¿Lugar Santísimo?

Por: Héctor A. Delgado

Clasifíquese: Apologética, Santuario

Pregunta: Durante años he creído que en 1844 Jesús pasó del Lugar Santo del Santuario celestial al Lugar Santísimo, pero leyendo mi Biblia en la carta a los Hebreos (cap. 9:12) encontré que esto sucedió en ocasión de su ascensión. ¿Podría explicarme cómo entender esto?

Respuesta: Su pregunta es importante y muy perspicaz. Y sí, podemos ayudarle en su inquietud. Lo primero que debemos reconocer es que la noción de que Cristo pasó del Lugar Santo al Lugar Santísimo del Santuario celestial es una enseñanza Adventista. Y a pesar de las acervas críticas que se ha levantado contra ella, puede probarse con la Escritura fácilmente. Esta idea ha sido resistida muchas veces sin razones válidas; otras veces, sin previo análisis; otras veces, ignorantemente; otras, por una mente prejuiciada y hasta por rebelión. Pero estas no son formas adecuadas de luchar con las ideas que no comprendemos, que no compartimos con otros, o que nos parecen erróneas.

Lo segundo que debemos establecer es que en el cielo sí existe un Santuario, un Templo donde Dios mora: “Tenemos un Sumo Sacerdote que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en el cielo; y es ministro del Santuario, de aquel verdadero Santuario que el Señor levantó, y no el hombre” (Heb. 8:2, las cursivas son nuestras). “El Santuario donde él ministra es más grande y más perfecto; y no es hecho por mano de hombre, es decir, no es de este mundo” (Heb. 9:11, las cursivas son nuestras). “Entonces fue abierto el Santuario de Dios que está en el cielo, y quedó a la vista el Arca de su Pacto en su Santuario” (Apoc. 11:18, las cursivas son nuestras). “Después miré, y vi que se abrió el Santuario en el cielo, la Tienda del Pacto” (Apoc. 15:5, las cursivas son nuestras. Vea además Heb. 9:8,24; Apoc. 15:8). Este Santuario o Templo celestial, según el testimonio de los mismos escritores inspirados, es el gran original del cual, el Santuario terrenal (con sus dos compartimientos) era una copia, figura o sombra: “Estos sacerdotes sirven en un Santuario que es copia y sombra de lo que hay en el cielo. Por eso Dios dijo a Moisés cuando iba a levantar el Santuario: Haz todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el monte” (Heb.  8:5; 9:23).

Lo tercero que debemos tomar en cuenta es que en el Santuario terrenal, el ministerio diario y el ministerio anual si bien tenían similitudes, también tenían marcadas diferencias. Durante el año las personas que no ofrecían los sacrificios de expiación por sus pecados tenían una nueva oportunidad al día siguiente, y así hasta el final del año. Pero el Día de Expiación, era diferente, porque los pecados transferidos simbólicamente al Santuario durantes las actividades diarias eran colocados sobre un “macho cabrío” y retirados del campamento (Lev. 16:20-22). Si en ese mismo día alguno no quedaba limpio de todos sus pecados, era “cortado” del pueblo (Lev. 23:29-30). El Día de Expiación, era entonces, un día especial donde aparecía la verdad del Evangelio (expiación, purificación, limpieza, reconciliación) tanto como la verdad del juicio (advertencia, separación del pueblo) conjuntamente. Sólo en el mensaje de los tres ángeles aparece dicha combinación (Apoc. 14:6-12).

