La Heredad de Daniel

Consideraciones Sobre Dan. 12:13

Por: Héctor A. Delgado

Dan. 12:13 dice textualmente: “Y tu irás hasta el fin, y descansarás. Y en los últimos días te levantarás para recibir tu herencia” (NRV 1990).

Este versículo ha sido interpretado como una declaración de parte de Dios al profeta Daniel de que aunque descansará el sueño de la muerte, al fin de los días, en la resurrección de los justos (1 Tes. 4:16; cf. Heb. 11:39-40), él recibirá la “herencia” de la vida eterna. Hay quienes han llegado a creer que el profeta Daniel tendrá parte en la resurrección especial mencionada en el cap. 12:2, para consolar y animar al pueblo de Dios en el gran tiempo de angustia que sobrevendrá a la redondez de la tierra, previo a su gran liberación. Pero ésta última propuesta no puede verificarse con la Biblia, ni con el Espíritu de Profecía.

El texto en cuestión merece una consideración mucho más cuidadosa. Su estudio revelará que lo que la Escritura nos dice aquí abarca mucho más que la certeza de la resurrección cuando Jesucristo haga su gloriosa aparición (1 Cor. 15:51-55). No hay duda que la dicha de la resurrección alcanzará al profeta Daniel, pero también es importante notar que la expresión “en los últimos días te levantarás para recibir tu herencia” denota algo que sucederá antes de “el fin” mismo de todas la cosas. Esto contiene en sí un significado mucho más profundo y abarcante. Debe notarse que el contexto de Dan. 12:13 está precedido de la orden de “guardar en secreto las palabras y sellar el libro hasta el tiempo del fin” (v. 4, VRV 1977). Otra vez en el verso 9 leemos: “Estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin”. Lo mismo leemos en el cap. 8:26: “La visión de las tardes y las mañanas (del v. 14) que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque es para días lejanos” (VRV 1977). El “tiempo del fin” es la época que serviría de testigo para el cumplimiento del período de tiempo profético más largo, las 2,300 tardes y mañanas y al mismo tiempo, para el esclarecimiento y mayor comprensión de las profecías del libro de Daniel que fueron selladas. Aunque la orden de “sellar el libro” parece incluir todo su contenido, no es así. Esta orden abarca solamente “aquella porción de la profecía de Daniel que se refiere a los últimos días”. Desde entonces, se podría proclamar “un mensaje basado en el cumplimiento de estas profecías”.

Es bueno saber que el “el tiempo del fin” según los estudiosos de las profecías puede ser trazado históricamente hasta “comienzos del siglo XIX cuando surgieron simultáneamente numerosas exposiciones del más largo de los períodos proféticos: el de los 2.300 días”. Esta época coincide con una amplia distribución de la Biblia, pero desafortunadamente no se experimentó un adelanto “en el conocimiento de la verdad revelada, ni en la religión experimental”.

“El tiempo del fin” es pues el momento señalado por la profecía para que Daniel reciba su “heredad” (Dan. 12:13). Por consiguiente, la expresión “te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días” parece correr en forma paralela con el entendimiento que se tiene de las profecías del libro de Daniel en “tiempo del fin”. El versículo que nos ocupa señala un tiempo en que los acontecimientos predicho por el profeta durante su ministerio estarían cumpliéndose con asombrosa exactitud. Esta es la explicación de la declaración: “Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad… Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará” (Dan. 12:3-4). Así, el hecho de que Daniel reciba su “heredad” tiene que ver con la comprensión de sus predicciones.

Es importante considerar ahora algunos párrafos del Espíritu de Profecía que parecen entender esto así.

“Ha llegado el tiempo para que Daniel reciba su heredad. Ha llegado el tiempo para que, como nunca antes, se propague por el mundo la luz que le fue dada. Si aquellos por quienes el Señor ha hecho tanto caminan en la luz, su conocimiento de Cristo y de las profecías concernientes a Él, aumentaría grandemente a medida que se acercan a la terminación de la historia de esta tierra” (4 CBA: 1195).

Esto fue escrito por E. G. White en 1899 y usted notará que ella dijo dos veces en tiempo presente “ha llegado el tiempo para que Daniel reciba su heredad”, y “Ha llegado el tiempo para que, como nunca antes, se propague por el mundo la luz que le fue dada”. Más adelante dice que esto puede ser una realidad en el “conocimiento de Cristo y de las profecías concernientes a Él”. Pero, esto sería posible para los hijos de Dios en la medida en que “caminan en la luz” que han recibido.

Un año más tarde, en el 1900, comentando acerca del significado del anticristo dijo:

“Los que se confunden en su comprensión de la Palabra, que no logran ver el significado del anticristo, con seguridad se pondrán del lado del anticristo. No hay tiempo ahora para que nos asemejemos al mundo. Daniel está en su ‘heredad’ y en su lugar. Las profecías de Daniel y Juan deben ser entendidas. Se interpretan mutuamente. Dan al mundo verdades que cada uno debe entender… Mediante su cumplimiento se explicarán así mismas en estos últimos días” (7 CBA: 960, 961).

