusión es correcta por cuanto Cristo es  “la imagen de la persona de su padre”] (Review & Herald, Julio 10, año 1856).

Aquí se introduce ahora un nuevo elemento de vital importancia en este tema. Los pioneros hicieron frente a definiciones filosóficas profundamente heréticas de la doctrina trinitaria, como la que sostenía que “Dios es sin forma, ni partes”. O basada en la noción tricótoma de la naturaleza humana (El hombre está compuesto de: cuerpo, alma y espíritu; entonces de forma similar Dios es: Padre, Hijo y Espíritu Santo).[9] Por otro lado parecería ser que rechazaban también una forma directa de modalismo, “que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, los tres son una sola persona”. El modalismo sostiene que siendo Dios una persona única, debemos entender al Padre, Hijo y Espíritu Santo como tres manifestaciones o modos del mismo Ser divino.

Por su lado R. F. Cotrell rechazó el concepto de que “tres personas sean solo una” como una creencia que “es contraria a la razón y el sentido común”. Luego afirmó categóricamente: “Si se me preguntan cómo creo que el Padre e Hijo sean uno, respondo: Son uno en el sentido no contrario al sentido común […]  Son uno en el mismo sentido en que Jesús oró por la unidad de sus discípulos”. (Review & Herald, Julio 6, 1869).

Por su lado D.W. Hull rechazó una mala definición de las naturalezas combinadas de Cristo en su propia persona, cuando dice: “No creemos, como lo enseña la Iglesia Metodista Episcopal, que Cristo es el único y eterno Dios, y, a la vez, hombre; que la parte humana es el Hijo, y la divina es el Padre”. No hay duda de que en Jesús se combinaron la naturaleza humana (100%) y la naturaleza divina (100%). Pero la definición que objeta Hull es aquella que niega la consubstancialidad (su absoluta divinidad) con el Padre y propone que Dios es el Hijo y el Padre al mismo tiempo.

Luego refuta sin ambigüedad el concepto que despersonaliza a Dios (basado en la filosofía griega): “Aquí podemos agregar que el punto de vista ortodoxo de Dios como lo expresado por ellos en diversos ‘Artículos de Fe’ es, ‘Dios es sin cuerpo, partes, personas, centro, circunferencia o localidad’. Sería asunto simple probar que tal postura es extremadamente escéptica, sino de naturaleza atea. Ciertamente parece que un Dios así, debe estar enteramente desprovisto de existencia” [Luego cita Gén. 3:8, Éxo. 33:20-23 y Hech. 7:55,56 para probar que Dios tiene personalidad, circunferencia, localidad y partes].

Luego vuelve a reconfirmar la realidad de la individualidad personal existente entre el Padre y el Hijo: “Sin dudas, el lector, antes de esto [había estado explicando Juan 15:19-23], ha observado que se ha hablado de Padre e Hijo como de dos seres diferentes” (Review & Herald, noviembre 10, 1859).

Siete días después, en otro artículo de la Review & Herald, donde analizaba el texto de Judas 4, sostuvo a manera de conclusión: “Aquí, el ‘único Señor Dios’, queda diferenciado de nuestro Señor Jesucristo. Si el lenguaje implica algo, ciertamente esta conexión implica que el ‘único Señor Dios’ es diferente de ‘nuestro Señor Jesucristo’ […] Jesús y su Padre son dos personas diferentes, pero con intereses y objetivos comunes” (Ibíd., Noviembre 17, 1859).

Por último, veamos la misma idea en otro artículo de autor desconocido: “Pero si se dijo que el Padre, el Hijo y el Espíritu son tres personas en uno, haciendo en total un Dios sin cuerpo o parte, no podemos estar de acuerdo con una idea tan inconsistente”. Después de analizar el texto de Juan 17:22 comenta: “¿Quién puede creer que Cristo oró para que sus discípulos sean un discípulo? Sin embargo, esto no sería más inconsistente que la idea de algunos que Cristo y Su padre son una sola persona”. Y luego de hacer referencia a la manifestación trinitaria de Mat. 3:16,17, preguntó: “¿Quién podría jamás suponer que estos tres son una sola persona sin cuerpo o partes a menos que fuese de precoz entendimiento.[10]

Obviamente, los errores que los pioneros combatían eran devastadores en términos espirituales, como lo revela el siguiente argumento refutado por otro de ellos: “Un esplendor apagado y oscurecido emana de Cristo y esto he enseñado que se denomine al Padre. Surge una película tenue e invisible, y ese es el Santo Espíritu. Pero ninguno es accesible que de reposo, accesible”.

Luego dijo: “Que Cristo sea el único y eterno Dios, y que Dios es inmaterial, sin cuerpo, partes o pasiones, es la enseñanza de los credos de la Iglesia” (M.E. Cornell, Review & Herald, abril 7, 1863).