El servicio del Santuario con todos sus ritos y “lugares santos” era un símbolo de las cosas celestiales (Heb. 8:5; 9:9,23). Si bien es cierto que en la cruz encontró cumplimiento el sistema de sacrificio de la antigua dispensación (Mat. 27:51; Col. 2:14-17), que se realizó una completa expiación (Juan 19:30), y que el mundo fue juzgado y Satanás fue despojado de sus presuntuosas pretensiones (Juan 12:30), no se puede decir que todas las verdades implicadas y tipificadas en el Día de Expiación del antiguo culto encontraron cumplimiento en la cruz. Note que el apóstol Pablo reconoce que aunque la muerte de Cristo desenmascara al Diablo y su siniestro carácter (Apoc. 12:10; Heb. 2:14), aún queda algo por realizarse más plenamente (léase Efe. 3:8-10; 1:11-12 y 1 Cor. 4:9). Aunque en la cruz hubo una manifestación plena del amor de Dios, de alguna manera trascendente el amor de Dios debe ser “perfeccionado en nosotros” (1 Juan 4:12). Aquí entra en acción la comunidad de creyentes, la iglesia. Pero claro, sobre la base de la cruz de Cristo (Efe. 3:11).  Así podemos afirmar que la muerte de Cristo dio comienzo aquella obra para cuyo fin ascendió a los cielos (Heb. 8:1-2; 1Cor. 15:24-28; Heb. 2:8). Por consiguiente, en armonía con lo aquí expuesto, el ministerio de Cristo (como el que realizaba el sumo sacerdote en el antiguo santuario) consiste en dos fases: La primera en el Lugar Santo durante cierto tiempo, y la segunda en el Lugar Santísimo, por un tiempo más breve. La Inspiración demanda alguna correspondencia entre ambos Santuarios. Es cierto que las restricciones del antiguo sistema de sacrifico puede ser exagerado y mal entendido, pero es el medio que utilizó el autor de la carta a los Hebreos para describirle la obra de Cristo tanto en la tierra como en el cielo. Y es precisamente ateniendo a este contexto escritural que proponemos nuestras peculiares creencias.

En cuarto lugar, debemos considerar (o saber si lo desconocíamos) que la declaración de Heb. 9:12 donde se dice que Cristo entró “una vez por siempre al Lugar Santísimo” (según la Reina-Valera 1960,1995, Reina-Valera Actualizada y la Nueva Versión Internacional) no es una traducción adecuada del texto original. Esto es sabido por los eruditos y evidenciado por la forma en que otras versiones la traducen (ver la Biblia de Jerusalén, Dios Habla Hoy, Nueva Reina-Valera, 2000, Bover-Cantera, Nacar-Colunga). ¿Cómo saber cual es la traducción correcta? Naturalmente no puede ser la de nuestra preferencia. Pero sí la que mejor se ajusta al texto Bíblico. Veamos.

En la carta a los Hebreos la palabra “Santuario” nos viene de dos términos griegos: “Skené” (tienda, tabernáculo) y “hágion/hágia” (Santuario, lo santo, lugares santos). El primero aparece en los caps. 8:2,5; 9:2,3,6,8,11,21; 11:19; 13:20. Debe notarse que aparte de Heb. 11:9, en todos los otros textos “skené” se refiere al Santuario. El segundo término se emplea en los siguientes textos: Heb. 8:2; 9:1,2,8,12,24,25; 10:19; 13;11. Se reconoce que “ta hágia” (expresión plural) ha sido traducida frecuentemente en forma inconsistente. Esto es lo que ha generado tanta confusión y controversia.

En Heb. 9:12 se lee “ta hágia”, que significa “los lugares santos”, o “las cosas santas” por consiguiente constituye una referencia a todo el Santuario celestial y no sólo a uno de sus departamentos (en este caso el Lugar Santísimo). Vemos por ejemplo que en Heb. 9:3 encontramos la duplicación de palabras “hágia hágion” que significa “el santo de los santos” para referirse al Lugar Santísimo. Pero sólo aquí. Para ser consistentes y poder traducir Lugar Santísimo en Heb. 9:12 también deberíamos encontrar la duplicación “hágia hágion”, pero no la encontramos. En su lugar tenemos “ta hágia” = “los lugares santos”, o “las cosas santas”, es decir, Santuario.

En quinto lugar, debemos tomar en cuenta algo muy importante que generalmente se pasa por alto en esta discusión y que posiblemente nos permite esclarecer todo el asunto, es que según el Antiguo Testamente había más de una ocasión en la que se podía acceder al Lugar Santísimo. 1) En ocasión de la inauguración del Santuario, y 2), en ocasión del Día de Expiación. Esta parte también la cumplió Cristo. Cuando el Santuario terrenal fue erigido no empezó a funcionar con su sistema de sacrificios sino hasta que fue ungido por Moisés, incluyendo a los sacerdotes (Éxo. 30:25-30; 40:1-15; Lev. 8:10-13). Según la profecía de las 70 semanas, el “santo de los santos” (hebreos “qódesh qodashim”) debía ser ungido en algún momento específico de la historia (Dan. 9:24). La expresión “santo de los santos” nunca se aplica a personas, sino siempre a objetos o lugares. En Éxo. 26:33-34 se aplica al Lugar Santísimo. En Éxo. 29:37, al altar del holocausto. En Éxo. 30:10, al altar de oro. En Lev. 7:6, a las ofrendas por el pecado, y en Éxo. 30:36, al incienso aromático.