Nuevamente aparece la expresión “Daniel está en su heredad” en tiempo presente, y se añade “y en su lugar”. Nótese también que ella dice que estas profecías “deben ser atendidas”, y de manera particular, son cosas “que cada uno debe entender”. Esto deja entrever claramente que le libro de Daniel ha sido desellado. Así, la comprensión y el conocimiento de las profecías del libro de Daniel constituyen la “heredad” o “herencia” del profeta de Dios.

“El tiempo del fin” que se menciona dos veces en Dan. 12:4 y 9 constituye la época en que “la ciencia se aumentará”, es decir, “el conocimiento de las verdades contenidas en estas profecías”. Todo esto lo entenderán “los sabios… que enseñan la Justicia a la multitud” (Dan. 12:3). El entendimiento obtenido de las profecías haría que “muchos” fueron “limpiados, emblanquecidos y purificados” (Dan. 12:10).

Es el propósito de Dios que el conocimiento de su santa Palabra obre un cambio radical en la vida de todos sus seguidores (1 Ped. 1:23), y los prepara para el día final.

Hay otro párrafo del Espíritu de Profecía que merece nuestra atención ahora. Es el que comenta “las cosas” que fueron dichas por los 7 truenos.

“‘Sella las cosas que los siete truenos han dicho’. Estas cosas se refieren a sucesos que serán revelados a su debido tiempo. Daniel recibirá su heredad al fin de los días. Juan ve el librito al cual le ha quitado los sellos. De esto se deduce que las profecías de Daniel tienen su aplicación en la proclamación al mundo de los mensajes del primero, del segundo y tercer Ángel” (7 CBA: 982).

Se observará aquí que la expresión “la heredad” de Daniel no aparece en tiempo presente sino que se enfoca en un tiempo futuro: “Daniel recibirá su herencia al fin de los días”. Pero se notará también que en ningún momento se hace alusión a su resurrección, sino, más bien, a “la proclamación al mundo de los mensajes del primero, del segundo y del tercer ángel”. Así, la luz que resplandece por la proclamación de los mensajes de los tres ángeles y la comprensión cada vez mayor que se tiene de los mismos constituye también la “herencia” de Daniel.

La “herencia” que el profeta Daniel recibirá “en los últimos días”, lo constituyen aquellas partes de su libro que aun no se habían cumplido y que fueron selladas “hasta el tiempo del fin” al ser estudiadas, comprendidas y proclamadas. Una vez fueron deselladas, fueron abiertas al entendimiento de los “entendidos” que enseñan “la justicia a muchos”. ¡Esa era tu “heredad” bendito Daniel! El Eterno lo cumplió. Pero también, ¡te recibirá en gloria en su segunda venida! A estas alturas es bueno observar el contenido del siguiente párrafo.

“Los libros de Daniel y el Apocalipsis son uno. El primero es una profecía; el otro una revelación; uno es un libro sellado; y el otro, un libro abierto” (7 CBA:982).

Estudiar las profecías contenidas en el Apocalipsis, es estudiar y comprender en páginas abiertas lo que al profeta Daniel se le dijo que sellara. Al mismo tiempo significa compartir con él su “herencia”, ¡Maravilloso privilegio! ¡Solemne responsabilidad! En este contexto se nos ha dicho:

“Mi alma se conmueve profundamente cuando considero cuánto tenemos que hacer por las almas que perecen. La predicción de Daniel, ‘muchos correrán de aquí para allá y la ciencia se aumentará’ (Dan. 12:4), se cumplirá cuando demos el mensaje de amonestación; muchos serán iluminados al considerar la segura palabra profética…” (Carta 12, 23-1-1897).

Es bueno aclarar algo, y es que aunque se ha hecho énfasis en que la “heredad” de Daniel lo constituye la comprensión de sus predicciones “en los últimos días” – los días que vivimos actualmente –, esto no quiere decir que todos los acontecimientos predicho por él se aplican exclusivamente a los tiempos en que vivimos o al futuro. Concebir esto así, nos harían caer en el controvertido sistema de interpretación conocido como futurismo, el cual no tiene ningún asidero en las Escrituras.

De paso, vale la pena recordar que lo que fue sellado en Daniel fue revelado bajo el nombre de Apocalipsis (revelación), es decir, el libro de Apocalipsis constituye la revelación o el desarrollo de los acontecimientos que Daniel recibió la orden de sellar. Es bueno considerar lo que dice la siguiente cita:

“En este libro – el  de Apocalipsis –, se describen escenas que ahora están en el pasado, y algunas de interés eterno se están sucediendo alrededor de nosotros; otras de sus profecías no se cumplirán plenamente sino en el fin del tiempo, cuando tenga lugar el último gran conflicto entre los poderes de las tinieblas y el príncipe del cielo” (RH, 31-8-1897).

Esto es historicismo en su máxima expresión, y como se sabe, éste es el único método de interpretación que la Biblia, como Palabra de Dios, le pone en sello de aprobación (Léase por ejemplo Apoc. 1:19).

Ojalá el Dios Altísimo nos guíe siempre al investigar su Palabra, y que la luz que nos de, ilumine nuestra senda hasta el establecimiento de su reino eterno.

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