Ya podemos ver porqué los pioneros de nuestra iglesia presentaron semejante apología (defensa) contra la doctrina de la Trinidad. Pero sus oposiciones (por lo menos en este contexto) no fueron contra la doctrina propiamente dicha, sino más bien contra formas filosóficas, defectuosas y hasta heréticas en que era definida en los credos de las iglesias de sus días.

Sentido de honestidad, hasta donde el conocimiento lo permite

Queremos reflexionar ahora brevemente sobre la posición antitrinitaria de los pioneros a la luz de todo lo que hemos analizado de sus escritos. Desde mi punto de vista (y hasta donde he podido estudiar el asunto), me parece que ellos elaboraron argumentos que eran tendentes a concebir una doctrina trinitaria a pesar de su fuerte oposición a la forma en que era definida por las iglesias populares de sus días. Y me refiero a un entendimiento trinitario como el que posee la Iglesia Adventista actualmente. ¿Realmente entendió lo que expresé? Reconozco que para comprender lo que acabo de decir debe diferenciarse claramente la posición de los pioneros y la posición actual de nuestra iglesia. Aunque parece muy diferente, quiero justificar mi posición en las siguientes evidencias históricas. 1) Si bien los pioneros rechazaron la doctrina de la Trinidad (como era entendida en sus días), basados en un unitarismo estricto, supieron entender y diferenciar correctamente la personalidad del Padre y el Hijo como dos personas “diferentes” y no una y la misma persona (una forma de modalismo). 2) Los pioneros rechazaron la idea de Cristo como un ser creado basados en su interpretación del término “engendrado”. Para ellos esta palabra no constituía una referencia a su creación como cualquier otra criatura del universo. De esta manera afirmaron una verdad bíblica fundamental: Cristo no es parte de la creación, sino la fuente u origen de donde se origina la creación (en este punto hicieron una buena interpretación de Apoc. 3:14). El Hijo de Dios era el Creador del universo, no una parte de su creación. Si bien no lograron alcanzar un entendimiento correcto del término “engendrado”, no le atribuyeron (por lo menos en forma general) el sentido de creación.

3) La siguiente declaración fue honesta y muy reveladora por parte de J.H. Waggoner (el padre de E.J. Waggoner, uno de los mensajeros de la justicia de 1888): “¿Es Cristo el Padre eterno dentro de la Trinidad? Si así fuese, ¿Cómo es el Hijo? O, si es tanto Padre como Hijo, ¿Cómo puede haber una Trinidad? Pues una trinidad es una unión de tres personas. Para poder reconocer una Trinidad, debe preservarse la distinción entre Padre e Hijo […]” (Ibíd., pp. 167-169). Conclusión lógica, para llegar a creer en una doctrina de la Trinidad correctamente debemos abandonar la idea errónea que hace del Padre y del Hijo una sola y única persona, y aceptar que son dos personas distinta. Por descontado, debemos sumar otra persona más, para que pueda haber una Trinidad. Y esa otra Persona es por supuesto, ¡el Espíritu Santo!

4) El entendimiento de Cristo como ser divino de la misma esencia del Padre (por haber sido engendrado y no creado), acercó bastante a los pioneros adventistas a la verdadera doctrina de la completa divinidad de Cristo. De manera que el terreno estaba preparado para comprender la definición bíblica sobre la naturaleza del Dios triuno. En este contexto, resulta acertada la siguiente declaración: “La Iglesia Adventista del Séptimo Día, con niveles de precisión cada vez mayores, afirmó la doctrina de la Trinidad, primero en la declaración ‘extraoficial’ de 1872 redactada por Uriah Smith (¿notó por quién?), y en las declaraciones oficiales de las creencias en 1931 y 1980”.[11]

III. La Posición de Elena de White sobre la Trinidad

Unos días antes de escribir este documento, un pastor amigo me comunicó que al visitar una de las principales iglesias de la ciudad de New York (donde vivo actualmente), escuchó a un hermano atacar públicamente la doctrina de la Trinidad y acusar a la iglesia de haber apostatado de la verdad al sostener una posición contraria a los pioneros. Luego dirigió su ataque contra el libro La Trinidad que cité en las referencias 1 y 4 de este documento. Incluso, este hermano hizo una crítica sobre la portada del libro por contener un icono tomado supuestamente del paganismo. Este breve incidente revela la profundidad de la problemática antitrinitaria que enfrenta la Iglesia remanente en la actualidad.

Para todo adventista sincero, la posición de los pioneros en asuntos doctrinales debe ser importante, pero debemos tener cuidado de no llevar la confianza en estos “santos hombres de Dios” más allá de donde debemos hacerlo. Los desbalances nunca generan resultados positivos en ninguna disciplina. No podemos atribuirle con nuestras aseveraciones rasgos de infabilidad a los escritos de los pioneros, y mucho menos dejar de reconocer el contexto eclesiástico de donde provinieron al formar parte del Movimiento Adventista. Si bien llegaron a descubrir y establecer los “grandes hitos” o pilares de nuestra fe, sus mentes no percibieron todos y cada uno de los rasgos de la verdad para estos tiempos. Ellos, en una forma admirable llevaron la obra hasta donde sus mentes les permitió comprender la luz que recibieron, pero no podemos sostener (y ser veraces al mismo tiempo) que ellos estuvieron completamente claros en todos los detalles doctrinales que tienen relevancia para estos tiempos. La generación que le siguió, recibiendo la antorcha de la verdad, tendría una obra que hacer: continuar edificando sobre el fundamente ya establecido.

En este contexto entra ahora la persona que creemos fue dirigida por Dios en una forma singular, que trasciende incluso la manera en la que Dios dirigió a nuestros pioneros: Elena de White. Esta humilde mujer recibió, diferente a cualquier otro de los pioneros, el “don de profecía”. Esto significa que sus escritos representan una fuente autorizada y normativa sobre la cual (anteponiendo la primacía de las Escrituras) podemos definir cuál punto de doctrina en particular representa o no una posición correcta de los pioneros sobre asuntos bíblicos. Como co-fundadora del movimiento junto con ellos,  hemos de esperar que exista alguna armonía y al mismo tiempo algún disentimiento sobre algunas ideas doctrinales. Pero naturalmente, debemos entender que la posición de Elena de White sobre asuntos de doctrina está por encima de cualquier pionero de la iglesia. De manera que, la balanza, en caso de desacuerdos teológicos, debe inclinarse hacia la posición del Espíritu de Profecía. Como “luz menor” (pero normativa y autorizada), sus escritos conducen hacia “la luz mayor”. Y los escritos e ideas teológicas de los pioneros no son la excepción a esta regla.

Y así llegamos ahora a un punto importante. Recientemente recibí una revista titulada “¿Qué Creían los Pioneros?”. En ella aparece las fotos de los principales pioneros de la iglesia (incluyendo la de Elena de White), y una voluminosa cantidad de citas antitrinitarias. Reconozco que al ver allí a primera vista tantas citas, incluyendo una de Elena de White, sentí cierta aprensión. ¿Sostuvo Elena de White – me pregunté antes de comenzar a leer – una idea antitrinitaria en algún momento temprano de su ministerio? Y si lo hizo ¿La cambió después? Note que dije “temprano”, porque conocía varias citas de la hermana White que apoya categóricamente la doctrina de la Trinidad. Cuando leí el material, para mi sorpresa, la cita de la Sra. White ni siquiera hacía referencia a la Trinidad. Y, ¿no era de esperarse que el autor de esta recopilación, si existiera alguna, la publicara en esta revista? ¡Claro que sí! Pero sencillamente esa cita no existe. Con todo, esta revista ha causado grandes estragos en la vida de muchas personas maravillosas de la iglesia que carecen de fundamento para manejar estas ideas. Por eso son arrastradas por el error y la confusión.[12] Personalmente conozco algunos ancianos de iglesia a quienes he conocido por años y que desempeñaron un ministerio fructífero durante largo tiempo en sus respectivas iglesias, que hoy están fuera de las filas del Señor por seguir esta idea particular de la Trinidad. A ellos espero llegar de alguna manera por medio de este análisis, y también a otros que tal vez se encuentra en “el valle de la indecisión”.[13]

Lo que sigue pone el “punto final” a este documento. Las siguientes informaciones constituye la comprensión de Elena de White sobre la Deidad, o doctrina de la Trinidad. Para todo buen adventista, este resumen debería zanjar el asunto en cuestión, de manera que si no podemos entender lo que se ha expresado en forma clara, directa y sin ambigüedad, no queda más remedio que aceptar que algunos prefieran el error antes que las evidencias de la verdad.

En 1850 EGW, igual que otros de los pioneros (como vimos mas arriba), sostuvo que el Padre y el Hijo son “seres personales con forma concreta” (Primeros Escritos, pp. 54,55).[14]

En 1869 EGW sostuvo que Cristo y el Padre son iguales (Testimonios, tomo II, p. 200).

En 1872 ella sostuvo que Cristo no es un ser creado (Review & Herald, 17 diciembre, 1872).[15]

En 1878 ella declaró que el “hijo es eterno” (Review & Herald, 8 de Agosto, 1878, Carta 37, 1887, Youth’s Instructor, 31 de agosto, 1887, etc.).[16] Aquí está nuevamente la idea: “Cristo estuvo unido con el Padre desde toda la eternidad” (Signs of the Times, 2 de agosto, 1905).

En 1887 EGW expresó nuevamente que el Padre y Cristo preexistieron desde la eternidad (El Deseado de Todas las Gentes, p. 11, etc.).

En 1888 se hizo claro una verdad fundamental: “Otro error peligroso es el de la doctrina que niega la divinidad de Cristo, y asevera que él no existió antes de su venida a este mundo. Esta teoría encuentra aceptación entre muchos que profesan creer en la Biblia; y sin embargo contradice las declaraciones más positivas de nuestro Salvador respecto a sus relaciones con el Padre, a su divino carácter y a su preexistencia. Esta teoría no puede ser sostenida sino violentando el sentido de las Sagradas Escrituras del modo más incalificable. No sólo rebaja nuestro concepto de la obra de redención, sino que también socava la fe en la Biblia como revelación de Dios. Al par que esto hace tanto más peligrosa dicha teoría la hace también más difícil de combatir. Si los hombres rechazan el testimonio que dan las Escrituras inspiradas acerca de la divinidad de Cristo, inútil es querer argumentar con ellos al respecto, pues ningún argumento, por convincente que fuese, podría hacer mella en ellos, […] Ninguna persona que haya aceptado este error, puede tener justo concepto del carácter o de, la misión de Cristo, ni del gran plan de Dios para la redención del hombre” (El Conflicto de los Siglos, p. 549).[17] Esta cita debería hacer pensar serianamente (y temblar también) a quienes siguen promoviendo la idea antitrinitaria (negando así igualdad a Cristo con el Padre) dentro de la iglesia en la actualidad.

En el mismo año de 1888, EGW volvió a repetir categóricamente que Cristo es “uno con el Padre eterno – uno en naturaleza, carácter y propósito  – […]” (El Conflicto de los Siglos, p. 547), “era uno en autoridad y poder con el Padre” (Ibíd., p. 549). Reafirmó además que Cristo era “una persona distinta” al Padre, pero “una con El” (Review & Herald, 5 de Abril, año 1905).[18]

En 1890 EGW declaró que el Hijo tiene existencia propia, que su deidad no deriva del Padre (Patriarcas y Profetas, p. 15). En El Deseado de Todas las Gentes, ella sigue esta misma línea de pensamiento al decir: “En Cristo hay vida original, no prestada ni derivada de otra” (p. 489).[19]

Y finalmente, en los años 1901-1905, la hermana White hizo tal vez las declaraciones más contundente sobre la naturaleza trina de la Deidad. Sus palabras no se prestan para dudas o ambigüedades. Tres “eternos dignatarios celestiales”, “tres poderes supremos del cielo”, “tres personas vivientes del río celestial”.[20] Luego reafirmó que Ellos tres son uno en propósito, en carácter y en naturaleza, pero no en persona (Manuscrito 145, 1901; Special Testimonies, Serie B, No. 7 [1905], pp. 51, 62, 63; El Ministerio de Curación [1905], p. 329; Todos citas en El Evangelismo, pp. 445-448).

La siguiente cita que recoge parte de estas referencias es bueno que la leamos en forma más completa (las negritas son nuestras). Luego puntualizaremos nuestras palabras finales.

“El Hijo es toda plenitud de la Divinidad manifestada. La Palabra de Dios declara que Él es ‘la imagen misma de su sustancia’ (Heb. 1:3). ‘Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ (Juan 3:16). Aquí se muestra la personalidad del Padre.

“El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad, poniendo de manifiesto el poder de la gracia divina a todos los que reciben a Cristo y creen en él como un Salvador personal. Hay tres Personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes – el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo - son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo (Special Testimonies, Serie B, Nº. 7, pp. 62,63, año 1905).

Después de leer una cita como esta, nos preguntamos, ¿Están sufriendo de ceguera aquellos hermanos que se oponen a la doctrina de la Trinidad? ¿Han perdido su confianza en el Espíritu de Profecía? ¿Qué es lo que realmente esconden detrás de argumentos tan mal formulados y carentes de fundamentos históricos y bíblicos? Y si han perdido su fe en el Espíritu de Profecía, y no se atreven a confesarlo abiertamente, ¿Por qué seguir haciendo uso de los escritos de EGW para dar aparente apoyo a sus ideas? ¿Por qué seguir insistiendo en demostrar lo indemostrable? ¿Qué es lo que pretenden probar con lo improbable?

Semejante forma de abordar los temas refleja una irresponsabilidad desproporcionada, falta de honestidad cristiana y un método retorcido de conducta. Revela además falta de sensibilidad hacia los hermanos que no tienen la capacidad de contrarrestar estas ideas estructuradas bajo una apariencia de verdad porque son débiles en la fe. ¿Dije débiles en la fe? Creo que exageré, porque detrás de estas ideas se presentan títulos de “pastores” “licenciados”, “maestros” y hasta “doctores”. Pero el error doctrinal no conoce límites y se anidará en cualquier mente (por más erudita que sea), si no se rinde (deponiendo su rebelión) ante la voluntad soberana de Dios y la autoridad normativa de los escritos inspirados.

La siguiente cita refleja una realidad que debe hacer pensar a cualquier hombre o mujer que ha decidió transitar el sendero que conduce al reino de los cielos: “Es lamentable, pero cierto, que a lo largo de la historia algunos de los ‘mayores’ eruditos bíblicos no creyeron en las verdades de la Biblia. Pudieron haber sido expertos de renombre mundial en las lenguas originales y, tal vez, aun no hayan sido superados en su conocimiento de la historia bíblica, pero pasaron por alto completamente la sabiduría y el conocimiento acerca de Dios que se encuentra en esos textos. ¡Que desperdicio!” (Arnold V. Wallenkamph, Guía de Estudio de la Escuela Sabática, edición para adultos, abril, mayo, junio, 2006, p. 55).

Al Concluir Nuestra Investigación

Queremos dejar palabras de ánimo a nuestros hermanos mientras se constituyen en foco de tantos errores doctrinales, promovidos por mentes irreverentes e indisciplinados que abordan la Palabra de Dios de forma irresponsable: “La verdad está a punto de triunfar gloriosamente, y todos los que decidan ahora colaborar con Dios triunfarán con ella” (Elena de White, Joyas de los Testimonios, tomo III, p. 353).

Es hora de levantar nuestras cabezas y reafirmar nuestra fe y esperanza en el triunfo final de la verdad, pero es tiempo también de comenzar a estudiar esa verdad en una forma inusual. Es el momento para comenzar a adquirir un carácter maduro, una mente amplia y fuerte e iluminada por el Espíritu de Dios. Esta es la única forma en la que podremos hacer frente a los errores doctrinales de este tiempo peligroso. Antes del cierre de gracia y el regreso de Cristo a esta tierra, la lucha por el control de nuestra mente y lealtad llegará a niveles nunca alcanzado (inimaginable para muchos de nosotros), y solo los que hayan alimentado su mente y corazón con las preciosas verdades de la Palabra de Dios, serán los únicos que sobrepasarán el último gran conflicto.

Que “la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Cor. 13:13, NRV 1990).


Notas Aclaratorias y Referencias

[1] Se sabe que el Movimiento Millerita, de donde surgió la Iglesia Adventista, estaba conformado de la siguiente manera: 43% era Metodista; 27% era Bautista; 9% era Congregacionalista; 8% era Cristiano perteneciente a la Conexión Cristiana; 7% era presbiterianos; 6% era Luterano; 6% era Amigos; 2% era Episcopal, y 1.5% era Reformado Holandés (Véase la obra La Trinidad, [Apia, Gema Editores, 2008], p. 198). De manera que, estos cristianos de diferentes formación teológica trajo consigo su propio arsenal de doctrinas que solo a través del tiempo serían consensuadas y avaluadas por un “así está escrito”.  Un proceso lento y doloroso, pero necesario.

[2] Para quienes sdesean leer un análisis bien detallado de los aspectos negativos y positivos de la “conversión” de Constantino al Cristianismo, pueden consultar a Alvin J. Schmidt, Impacto Demoledor, cómo el cristianismo ha transformado la civilización (Editorial Vida, 2001), pp. 38-41.

[3] Estas citas pueden ser consultadas en: www.carm.org/espanol/doctrina/citas_trinitarias.htm

[4] Términos demasiados complejos para entender de por sí.

[5] Estas declaraciones reflejan una idea correcta, solo que algunos de los escritores tempranos de la iglesia, veían la “divinidad” de Cristo como algo relativo en relación con el Padre.

[6] El mismo Jaime White expresó una idea similar cuando dijo: “El Padre es el mayor, en que es el primero. El Hijo es el próximo en autoridad, pues le ha dado todas las cosas” (Review & Herald, enero 4, año 1881).

[7] Smith se empeña en argumentar que “engendrado” no equivale a “creado”. Sin embargo, no resuelve nada con el argumento.

[8] Después de haber escrito esta idea sobre Waggoner, la reconfirmé al leer la siguiente declaración en una obra de publicación reciente (ya citada en la nota 1): “[Waggoner y otros pioneros] inicialmente no estaban convencidos de que Jesús no había tenido principio, o de que el Espíritu Santo era una persona divina individual y no meramente una expresión del poder o la presencia de Dios” (Ibíd., p. 202).

[9] Para los que desean leer en Internet un artículo donde hago un análisis detallado sobre los términos “alma” y “espíritu” en la concepción bíblica, por favor visiten: www.reflexionesteologicas.wordpress.com Para encontrarlo rápidamente busquen la sección Artículos Teológicos.

[10] La forma en la que este autor expresa la siguiente idea: “¿Quién podría jamás suponer que estos tres son una sola persona sin cuerpo o partes a menos que fuese de precoz entendimiento”, da la impresión de que concevia al Padre, Hijo y Espíritu Santo como tres entidades personales distintas.

[11] Teología, fundamentos de nuestra fe, (APIA, Gema Editores, 2005), tomo II, p. 127.

[12] A esto debo sumar una queja, a manera de reclamo personal hacia los miembros de la iglesia. Me refiero a la actitud latente que he visto repetirse una y otra vez en ellos. Cuando algunos de los hermanos recibe un material que sostiene un punto de doctrina contrario a los sostenidos por la iglesia o que contradicen alguna cita del Espíritu de Profecía en forma directa, ¿Por qué no acudir a materiales de estudio que le ayuden a despejar las dudas? Es probable que el pastor de su iglesia sea indiferente a estos asuntos, pero como dice el dicho, “el conocimiento está en los libros”. Acuda a ellos y estudie, compare, ore, luche y, ¡no se dé por vencido! La iglesia tiene libros con contenido doctrinales sólidos que pueden marear a cualquier estudiante. No se conforme con la “comida chatarra” que están preparando algunos “maestros” irresponsables.

[13] En este contexto debo reconocer que experimento cierto sentimiento de “molestia espiritual” (para darle un nombre a mi sentir) hacia muchos de nuestros líderes y administradores que reflejan poco sentido de compromiso hacia los miembros de las iglesias a quienes deben alimentar con la verdad de la Palabra. Si las cosas siguen el curso que llevan, perderemos una cantidad de buenos hombres y mujeres que pudieron estar de pie ante el trono de Dios y del Cordero.

[14] Las ideas expuestas aquí son tomadas del libro La Trinidad, pp. 220-222. Las comillas en esta línea no corresponden a EGW, sino que hacen referencia a las palabras del autor de esta sección del libro.

[15] Cuando EGW expresa esta idea no está siguiendo la extraña idea propuesta por Smith y Waggoner quienes dijeron que el Hijo de Dios, aunque no era creado, sí fue “engendrado”, en el sentido de que (diferente al Padre) tuvo un comienzo en un tiempo remoto de la eternidad, imposible de entender por la mente finita del hombre.

[16] Esta idea de EGW tampoco secunda la de un autor temprano de la iglesia que ya citamos en este documento, de que el término “eterno” aplicado al Hijo en Isaías 9:6, no hace referencia a su existencia eterna junto al Padre, sino sólo a que “permanece para siempre”. EGW expresó la idea de que si el Hijo era “igual” que el padre, entonces es “eterno” como el Padre. El Padre y el Hijo poseen filiación eterna.

[17] Nuevamente aquí debe quedar claro que cuando EGW habla de la divinidad del Hijo de Dios, no lo hace en el contexto que lo entendían algunos de los pioneros, de que como Él fue “engendrado” por el Padre, le pertenecía la naturaleza divina por “derecho de herencia”. Ella es clara, Cristo es “igual” al Padre y “eterno” como el Padre; por lo tanto, “divino” esencialmente como el Padre.

[18] Al expresar esta idea EGW reafirmó y contradijo algunas de las ideas de los pioneros. Reafirmó el concepto de la distinción personal del Padre y el Hijo. Son dos personas, no dos manifestaciones de una sola. El Padre y el Hijo son uno en “carácter y propósito”. Pero contradijo la posición de ellos al decir que también constituyen uno en “naturaleza”, en “autoridad y poder”. Ambos son iguales.

[19] Ya E.J. Waggoner había enunciado algo muy parecido, al decir que Cristo, “Como Hijo de Dios […] tiene existencia propia, tiene por naturaleza todos los atributos de la Deidad” (Cristo y su Justicia, p. 13).

[20] Se ha reconocido acertadamente que “esta secuencia de conceptos muestra una clara progresión de lo simple a lo complejo, revelando que el entendimiento de Elena de White creció y cambió a medida que recibía luz adicional” (La Trinidad, p. 222). Es bueno aclarar que cuando se dice que el entendimiento de EGW  sobre la naturaleza de Dios “creció y cambió a medida que recibía luz adicional” no se está insinuando con eso que en algún momento anterior a este período (1901-1905) ella sostuviera algo contrario. Esto debe entenderse en el sentido de que antes de este lapso temporal no aparecen en sus escritos ideas tan complejas y acabadas sobre la naturaleza trina de Dios.

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13 comentarios en “La Doctrina de la Trinidad y los Pioneros Adventistas”

  1. cynthia dunker Says:

    Los que me enseñaron las doctrinas bíblicas estaban de acuerdo con las ideas de Elena G. de White. Pero es bueno saber lo que creen otros y tener las citas actualizadas como usted las presenta. Maranatha!


    • La razón de este documento es precisamente aportar las citas en su contexto para que podamos leer de primera mano lo que realmente expresaron los pioneros, y cuáles eran los puntos que ellos objetaban de los credos trinitarios de sus días. No todo lo que se denomina “trinidad” dentro de las iglesias cristianas constituye una verdadera doctrina de la Trinidad.
      Por otro lado, en un próximo artículo abordaremos la doctrina de la Trinidad desde el punto de vista bíblico.

      Héctor A. Delgado
      reflexionesteologicas@gmail.com

  2. Jesus Diaz Says:

    Muy Interesante! Si mal no recuerdo muchas de las posiciones de los pioneros fueron antes de organizar la iglesia. Como expresaste, muchos de ellos no tenían el “Espiritu de Profecía”, pero lo que más me apena aun es, que hoy día hayan hermanos que estén confundidos con el tema de la Trinidad, desechando “la luz menor”, y peor aun, las evidencias Bíblicas [...]
    Un grupo disidente y que se ha apartado de nuestra iglesia hace circular un periódico “La verdad eterna” y ataca ferozmente la Trinidad, de una manera que crea duda en aquellos que no estudian con la ayuda del Espíritu Santo. Creo que es bueno de tu parte enviar estas notas para refrescar este tema así como otros. Es bajo el sometimiento de nuestra mente al Espíritu Santo como aprendemos y bajo la constante repetición como queda grabada la verdad. La hermana White dijo que el sellamiento, entre otras cosas, también es un asentamiento diario en la verdad.

  3. Baruch A. Suarez Says:

    Es asombroso ver como Dios ha guiado nuestra iglesia a pesar de algunos errores teológicos del pasado. Sin embargo, las ideas teológicas verdaderas han sido confirmadas por el Espíritu Santo a través del don profético y la luz que también ha dada Dios a otros cuyos corazones han sido susceptibles a la influencia del Espíritu divino.

    Muy buen articulo
    BENDICIONES.

  4. Gil Piña Says:

    Hola!
    Favor de seguir compartiendo estas inspiraciones conmigo, y el mundo!
    Dios te siga bendiciendo!

    Gil Piña
    Hermano en Cristo

  5. Omar Santana Says:

    Este artículo refleja muy claramente, en un mismo lugar, la posición de nuestros pioneros. Aunque no se expresaron tan abiertamente por la idea de Trinidad tal cual la definieron. Los estudiosos de la época, concuerdo contigo Héctor en el hecho de que hay una tendencia muy marcada hacia una definición clara e indiscutible sobre esta posición. Pero el problema grave donde radica el ataque a esta doctrina, deriva de otro mucho mayor: el ataque a la personalidad de Dios el Hijo como separado del Padre y también sobre el Espiritu Santo. Ataques nada novedosos para los sinceros estudiantes de la verdad.


    • Gracias por tus palabras Omar. Actualmente estoy preparando dos investigaciones relacionadas a este artículo. La 1era. que ya lo anuncié en este estudio, será La Doctrina de la Trinidad y la Posición Bíblica. La 2da., será: El Hijo de Dios y el Espíritu Santo, ¿Constituyen una misma Persona?

      Oremos para que Dios nos de discernimiento y sabiduría de lo alto. Y que el tiempo también nos sea propicio.

      Héctor A. Delgado

  6. José Says:

    Buenas tardes. Yo quiero saber quién es el Espíritu Santo porque hay quienes dicen es una persona, y que esa persona para mi es Jesús porque así es que se peude entender.

    Gracias, espero su respuesta.

  7. jose Says:

    Buenas noches, mi opinión es por qué no dicen y hablan de la Deeeeeiiiiidad, Deidad deidad como dice la biblia y no los inventos de los pastores porque asi sean tres que significa la Deidad para ustedes.

    Explique ese asunto biblico porque la trinidad lo nombra mas que lo que dice la biblia que es Deidad.


    • Hola José. Gracias por enviarnos tu comentario.

      En el siguiente artículo se hace una exposición detallada de la doctrina de la Deidad y se explica el significa de la palabra “Trinidad”: Un Ataque a la Doctrina Adventista de la Trinidad

      Aquí te diré sólo algunas cosas:
      1) La palabra “Trinidad” es apropiada porque permite articular la enseñanza bíblica sobre la Deidad. Según la Biblia, Dios se ha revelado al ser humano como Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo (Estoy cosciente que muchas personas no ven esto así, pero es lo encuentro en la Palabra de Dios).

      2) El término “Trinidad” es una designación teológica, como muchas otras. Aquí van algunos ejemplos: Teocracia, milenio, encarnación, etc. Cada una de estas palabras sirve de vehículo para comunicar verdades bíblicas de profundo significado.

      3) Es cierto que algunos exponer en forma errada la doctrina de la Trinidad (como revela el present artículo, ideas erróneas que los pioneros adventistas rechazaron abiertamente), pero eso no nos debe desanimar en creerla. Lo mismo ha ocurrido con otras tantas doctrinas.

      4) Si debemos rechazar la palabra “Trinidad” porque no está en la Biblia, creo francamente que hasta usted mi hermano José tendrá que comenzar a revisar el uso de los términos que usas para comunicar verdades doctrinales. A veces solo nos concentramos en algunas cosas, pero dejamos de lado otras que también son importantes. La verdadera vida cristiana es una vida de equilibrio y sabio balance.

      5) Si hay cosas de las que debemos cuidarnos, porque existen palabras que sí se prestan a confusión, por ejemplo, el término “triuno” ya que procura definir numéricamente tres en uno, y uno en tres. Es un error ir más allá de lo que la Biblia dice y revela.

      6) Más allá de los términos que usamos, debemos ver la verdad que queremos proyectar y la mejor forma posible de hacerlo.

      Espero haber ayudado en su inquietud. Una vez más, gracias por escribir a nuestro blog y por ser uno de nuestros lectores.

      Sinceramente, su hermano…

      Héctor A. Delgado

  8. Carlos Alberto Says:

    Porque tanto error porque tanta opinión humana porque no decir como dijo Jesús toda la verdad y tener un escrito esta como prueba a lo que creemos. por mas de 400 Años el pueblo de Israel fue esclavo en Egipto y muchos de ellos tomaron la cultura babilónica de adorar a mas de un dios en otras palabras a tres dioses. por esta razón cuando Dios saca al pueblo de Israel de Egipto para alejar de ellos todo error doctrinal adquirido durante su esclavitud les dice “oye Israel Jehová tu Dios Jehová uno es. este principio es la demostración clara de que Dios era uno no dos ni tres solo uno es Dios. Jesús entendía esto claramente y este fue el principio de todo su ministerio ensenar que Dios es uno por esta razón dijo esta es la vida eterna que te conozcan a ti el único Dios verdadero. la vida eterna es saber quien es Dios. Jesús nos salvo para ser herederos de Dios y coherederos con el. si Jesús fuera el único Dios verdadero seriamos herederos de el y no coherederos con el. el como hijo recibe todo del padre por esta razón declaro toda potestad me es dada esta es una prueba mas que esa potestad no era de el pero como hijo hereda de su padre todos sus atributos. Jesús jamas dijo ser el único Dios verdadero a pesar que el era Dios siempre reconoció a alguien mayor que el y ese alguien es el padre del cual el es la imagen misma de su sustancia. si Jesús no fuera hijo entonces Dios es mentiroso y no le costo nada entregar a alguien que no es su hijo. la Trinidad destruye el sacrificio de la redención del hombre porque ni el hijo en realidad es hijo ni el padre en realidad es padre.da tristeza ver como niegan al Único Soberano del Universo que es el padre como echan por tierra al Dios del universo y a su amado Hijo Jesús creyendo en doctrinas salidas de Egipto , de Babilonia de Roma. de gradar a Dios al padre de luz es lo que hacen los que creen en la falsa doctrina de la trinidad. La Biblia solo la Biblia es la palabra de Dios y el buscador sincero que quiera hacer la voluntad de Dios podrá encontrar a Un Dios y solo Soberano que entrego Por Amor Al único ser en todo el universo que era igual a el. solo Jesús era igual al padre nadie mas. la Biblia es un manantial donde el buscador sincero podrá calmar su sed de investigación. Dios no es ningún misterio inexplicable como ensenan los trinitarios Jesús no es mentiroso y el dijo que la vida eterna es conocer a su padre ESE DIOS DE AMOR. que de tal manera nos amo que dio a Jesús SU AMADO HIJO como salvador del hombre. ese es el misterio el verdadero misterio inexplicable incomprensible es este su amor expliquenme como pudo Dios dar a su hijo para que muriera por ti y por mi porque ni tu ni yo merecemos ni tan siquiera mencionar su nombre. ese es el misterio su amor. la trinidad es lo que es una doctrina pagana y los que creen en ella a dioses paganos adoran. no dejo citas ni textos ni de la Biblia ni del espíritu de profecía. por una sola razón aun sigue en pie la orden dada por Jesus escudriñad las escrituras. no crean en pastores en ministros en nadie incluyendome a mi crean le A Dios solo a el no sean cristianos a medias sean completos en Cristo Y acudan a la fuente no a cisternas rotas llenas de aguas contamina das por el error

    • Dario Says:

      Por un momemo creí qué era el único que se daba vuenta del error, y la mentirá en que muchas persronas han muerto, porque cabe mencionar que esa mentira no fue inventada e introdicida en la iglesia ayer, no, lleva años y muchos más la siguen aceptando, pero si Dios nos a dado la facultad de discernir entonces debemos hablar y no quedarmos callados no importa a dónde nos lleve, debemos luchar y digo debemos porqué yo tambien me apuntó, gracias a dios mi padre y yo hemos encontrado evidencia tangible repecto a la naturaleza del Espíritu y me alegra decir que la biblia declara tácitamente quien es el Espíritu.
      Pero gracias a Dios que nos a hecho entender esta verdad porque nadie puede ser salvo si cree en un error ¿que nos quiere decir esto? Qué Dios nos ama y no quiere que nos perdamos, por eso nos reveló esa gran verdad, oremos porqué nuestra mente no sea la que discerna sino el Espíritu Santo del Senor Jesucristo. Y si alguien se atreve a querernos hacer cambiar de opinión “probadnoslo con las Escrituras y entonces nos retractaremos”.


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