La conclusión obvia es que en su profecía, Daniel revela que el Santuario celestial fue ungido en su totalidad en ocasión de la ascensión de Cristo, y antes de que diera comienzo a su obra sumosacerdotal. Para esto, obviamente debía entrar al Lugar Santísimo, pero luego dio comienzo a su obra en el Lugar Santo la cual duró unos 1, 800 años según la profecía. Luego la segunda vez en la que debía entrar a la parte más íntima del Santuario celestial era en ocasión del comienzo de la última fase de su ministerio de intercesión celestial, lo cual involucra una obra de purificación y de juicio (Dan. 8:14; Heb. 9:23-24; Apoc. 14:6-7).

En los escritos de los profetas se percibe un movimiento dinámico del ministerio de Cristo: “Mientras yo miraba fueron puestos tronos, y un Anciano de muchos días se sentó. Su vestido era blanco como la nieve, y el cabello de su cabeza como lana pura. Su trono llama de fuego, y sus ruedas fuego ardiente… y vi que con las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Llegó hasta el Anciano de días y fue llevado ante él” (Dan. 7:9,13, las cursivas son nuestras). “Vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehovah de los ejércitos ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿O quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadoras. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata” (Mal. 3:1-3, las cursivas son nuestras). La profecía de Malaquías tiene un cumplimiento parcial en la primera venida de Cristo, pero su segundo cumplimiento está actualmente ocurriendo ahora en la obra de “limpieza y refinamiento” que Cristo realiza por los justos desde su Templo (v. 3). Entonces, ambas profecías hacen referencia al mismo evento: El Día antitípico de Expiación. La dinámica o movimiento que ser percibe en ambos pasajes (el Hijo de Hombre traído ante el Padre y la llegada del Ángel del pacto a su templo) es una evidencia de la transferencia del ministerio de Cristo del Lugar Santo al Lugar santísimo del Santuario del cielo. El Santuario terrenal era una maravillosa ilustración del Plan de la Salvación. Cada una de sus actividades nos enseñaba una interesante lección. Note que es precisamente el Santuario del desierto y no otro el que escoge el autor de la carta a los Hebreos para ilustrar la doble obra de Cristo, como sacrificio por el pecado y sumo sacerdote que ministra por su pueblo (cf. caps. 8-9). Por consiguiente, no es sabio desmeritar lo que tan claramente enseñan las Escrituras.

Al leer la carta a los Hebreos no deberíamos perder de vista su mensaje principal: I) Tenemos un mejor guía que Moisés hacia la Patria celestial: Cristo (cf. Heb. 3:2, 1:1-2). II) Tenemos un mejor pacto que el antiguo: el nuevo pacto (cap. 8:7-13). III) Tenemos un mejor Santuario que el terrenal: el Templo celestial (cf. cap. 9:1-2, 8:2). Tenemos un mejor sacerdote que los del antiguo sistema, por lo tanto un mejor ministerio: a Jesús y su ministerio sacerdotal (cf. cap. 7:28, 6:20; 12:24). Tenemos un mejor mediador que los mortales sacerdotes terrenales: a Jesucristo, quien vive para siempre (cf. cap. 7:23, 9:24). Y finalmente podemos decir, que tenemos mayores privilegios y responsabilidades que los antiguos (caps. 12:18-25; 10:28-29). Por consiguiente, leer la epístola a los hebreos para probar a cuál departamento fue que entró Cristo cuando ascendió a los cielos, no nos beneficiará en nada.

Nuestra “Verdad Presente” involucra ciertos énfasis que no estaban presentes en la predicación apostólica, aunque sí resguardados en la palabra profética para ser manifestados en este tiempo (léase Apoc 14:6-12; 18:1-3).

En conclusión, al leer Hebreos 9:12 deberíamos circunscribirnos a lo que su escritor quiso que entendiéramos y no otra cosa, pues esto desnaturalizaría el mensaje central (o “punto principal” – Heb. 8:1) de toda la carta. Además debemos cuidarnos de la tan común práctica de pretender derribar grandes verdades disparándoles textos aislados.

Lee también: A la Diestra de Dios

About these ads
Explore posts in the same categories: Apologética, Santuario

One Comment en “¿Lugar Santísimo?”

  1. José rocha Says:

    Esto es la doctrina más hermosa porque aquí esta el Plan de Salvación.


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 77 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: